Perros hinchados a la orilla de la carretera

Un texto crítico, agudo y ácido, en el que la hiperrealidad se consolida como la dimensión preferida de la sociedad actual: los “no lugares” constituidos como espacios de control

Por: Luis enrique Gutiérrez

Primera llamada. Cuatro exempleados de compañías globales ven pasar el tiempo, la vida, en los estacionamientos de éstas mientras discurren en torno a sus pérdidas, anhelos y desencantos. Hospitales, supermercados, cines y restaurantes de comida rápida son los espacios que los vieron dar sus mejores años para no obtener más que un estadio personal de fracaso en el que sólo se busca la supervivencia.

De esta manera podríamos abreviar la obra Perros hinchados a la orilla de la carretera, obra del dramaturgo mexicano Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio(LEGOM), llevada a los escenarios por el grupo INVERSO Teatro. Perros hinchados… es un texto crítico, agudo y ácido, en el que la hiperrealidad se consolida como la dimensión preferida de la sociedad actual: los “no lugares” constituidos como espacios de control, donde las marcas sustituyen a los nombre y apellidos.

“En una época donde las grandes empresas han adquirido el poder –por encima de los gobiernos–, las franquicias, las marcas y las transnacionales han asaltado los tres pilares esenciales de una sociedad: el empleo, las libertades públicas y el espacio cívico. Habitamos un planeta que se vende día a día en subasta, donde nos convencemos colectivamente de que las empresas no sólo patrocinan la cultura, sino que son la cultura misma; nos han hecho creer que las marcas no son productos sino ideas, actitudes, valores y experiencias, entonces ¿por qué no pueden también ser cultura?”, escribe Verónica López García a propósito de Perros hinchados… Segunda llamada.

Con media docena de producciones en su trayectoria (¿Qué hay después de la lluvia?, 2006; Dakota, 2007; Guía práctica para un funeral forzoso, 2008; El diablito de Benjamín, 2009; El Matadero, 2009; y Perros hinchados…, 2010) INVERSO Teatro es una agrupación alternativa, fundada en Guadalajara en 2006, dedicada a la actuación, dirección, administración, gestión y promoción del teatro, en un espacio que, con el paso del tiempo, ha venido consolidando su discurso como grupo: “un teatro de búsqueda personal que dialogue con lo que somos y con el espectador contemporáneo”, dice su manifiesto.

Reconocida en la muestra estatal de Teatro Jalisco 2010, en el festival “Otras latitudes” y en la XXXI Muestra Nacional de Teatro por valores como su dirección, producción, escenografía y actuaciones, la obra Perros hinchados… destaca por la construcción de espacios de exposición escénica propicios para el diálogo, el intercambio y la movilidad, para detener al espectador y al lector en la reflexión de cómo y bajo qué medios se registra el progreso en nuestra sociedad de consumo.

Por ello, Folios presenta a sus lectores un fragmento del texto original escrito por LEGOM, adaptado por INVERSO Teatro. Tercera llamada, ¡comenzamos! 

Folio

 En el playacar de un COSTCO

 

Mierda, se supone que deberíamos, por un momento nada más…

Vestida de kimono, con los pies bañados en azahares y un lindísimo

teléfono de diadema, colgado, muy bovinamente, de una oreja, Lola me

estará esperando esta noche a que vuelva a casa.

De qué hablas tú.

De qué habla aquel.

Qué dicen estos.

De su puta madre. Escucha, de qué hablas.

De Lola, mi mujer, un kimono.

No, no, no, no puedes hablar de tu mujer.

¿No?

De qué hablan aquellos, pues.

De la mujer de éste.

Cuál mujer.

Tú no tienes mujer. No se llama Lola, nunca se ha puesto una bata rosa con

un puto teléfono de diadema, y por lo tanto no puedes estar hablando

de ella.

¿No puedo?

No, podrías hablar de algo más competente. Algo que nos incumba a todos.

Ya que se callen.

Sí, que se callen.

Que dejen oír.

Yo vi una mujer que salió hace rato, no sé si les sirva.

Está hablando de su mujer.

Que no tiene mujer.

No sé si sirva, pero yo vi salir hace como veinte minutos a una mujer

bastante fea.

¿Qué traía?

Varias cajas, una gran mujer.

Sí, una gran mujer.

Mierda.

Una gran mujer con un carrito cargado de mierdas.

Todo por cajas.

Mierda.

Oye, de pura casualidad, ¿no traía un kimono rosa? Ya sabes, con unas

"florecitas raras y el pelo recogido por una diadema.

¿Japonesa?

No, japonesa no, es un puto celular de diadema.

Los celulares son japoneses.

¿En serio?

Supongo. Son chiquitos.

Ahora me explico muchas cosas.

Pero no traía eso, cómo iba a venir de compras en kimono.

Pues pudo ser uno, eh.

¿Tú qué vergas sabes qué es un kimono?

Que no sé lo que es un kimono. Que no sé lo que es un kimono.

Pues no.

