La poesía como permanencia y pasión literaria: 50 años de Piedra de sol, de Octavio Paz

Se conmemoran 50 años de la publicación de Piedra de Sol, para muchos un antes y un después en la literatura mexicana

Por: José de Jesús Gómez Valle
 
La fuerza poética es inconmensurable, no tiene límites, pero es eso: fuerza. Domina, condiciona, sustenta, guía, dirige, señala. La poesía, decía Octavio Paz, sin duda el más grande poeta de las letras mexicanas –aunque él detestara que se le considerara así– tiene la cualidad de la permanencia.
 
Con motivo de la entrega del Premio Alexis de Tocqueville en 1989, galardón otorgado en esa ocasión a Paz por el gobierno de Francia, el autor de Piedra de Sol decía en su discurso de agradecimiento: “Los Estados se derrumban, las Iglesias se disgregan o se petrifican, las ideologías se disipan –pero la poesía permanece”. 
 
Qué mejor oportunidad para recordar esa contundente y verídica frase que la conmemoración de los 50 años de la publicación de Piedra de Sol, para muchos un antes y un después en la literatura mexicana, un parteaguas de la poesía en lengua castellana, el fiel de la balanza y pieza central de la poesía escrita en México en el siglo XX. 
 
Más allá de que se trate de un poema compuesto por 590 endecasílabos –formato que en su tiempo le criticaron porque se consideraba esta medida poco propicia para un poema moderno– o que apareció como un artesanal plaquette compuesto por 44 páginas dentro de la Colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica, lo que debemos celebrar en este medio siglo de Piedra de sol es su vigencia. 
 
Se dice que la inspiración de Octavio Paz para escribir este poema emergió en el proceloso momento de una decepción amorosa, puede ser. Lo que es cierto es que el poeta no espera ni busca una fuente de inspiración, un colibrí de ideas, sino que está en constante y permanente diálogo con la sensibilidad, con su entorno y, a la vez, con su interior. 
 
Sería injusto pensar que una obra de las magnitudes de Piedra de Sol fuera sólo resultado del amor y sus heridas. El desamor y el erotismo son hilos conductores del poema: La fuerza del amor, el poder del erotismo, la libertad de la palabra se hacen presentes: 
 
el mundo nace cuando dos se besan, 
gota de luz de entrañas transparentes 
el cuarto como un fruto se entreabre 
o estalla como un astro taciturno 
[...]
amar es combatir, si dos se besan 
el mundo cambia, encarnan los deseos
 
Aunque también se percibe la crítica a la estupidez de las guerras y a las instituciones: 
 
y las leyes comidas de ratones, 
las rejas de los bancos y las cárceles, 
las rejas de papel, las alambradas, 
los timbres y las púas y los pinchos, 
el sermón monocorde de las armas, 
el escorpión meloso y con bonete, 
el tigre con chistera, presidente 
del Club Vegetariano y la Cruz Roja, 
el burro pedagogo, el cocodrilo 
metido a redentor, padre de pueblos, 
el Jefe, el tiburón, el arquitecto 
del porvenir, el cerdo uniformado, 
el hijo predilecto de la Iglesia 
que se lava la negra dentadura 
con el agua bendita y toma clases 
de inglés y democracia, las paredes 
invisibles, las máscaras podridas 
que dividen al hombre de los hombres, 
al hombre de sí mismo, 
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos 
nuestra unidad perdida, el desamparo 
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres 
y compartir el pan, el sol, la muerte, 
el olvidado asombro de estar vivos; 
 
En a forma concéntrica de este poema, en el cual jamás aparece un punto, aunque sí puntuación, cualidad que le otorga soltura y dinamismo, no hay amarras, sólo movimiento. Movimiento que le da cabida a la condición humana: 
 
amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;
 
Un poema concéntrico e inacabable, el eterno retorno poético, inspiración y crítica, magia y cuestionamiento, espíritu y sociedad, ironía y amargura, reflexión y revolución, poesía y filosofía. Desde hace 50 años las letras de habla hispana no pueden soslayar los siguientes versos con que se inicia y suspende, porque un poema no tiene fin sólo reposo, Piedra de sol: 
 
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
 
Impresiona la atemporalidad y vigencia de los versos pacianos, la contundencia de sus frases, sus construcciones sintácticas lapidarias. ¿Podría alguien atreverse a negar la actualidad de Piedra de sol? Si alguien cree que no tienen vigencia el amor, el erotismo, la perversidad de la condición humana y la ineficacia de las instituciones que arroje la primera piedra… pero que antes abra bien los ojos y lea Piedra de sol.