Lo que no se ve

MELISA MUNGUÍA GONZÁLEZ

Extraña

Acompañar a Arturo Zarco al riurau de las Frankel supone un encuentro con espejos, gemelas, dobles y contrastes que causarían vértigo a cualquiera. Conocemos a esta familia que vive cerca del mar y comparte con él la tranquilidad de su superficie y la oscuridad de sus profundidades. En apariencia y manteniendo la compostura, es una familia como todas. Sin embargo, a través de una serie de miradas que se condensan en los pensamientos de Zarco, llenan la habitación con la incomodidad propia de la transparencia. Cada miembro conoce su papel y navega siempre con una inocencia tan artificial como la armonía del lugar. Conforme pasan las páginas, dejamos de ser lectores para convertirnos en huéspedes que se ven obligados a moverse por los escondites de lo tangible o lo onírico de forma indistinta. Esta experiencia siniestra y adictiva comprueba que incluso las distracciones disfrazadas de cotidianidad son importantes y que el tiempo mismo es una distracción que busca moldearse a nuestra inconveniencia. Mas no es desagradable. Con el rabillo del ojo apreciamos las relaciones insanas entre madre e hijas, la lucha por una identidad que se perdió desde el nacimiento y un coqueteo incestuoso mientras intentamos concentrarnos en la partida de Scrabble. Marta Sanz es experta en demostrar que el rincón que no observamos guarda toda la acción.

 

MARTA SANZ Un buen detective no se casa jamás, Anagrama, 2012.

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