Claro, como soy una pendeja.

No estoy diciendo que seas una pendeja, sólo que no puedes saber lo que

es un kimono rosa. O uno verde.

Todos dicen que soy una pendeja.

¿Todos?

¿Todos nosotros?

No, la gente, todos.

Quienes son todos.

Bueno, muchos dicen que soy una pendeja.

Yo no lo dije.

¿En serio crees que no soy pendeja?

¿Son muchos los que lo dicen?

Bastantes.

¿Más de la mitad?

Sí, parece que más de la mitad.

¿Tú crees en la democracia?

¿En qué?

En la democracia. Las estadísticas.

Claro, totalmente.

Si lo dice la mayoría y crees en la democracia, entonces crees en lo que

dice la mayoría, por lo tanto sí, eres pendeja.

No lo escuches, siempre hablando mal de la democracia. Pinche nazi. Es

un pinche nazi. Si yo tuviera los ojos claros, si manejara una nave de

esas con su estrellita de tres picos, seguro sería nazi como él. No lo

escuches.

Yo no tengo los ojos claros ni una nave con una puta estrellita.

Peor tantito.

Ah, vete a la chingada.

He estado pensando.

Cállense, va a hablar.

Nadie decía nada.

Mierda.

He estado pensando. Los carritos cuando salen tropiezan mucho por

el pavimento, si pusieran algún producto que lo puliera, o un piso

más liso en el playacar, de tal forma que los carritos no se atoraran

tanto. Si pusieran eso seguramente las llantas de los carritos

durarían más.

¿Y?

Sí, ¿y?

¿Y?

Sí, eso en qué nos ayuda.

En qué nos ayuda.

¿Necesitamos ayuda?

¿Necesitamos ayuda?

¿Necesitamos ayuda?

¿Necesitamos ayuda?

No, claro que no, no mamen.

Oigan, oigan, yo creo que deberíamos meditarlo.

¿Qué quiere meditar este pendejo?

¿Te vas a sentar de nuevo con las patas cruzadas y los dedos de se me

está quemando el puto cerillo en las yemas?

No mamen, deberíamos meditarlo.

A mí me vale verga, que se les acaben las llantitas, se van a romper

todos sus putos carritos y la gente ya no va a venir a comprar

mierdas de vaca en cajas de a doce y se los va a llevar la verga y

van a desocupar la bodega, y luego otros y otros y el mundo será

un lugar más feliz con un chingo de bodegas vacías y mujeres que

arrastran por las calles a un niño ensangrentado y… y… y… qué

decía.

¿Ya puedes dejar que explique esa mamada de la meditación?

Pero que se acaben las…

Ya cállate, pendejo.

Sí, que se calle.

Dije, dije, dije que deberíamos meditarlo, no necesitamos vestirnos de

kimono para meditarlo.

Ni ser Lola.

Ni ser Lola.

¿Quién es Lola?

La mujer de éste.

Que éste no tiene mujer, mierda.

Dejen decir la meditación.

Está bien, medita. Te vemos.

Y te escuchamos.

Te escuchamos y te vemos.

Es probable, sólo probable, que haya querido decir otra cosa.

¿Si quiso decir otra cosa por qué no la dijo?

Porque le gusta hablar en metáforas.

Mierda.

Tal vez, tal vez las llantitas de los carritos no sean las llantitas de los carritos.

Sean otra cosa.

U otras cosas.

Y tal vez el suelo rasposo del playacar no quiera

decir playacar y el que se atoren los carritos

tanto con el asfalto del playacar tampoco, por

lo tanto quiera decir algo que nos incumbe

como seres humanos.

Mierda.

Seres humanos.

Propón algo.

Ya propuse, que lo meditemos.

Anda, pues, siéntate y pon los deditos como sólo

tú sabes y en un rato nos das tu conclusión.

¿Alguien sabe cómo va el partido?

No.

Claro que no.

Si lo averiguas dime. Yo aposté con esta y no

quiero ganar.

¿Qué apostaste?

Te digo, no quiero ganar.

Pinche joto.

Quiero saber, solamente, cómo va el partido.

Mierda.

Entra, cómprate un puto televisor plano de noventa pulgadas y ve cómo va el puto

partido, no ves que estoy meditando.

No puedo comprar ese televisor que dices. Perdón. No tengo. No tengo dinero.

¿Nada?

Nada. Alguien podría prestarme para comprar un televisor.

No.

No.

Ni madres.

Que te lo preste tu mamá.

Ya le debo la renta de este mes.

Era una forma de decir que te vayas a la verga.

Escucha, no tienes que comprar el televisor, sólo entra y ve a la sección de

electrodomésticos como si fueras a comprar un televisor.

Cuidado, que los venden por cajas.

De a veinte.

¿Y yo para qué quiero veinte televisores? Sólo quiero saber cómo va el

partido.

¿De cuántos partidos te interesa el resultado?

Solo de uno.

Entonces puedes tirar los otros diecinueve, es lo que hace la gente.

