La exportación política Revolución mexicana

Pensadores marxistas llegaron a vislumbrar que la Revolución Mexicana podría avanzar hacia el socialismo

Por: Karla Cortés Lozano

La Revolución Mexicana tuvo importantes impactos en el mundo y en particular en América Latina. Más allá del significado que representó la caída de una dictadura como resultado de un movimiento popular armado, el proceso de construcción del proyecto revolucionario de Estado tuvo influencia en diversos movimientos políticos revolucionarios en la región.

Pensadores marxistas como José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano y Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista Cubano, llegaron a vislumbrar que la Revolución Mexicana podría avanzar hacia el socialismo, más aún el último consideraba que los artículos más radicales de la Constitución mexicana podrían llevar al comunismo.

De igual forma sirvió como fuente de inspiración para movimientos de corte antiimperialista como el de César Augusto Sandino en Nicaragua.

Junto a estos movimientos surgieron otras expresiones de pensamiento y de movimientos sociales y políticos como el desarrollado por José Ingenieros y por el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, que recogían una versión no marxista de “socialismo” a partir de la Revolución Mexicana, su constitución y la construcción inicial de su Estado, especialmente del periodo emblemático de Álvaro Obregón.

Resulta interesante el intento de formar un gran partido latinoamericano que intentaba llevar al resto de América Latina las experiencias, visiones y alcances sociales de la Revolución

Mexicana, en una versión que pretendía recoger lo específico de la región y de los logros de los revolucionarios mexicanos tanto en su lucha contra el imperio, como en materia de justicia social y especialmente con una nueva concepción del actor social central, en esta versión del movimiento social la centralidad histórica no le correspondía a la clase obrera, ni siquiera al campesinado en su sentido tradicional sino los llamados amerindios.

El socialismo amerindio de haya de la torre rechazaba la idea de una dictadura del proletariado, y en realidad estaba más cerca de la socialdemocracia que de la concepción leninista, ya que reivindicaba la democracia. De hecho su partido en Perú, el Partido Aprista Peruano (PAP) se significó por su constante oposición a las dictaduras y su compromiso democrático.

El aprismo 1 como proyecto político latinoamericanista, con su raíz en la Revolución Mexicana tuvo dos aportaciones importantes, una particular visión del antiimperialsmo y el llamado indoamerismo.

Antiimperialismo

Haya de la Torre se apartó de la clásica interpretación del imperialismo para desarrollar un juicio propio que conllevaría a la formación de un auténtico concepto indoamericano.

Esta  singular versión política definió la identidad del movimiento emancipador al invertir el orden estructural de la teoría originalmente planteada por Lenin, es decir, aquella que considera al imperialismo como la fase superior del capitalismo.

En su célebre obra El Antiimperialismo y el APRA, el ideólogo y fundador del aprismo discrepa conceptualmente con la percepción leninista al argumentar que el imperialismo, entendido como la etapa culminante de expansión capitalista, únicamente adquiere validez dentro del contexto específico de los países altamente industrializados; empero, en una realidad latinoamericana que experimenta su característica evolución histórica marcada por el subdesarrollo, la situación imperialista no representa la última fase, por el contrario, el capitalismo llegó al escenario latinoamericano bajo la forma de imperialismo como periodo de industrialización.

Esta peculiar secuencia del proceso de construcción capitalista encuentra su explicación en función del panorama de la América Latina de un periodo histórico concreto, cuando el industrialismo constituía un fenómeno económicamente incipiente y, por consiguiente, la burguesía local así como sus bases ideológicas no estaban lo suficientemente desarrolladas, por lo que el capitalismo logró una clara manifestación sólo cuando el capital extranjero invadió de manera exponencial a los países indoamericanos para la creación de nuevos mercados que, posteriormente, dieron paso a la realización de grandes inversiones financieras.

Con el objetivo de promover la creación de un Frente Único Latinoamericano, el APRA formuló cinco puntos de acción que enfatizaron la necesidad de concretar una verdadera integración latinoamericana que permitiera edificar las bases mínimas para construir una organizada lucha antiimperialista; estos puntos simultáneamente vendrían a consolidarse como principios fundamentales del programa internacional.

Dicho programa dictaminó el siguiente rumbo: 1) acción contra el imperialismo yanqui; 2) unidad política de América Latina; 3) nacionalización de tierras e industrias; 4) internacionalización del canal de Panamá y, 5) solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.

El primer punto adquiere una mayor relevancia por dos razones esenciales: denota nítidamente el carácter político del movimiento y, por otro lado, de dicho principio derivan coherentemente los puntos restantes. La totalidad de los puntos conformarían los cimientos del APRA.

La intención era solidificar una alianza entre la variada gama de pueblos y grupos latinoamericanos que sufrían las nocivas consecuencias del imperialismo, considerando que los afectados no guardaban una estricta relación con alguna clase social determinada sino que las repercusiones influían sobre un amplio abanico social que incluía tanto a las clases medias como a las enormes capas obreras y campesinas, de modo que era indispensable emprender acciones conjuntas para alcanzar la emancipación del yugo político-económico norteamericano y la nacionalización gradual de la riqueza, acaparada por intereses ajenos al de las naciones indoamericanas.

