Entrevista a Miguel Aldana Mijares, constructor de la cultura

Alfredo Sánchez Gutiérrez
Músico y conductor del programa radiofónico“señales de humo”, de radio Universidad de Guadalajara.
Miguel Aldana Mijares nació en Pátzcuaro, Michoacán, en 1920, pero se considera a sí mismo tapatío pues afirma, citando a García Márquez: uno es del lugar donde estudió la secundaria… y fue en Guadalajara donde estudió la primaria, la secundaria, la preparatoria y la carrera de ingeniería y donde ha vivido y desarrollado sus actividades en tres frentes distintos: la construcción, la pintura y la promoción artística.
Ingeniero de profesión, labor en la cual alcanzó notoriedad gracias a la extensa obra civil que diseñó y construyó en Jalisco y otros estados del país, Miguel Aldana decidió en 1968 cambiar radicalmente y dedicarse al arte. Poco después fundó el Centro de Arte Moderno (CAM), haciendo suya la sugerencia del pintor Brian Nissen de que propusiera el aprovechamiento del edificio que ocupara el Mercado de las Flores del Ayuntamiento tapatío, en la confluencia de las avenidas Mariano Otero y Chapultepec. Aunque el CAM comenzó a trabajar desde 1970, la inauguración oficial fue el 8 de abril de 1971 con los murales efímeros que varios artistas pintaron en su fachada.
A partir de entonces y bajo su liderazgo, el sitio se convirtió en un foro para impulsar el arte abstracto y el geometrismo. No es aventurado afirmar que gracias a Aldana se introdujeron en Guadalajara las tendencias artísticas que en Europa estaban en boga a mediados del siglo XX, a lo cual contribuyó también el entusiasmo de otros artistas locales y nacionales que se agruparon en torno a la institución fundada por él.
Más adelante el CAM cambió de sede y se instaló en la propia casa del ingeniero, en la colonia Providencia de la capital jalisciense, y desde ahí la labor de promoción artística de Miguel Aldana ha continuado mediante la organización de Salones que dan cabida a pintores, fotógrafos, diseñadores, arquitectos y escultores de todas las tendencias, edades y sexo.
Miguel Aldana Mijares recibió el Premio Jalisco 2003 en Artes, otorgado por el Gobierno del Estado y recientemente la Secretaría de Cultura de Jalisco editó una monografía en su honor, escrita por el arquitecto y pintor Pepín Hernández Laos, uno de los artistas vinculados al CAM desde su origen.
En el estudio en el cual continúa pintando a sus 86 años, conversamos con Miguel Aldana ante la mirada recelosa de su perro que al principio ladró y gruñó pero que, confirmando el dicho, no mordió.
 
Ingeniero, usted ha sido protagonista de la cultura en Guadalajara desde aquellos tiempos cuando fundó el Centro de Arte Moderno (CAM). También hay que mencionar su actividad como constructor, además de su propia carrera como pintor. A la luz de toda su experiencia en el aspecto urbanístico, en el de la cultura, en el del arte ¿cómo ve en estos momentos a la ciudad de Guadalajara?
 
Cuando yo fundé el CAM era el año de 1970, hace 36 años y entonces en Guadalajara no pasaba nada en cuestión cultural. No había galerías comerciales, el departamento de Bellas Artes estaba muy abandonado y la fundación del CAM fue como un detonador, porque a partir de esa fecha se comenzaron a notar más las actividades tanto del gobierno municipal como del estado. En el primer caso con la Galería Municipal –que después se llamó Torres Bodet-, bajo la dirección del licenciado Juan Francisco González y en el segundo con el propio departamento de Bellas Artes que empezó a tomar también un impulso fuerte. Desde entonces las cosas han mejorado mucho pues, comparando con aquellos años, hay más manifestaciones culturales.
 
En el CAM usted también estuvo al frente de un nuevo movimiento de artistas que incursionaban en el arte abstracto en Guadalajara.
 
