Los acontecimientos fundacionales

Tal vez a todos nos hubiera convenido que la invasión francesa de 1808 no hubiera sido militar sino ideológica porque el enemigo en realidad no era el vecino continental de España, sino la isla inglesa

Por: Samuel León González

El bicentenario.

Hace doscientos años América Latina inició su despegue de la tutela colonial española; el detonante indirecto fue tal vez la invasión francesa a España en 1808.

Ya para agosto de ese año el virrey José de Iturrigarray intentó en la Nueva España la creación de una junta con la oposición de la Audiencia y el Cabildo.

También influenciaron en el proceso de la Independencia las reformas administrativas borbónicas, la Independencia de los Estados Unidos, el nuevo contrato social de la Revolución Francesa, la evolución de la Revolución Industrial, entre otros.

La nueva España de principios del siglo XIX era una sociedad absolutamente vertical y piramidal: en ella habitaban quince mil peninsulares, los criollos se aproximaban a un millón, los indígenas a más de tres y medio millones y las castas a más de un millón; en total más de seis millones de habitantes.

El quiebre del orden institucional se originó con el enfrentamiento de los defensores del sistema de fueros con los promotores del cambio.

Nacía la paradoja: la Real Audiencia enfrentada al Ayuntamiento; de un lado los conservadores y del otro los liberales. Para sintetizar ese momento podríamos señalarlo como la dicotomía entre revolución y contrarrevolución, entre cambio y permanencia.

Discusiones van discusiones vienen, las visiones metropolitanas sostienen que la soberanía popular y la idea de libertad de expresión se originaron con la Constitución de Cádiz de 1812 donde se construye un nuevo modelo de Estado y esto se exportó a América Latina. Ojalá que esta posición logre un festejo de su bicentenario en el año 2012 con la fuerza que va a tomar el de 2010.

Tal vez a todos nos hubiera convenido que la invasión francesa de 1808 no hubiera sido militar sino ideológica porque el enemigo en realidad no era el vecino continental de España, sino la isla inglesa; por esto valga la pena destacar el papel del Conde de Aranda quien, desde 1783, le propuso a Carlos III la independencia de la Nueva España y el establecimiento en América de tres monarquías. A los simpatizantes de ese acontecimiento que si lo hubieran considerado fundacional, hubieran celebrado el bicentenario en 1983. 1

Otra versión que pudo haberse justificado como fundacional fue la del 27 de septiembre de 1821 y que durante muchos años fue la de mayor aceptación de los conservadores mexicanos.

La guerra interna fue prolongada desde 1810 por algunos factores externos, entre los que destaco sólo uno, que para 1820 la Constitución Liberal de 1812 sometía a Fernando VII, lo cual tuvo un claro efecto en México. Los obispos de Guadalajara, Ruiz Cabañas, y el de Puebla encabezaron una serie de conspiraciones en contra de la Constitución de Cádiz y animaron su independencia.

El acuerdo principal que lograron se dio en la famosa conspiración de la Profesa, donde se decidió proponer a Agustín de Iturbide como negociador con Vicente Guerrero.

Los conservadores, con Iturbide en la dirección, conformaban un movimiento anti cambio, ajeno a las ideas autonómicas de 1808: a Miguel Hidalgo, a José María Morelos y Pavón, que habían abolido la esclavitud, las distinciones de clase, la separación de poderes, y la abrogación del impuesto sobre los indios, entre otros, en la reunión de Chilpancingo en la que se emitió la primera declaración de independencia de México en 1813; y a Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.

Fueron los peninsulares, los criollos acaudalados y el alto clero los que provocaron el famoso abrazo de Acatempan. El Plan de Iguala mantenía el statu-quo y a la vez ofrecía tres garantías: unión, religión e independencia.

Con la entrada de Iturbide y del Ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 se mantenía el orden y se establecía una Regencia provisional para cumplir con los Tratados de Córdoba y ofrecer la Corona al próximo gobernante.

Eran precisamente los contrarrevolucionarios los que lograron la independencia. No es casual que los restos de don Agustín de Iturbide descansen en la catedral de la ciudad de México.

A partir del año 2000 los conservadores ascendieron al poder y dejaron de festejar su acontecimiento fundacional del 27 de septiembre de 1821 y lo transfirieron a la fecha de los liberales: 15 de septiembre de 1810.

Fue en realidad la tradición liberal la que logró imponer el hecho fundacional de nuestra historia como nación independiente: el 15 de septiembre de 1810 cuando Miguel Hidalgo inició una revolución que fue en realidad la primera revolución popular de América Latina y el hecho indiscutible es que logró integrar a un ejército de casi cien mil participantes.

Todo lo señalado nos lleva a una conclusión elemental: conmemorar o festejar el bicentenario nos da la posibilidad de diversas fechas fundacionales. Lo que resulta importante de destacar es que el pretexto del bicentenario nos debe de llevar no a un festejo, sino a una reflexión colectiva.

El centenario (seis consideraciones)

1. Se ha mencionado, con justa razónque las revoluciones o sirven para concentrar y centralizar el poder o no sirven para nada.