Haya de la Torre constató esta realidad continental al declarar lucidamente que:

“El imperialismo implica la explotación general de nuestros países, no sólo en sus clases obreras y campesinas, sino también en sus clases medias. Afecta la producción agrícola e industrial por la explotación directa de la empresa extranjera; por las contribuciones e impuestos cada vez más elevados a fin de pagar los intereses de los empréstitos; por las altas tarifas de los ferrocarriles hipotecados al extranjero; debilitado el comercio por las tarifas aduaneras –cada vez más altas a fin de servir de garantía a los empréstitos para equilibrar las rentas del erario nacional, debilitados por las obligaciones de la deuda pública–, la economía nacional de nuestros países se desquicia sin remedio”.

El aprismo consideraba que para lograr una verdadera liberación indoamericana era necesario organizar la lucha desde el interior de cada país adscrito al movimiento, por lo que cada territorio miembro tendría que contar con un órgano aprista encargado de introducir y adaptar la realidad nacional a la acción política común establecida en el programa máximo del APRA.

Ante todo se buscaba desarrollar las potencialidades particulares de Indoamerica para alcanzar, mediante instrumentos políticos y herramientas metodológicas de creatividad propia, una solución a la problemática desencadenada por el fenómeno imperialista. Para que tal ideal pudiera efectuarse, el APRA buscó inexorablemente una cierta autonomía intelectual que le brindara las condiciones necesarias para desligarse de las corrientes ideológicas dominantes, es decir, distinguirse tanto del imperialismo norteamericano como del modelo soviético.

Es así como se produce un replanteamiento en la percepción aprista sobre el imperialismo. Esta nueva visión no concebía al imperialismo como un fenómeno atemorizante, por el contrario, rechazó toda tendencia radical para adoptar una nueva postura moderada desde la cual fuera factible gestionar la conciliación de intereses y la cooperación constructiva entre los países industrializados y los pueblos menos desarrollados.

Al considerar al capitalismo, en su expresión de imperialismo latinoamericano, como un periodo inevitable en el devenir histórico de la sociedad y, por ende, como aspecto ineludible de la realidad económica de nuestro continente, el aprismo se disponía a aceptar con afabilidad sus aspectos positivos y a rechazar vigorosamente los elementos negativos de acuerdo al entorno latinoamericano.

De esta manera se demuestra la inclinación ecléctica del aprismo. Rechazó toda dinámica de explotación para sustituirla por una de cooperación. Por otro lado, la campaña del frente único de obreros, intelectuales y clases medias antiimperialistas se ejecutó no sólo en contra del conquistador económico estadounidense sino que también canalizó su esfuerzo en combatir a los cómplices internos del imperialismo yanqui, es decir, trató abiertamente con el capital extranjero sin consentir su control sobre la economía nacional por medio de las oligarquías locales aliadas. Así, el aprismo tenía el objetivo primordial de apoderarse del aparato estatal debido a que consideraba absolutamente necesario que el Estado fuera la única instancia encargada de subordinar el capital extranjero.

El aprismo incitó la creación de una vía alternativa entre el capitalismo imperialista estadounidense y el comunismo eurocentrista y, en general, pretendió fundar un Estado antiimperialista capaz de desarrollar un capitalismo humano que llevara la justicia e igualdad social a lo largo de todo el continente. De este modo, el ideal central de una independencia económica condicionaba todos los objetivos restantes.

Indoamericanismo y la idea de un partido único latinoamericano

El término indoamericano, acuñado por José Vasconcelos, está estrechamente vinculado con el indigenismo. Este concepto es producto de un profundo análisis histórico y encuentra sus raíces precisamente en los fundamentos del indigenismo americano como doctrina que reconoce el inhumano papel que desempeñó el indio como personaje esclavo y, a la vez, como parte incuestionable del proceso de combinación que dio surgimiento a un mestizaje que vendría a configurar la identidad cultural latinoamericana.

Para el aprismo, el indoamericanismo representa más que un simple vocablo, constituye un amplio y rico concepto, un símbolo definido, una finalidad en sí.

Bajo esta consigna se pretendía lograr una verdadera emancipación que rompiera con las cadenas que mantenían sometidos a los pueblos latinoamericanos a las más diversas formas de dependencia y explotación, razón por la que el aprismo se entregó a la ardua labor de impulsar la fraternal unión indoamericana como garantía de resistencia a cualquier embate imperialista, como elemento de estabilidad social.

El APRA desarrolló una perspectiva integradora, el indoamericanismo, que pretendía fungir como justificante de la acción política a cuenta del interés y bienestar continental.

Se trataba pues, de un método independiente que abrió la posibilidad de superar los obstáculos impuestos por el dominio norteamericano y que encontraban su mayor expresión en la desalentadora situación latinoamericana que prevalecía a causa del subdesarrollo.

El aprismo aún mantiene vigencia, y no parece que vaya a desaparecer; el actual presidente peruano, Alan Arias es el dirigente de este partido-movimiento y expresa una de las variantes de la socialdemocracia latinoamericana.

Citas

  1. De “Alianza Popular Revolucionaria Americana” (APRA), referencia también conocida como Partido Aprista Peruano (PAP) (N. del E.).

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