Como cosa curiosa, el arte moderno había sido aceptado en Guadalajara con relación a la Arquitectura, pero en la pintura no, mucho menos el arte abstracto. Ese movimiento se formó alrededor del CAM. Cuando se fundó el Centro yo buscaba artistas que quisieran pintar los arcos que estaban en el exterior del edificio con una serie de lo que llamábamos murales efímeros. Encontré algunos: Enrique Rico, Héctor Navarro y algunos otros de Guadalajara, pero eran muchos los arcos que había que pintar. Entonces recurrí a la ciudad de México donde yo había estado trabajando como constructor y donde había conocido también a muchos artistas de aquella época: Manuel Felguérez, Brian Nissen, la escultora Helen Escobedo, Marta Palau y los invité a que vinieran a Guadalajara en ese año de 1970. Vinieron y pintaron los murales efímeros y eso causó mucho impacto en el ambiente cultural y sirvió para que se desarrollaran más ese tipo de actividades en la ciudad. A los diez años de esta inauguración renovamos los murales del CAM y más recientemente se volvieron a renovar como parte de la reconstrucción del edificio donde hoy está el Museo Raúl Anguiano. Por cierto que me pareció muy bien la modernización del edificio viejo.
Lo que sucedía alrededor del CAM causó, como usted mismo reconoce, mucho impacto. Fue la introducción en Guadalajara de lo que sucedía en el arte de otros lugares: el desarrollo del arte abstracto, del arte geométrico. Pero también había detractores que no veían bien estas manifestaciones artísticas ¿no es cierto?
 
Sí, así fue. Había cierta expectación y escepticismo, pero cada vez se iba aceptando más. La historia de eso es que yo me retiré de mi trabajo como ingeniero y constructor y me dediqué a la pintura en el año 1968 y empecé a emprender viajes a diferentes partes del mundo, a bienales y a cuatrienales y me admiré mucho de ver lo que se hacía en el arte en esos lugares. Comencé a asimilarlo y decidí dedicarme a ese tipo de arte y luego a promoverlo en mi ciudad.
 
Ingeniero, me gustaría que tocáramos el tema de su trabajo como constructor. Usted construyó mucho en Guadalajara y hay muchísimas fincas que conservan la placa con su nombre como autor de la obra. ¿Cuál cree que hayan sido sus principales aportaciones en ese rubro en Guadalajara?
 
Pienso que efectivamente hubo aportaciones de mi parte, por ejemplo, en el aspecto del diseño. Comencé a hacer las casas más simples, más funcionales, traté de acercar el jardín más a la casa,. Pero también creo que aporté en los métodos de construcción. Por ejemplo, antes se pagaba a los obreros por el día, y yo luché mucho por imponer el pago por destajo para que los albañiles pudieran ganar mejor salario y se pudieran hacer las obras más rápido. Hablar de eso ahorita parece raro porque ya todo el trabajo de construcción es así, pero estoy hablando de 1938 cuando se pensaba que si se pagaba a destajo el trabajo quedaría mal hecho. Pero yo demostré que las obras se podían hacer bien y en menores plazos. En aquella época los albañiles ganaban salarios bajísimos: un oficial ganaba 2.50 pesos diarios y el ayudante 1.50; cuatro pesos por pareja. Con el pago a destajo se cuadruplicó el salario.
 
¿Y se acuerda de alguna obra que en especial lo haya dejado satisfecho?
 
Bueno, hice muchísimas cosas (risas)… Para el gobierno del estado hice, por ejemplo, la Rotonda de los Hombres Ilustres, la vieja central de autobuses. Pero principalmente hice muchas casa de tipo residencial. Algunas me llegaron a interesar más que otras pero me parece difícil mencionar una en especial. Yo le ponía muchas ganas a cada cosa que hacía.
 
Ingeniero, ¿fue difícil la transición? ¿dejar totalmente la construcción para dedicarse al arte?
 
Sí, claro. Me retiré un 12 de abril de 1968, año de triste memoria por aquello de los sucesos de Tlatelolco. Y me retiré estando en el apogeo de mi carrera, a sugerencia de mi esposa. Ella sentía que no le daba la suficiente atención a la familia porque construía en varias partes del país: en México, en Aguascalientes, en Morelia, en Chihuahua. De manera que me ausentaba de Guadalajara con mucha frecuencia. Además, ya tenía yo mucho interés por dedicarme a la pintura. Así que en esa fecha tomé la determinación y me puse como plazo el 22 de diciembre de ese mismo año para alcanzar a terminar las obras pendientes. A partir de entonces, me dediqué a la pintura con mucho entusiasmo y mucho interés.

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