La Revolución Mexicana fue la excepción; el reto para el gobierno revolucionario y el conjunto de la sociedad era conformar un poder político nacional que le diera viabilidad al proyecto revolucionario.

El problema era construir una hegemonía política; y ésta no fue impuesta, sino que se conquistó mediante una política de alianzas que progresivamente le abrió a la sociedad una perspectiva nacional.

Se trataba de superar los grandes obstáculos que impedían la existencia de un poder nacional, y ese proceso no fue independiente de las clases y capas sociales de las incipientes instituciones y del conjunto de las prácticas políticas que permitieron su realización.

La experiencia nacional (sólo hago mención aquí al período 1917-1938), nos demuestra que el ordenamiento de las formas de hacer política y la creación de las instituciones no se moldearon solamente desde arriba, sino también desde abajo.

Por ello al reflexionar sobre la historia política del México posrevolucionario solo se puede entender su riqueza y complejidad como una historia de conflictos y de cambios; no como una historia lineal, siempre determinada a partir de la voluntad de los grupos dominantes.

2. Prolija y polémica ha sido la literatura publicada sobre la Revolución Mexicana y sus correspondientes interpretaciones.2 

Algunas de ellas han sido tan extravagantes como para afirmar que México no sufrió una revolución, sino una gran rebelión; o, en otro extremo, han aparecido obras recientes que buscan, en el antiguo régimen, elementos de continuidad con el México posrevolucionario.

Aunque sea una perogrullada, es importante insistir en que, política y socialmente, la Revolución destruyó mucho del antiguo régimen.

Iniciar la implementación del proyecto revolucionario no fue sencillo, ya que constantemente se presentaron obstáculos que fueron superados con grandes dificultades, buscando siempre la construcción y el fortalecimiento del Estado con la inclusión de las grandes mayorías mediante un pacto político amplio.

3. Otro dilema al finalizar la lucha armada fue la dispersión de la nación, la explosión de movimientos contra-revolucionarios en diversas regiones del país; una sociedad en armas que reconstruyó un nuevo ejército (al desaparecer el porfirista), que después de la lucha armada era una institución altamente politizada y que por sus escisiones conformó uno de los mayores obstáculos para la centralización política; ejemplo de esto fueron los crónicos levantamientos de 1920, 1923, 1926 y 1929.

A ello habría que agregar la atomización del país por la presencia de estructuras locales que generaron, en casi todos los estados de la república la consolidación de caudillos u hombres fuertes con sus “proyectos regionales”, con sus organizaciones o partidos políticos que conformaban un México invertebrado, pero en el cual las regiones tuvieron una gran influencia sobre el centro.

4. Muchas serían las causas que dieron origenal movimiento armado como fueron la crisis generalizada del Estado porfirista, el envejecimiento y la arterioesclerosis de la clase política, la falta de movilidad política y las aspiraciones de las clases medias y populares, la complejidad del contexto internacional, el rotundo fracaso de una solución política y pacífica a la sucesión presidencial de 1910, pero aquí sólo nos interesa destacar el problema de la no reelección.

Debilidad o cualidad del antiguo régimen fue la inmovilidad política expresada en la fortaleza del caudillo oaxaqueño y en la imposibilidad de sustituirlo.

El nuevo grupo dirigente, con claridad o no, se vio obligado a mantener el principio de la no reelección. Obregón tuvo el mal tino de no respetar este principio, y en 1928, él murió y el principio sobrevivió.

Esto marcó al nuevo régimen y sentó las bases del principio de movilidad política en la conducción del gobierno. Así la institucionalidad era destino manifiesto.

5. Sin duda alguna,la Revolución logró delinear su proyecto de país en el texto constitucional. Ahí se expresa con claridad el conjunto de las demandas sociales que originaron el movimiento armado; a la vez en el texto constitucional se fijó un conjunto de elementos de lo que el país tendría que ser y la forma en la que se iba a regular la relación entre el nuevo gobierno y la sociedad o más concretamente entre el gobierno y los sectores mayoritarios.

La idea de democracia de la cual partieron los revolucionarios de entonces tuvo su base en un principio sano y real: el de pretender terminar con la desigualdad implícita de la sociedad que encontraron, por ello la idea de igualdad estuvo precedida necesariamente por la idea de aplicar la justicia en los sectores sociales más desprotegidos.

6. Difícil, contradictorio o paradójico resultaría discutir o reflexionar sobre las fechas fundacionales del centenario ya que desde la llegada de la derecha al poder uno de los logros más interesantes fue la suspensión de la celebración del 20 de noviembre que antes los mexicanos identificábamos con el origen de la Revolución. 

Citas

  1. Durante 1998 se llevó a cabo en la Universidad de Zaragoza un congreso sobre Aranda con motivo de los 200 años de su muerte. Cfr. uno de los pocos trabajos escritos por un mexicano sobre el tema. Luis M. Farías (2003). La América de Aranda, FCE, México.

Crf. Alan Knight (1986), “La revolución mexicana: burguesa nacionalista o simplemente una gran rebelión” en Cuadernos Políticos, núm. 48, ERA, oct-dic.


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