Estás pendeja.

¿Tú también?

No, pero no por la democracia, no mames, no, claro que no, yo hasta tengo

mi credencial y esas mamadas. Mi credencial. Mi credencial. El asunto

es que estás pendeja porque la gente no tira diecinueve televisores y se

queda con uno.

¿No? Yo creí que estaba bien enterada. Tuve un novio que…

No, la gente tiene familia, compra el televisor, en caja, claro, de veinte,

los planos luego vienen en caja grande de cuarenta. Pero la gente tiene

familia. Se queda con dos o tres, y uno de repuesto, y tira los otros doce.

Mierda, no me dan las cuentas.

Es fácil, mira.

Yo sólo quiero saber cómo va el partido.

Ya te dije que entres y…

Que no voy a comprar una caja de…

Entra como si fueras a comprarla y te pasas a la sección de electrodomésticos

y le dices muy propio a la señorita: ¿podría poner sus televisores en el

canal del partido de fútbol porque quiero revisar si este televisor tiene

la calidad exacta, precisa y contundente que necesito para cubrir mis

necesidades?

Mierda, es muy complicado.

Si pasas por las carnes frías péscate unas salchichitas de demostración.

No mames, no pasa por las carnes frías.

Pasa por las carnes frías y péscame una salchichita de demostración.

Exacta, precisa y contundente. Exacta, precisa y contundente, exacta precisa y

contundente.

Yo creo que esto no está bien.

No nos importa lo que creas.

A mí sí.

Qué no está bien.

Estoy hablando de la situación.

¿Nuestra situación o la del país?

Nuestra situación y por lo tanto la de todos en el país.

Y en el mundo o el universo.

Eso.

¿De nuevo esa mamada de que el playacar no es playacar y todo lo demás?

¿Qué no está bien?

No sé, es algo que creo. ¿Vieron al tipo que traía la alberca inflable?

Cómo no verlo.

Definitivamente lo vi. Y lo aprecié.

¿Ustedes creen que tenga espacio para ponerla?

Es lo más probable.

Creo que compró cuatro, esas las venden sólo por cuatro.

Toda una ganga.

Pero es probable que no. ¿No?

Que no qué.

Que no tenga espacio.

¿Este pendejo también habla en metáforas?

No, sólo es pendejo.

Que no tenga espacio en su casa para poner una o cuatro albercas o las que

vengan en la caja.

No, es probable que sí y poco probable que no.

Poco probable que no quiere decir que tal vez no tiene dónde ponerla pero

qué pasa: ve la oferta, tiene calor, voltea y de reojo nota que su vecino o a

cualquier hijo de puta está comprando paquetes de películas.

¿Todas iguales?

Obviamente.

Tiran doce, ya te dije.

No interrumpan.

¿El detergente también viene por caja?

Que no interrumpan, pues.

Y entonces ve a Lola, mi esposa, en su kimono rosado, y se dice: “Algún

día, algún día, tendré dónde poner esta alberca, tal vez algún día, tenga

también hijos que puedan disfrutarla, y hasta una mujer en traje de baño”.

¿No en kimono rosa?

Debajo del kimono, un traje de baño.

¿Alguien tiene credencial?

Que no lo interrumpan.

El pendejo de la entrada no me deja pasar porque no tengo credencial.

Pero si sólo vas a ver el partido.

Es que si fuera a ver el partido me dejaría entrar, claro que me conoce, pero

como le expliqué que necesito contundentemente un televisor para ver mis

partidos exactos y precisos me pidió la puta credencial.

Pero eso se lo tenías que decir a la de electrodomésticos, no al pendejo de la

entrada.

Mierda. Entonces la culpa es mía.

Claro que la culpa es tuya.

Ya cállense, está hablando de la situación del país y del universo.

Y acá estamos hablando del partido de fútbol.

Podríamos todos hablar de lo mismo.

Ahora van a decir, todos, que soy una pendeja, sí, claro. Ella es la pendeja,

ella, como es mujer, es la pendeja.

Mierda, que quería entrar pero tu estrategia falló, tu estrategia vale para

pura verga, y luego me dices que no, que la estrategia es chingona, que el

estúpido soy yo, que eso se lo debía decir al de la entrada.

Y entonces, el señor de la alberca dice, si mi mujer trae su kimono y, claro, se

llama Lola y debajo trae un traje de baño y mis hijos también y no tengo

la alberca, y voy a buscarla y ya no hay oferta es probable, sólo poco

probable para que no la hagas de pedo, que todo mi pequeño mundo se

vaya a la mierda y mi mujer, Lola, me deje y se lleve a los niños, como ya

lo hizo alguna vez con aquel otro pendejo, y no, eso no va a pasar, debo

comprar la alberca ahora mismo que me está viendo mi vecino o cualquier

pendejo. De reojo.

¿Y eso qué tiene que ver con la situación del país?

Eso digo yo.

Y con nuestra situación.

Yo sólo quería saber el resultado del partido, mierda.


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