Violencia política en México. El caso de Teresa Domínguez Rivera

María Guadalupe Ramos Ponce narra el caso de Teresa Domínguez Rivera, candidata a diputada local al distrito IV en el estado de Morelos, historia compartida por diferentes mujeres que buscan, como Teresa, judicializar sus derechos....

Por: María Guadalupe Ramos Ponce

María Guadalupe Ramos Ponce narra el caso de Teresa Domínguez Rivera, candidata a diputada local al distrito IV en el estado de Morelos, historia compartida por diferentes mujeres que buscan, como Teresa, judicializar sus derechos (o, primeramente, hacerlos valer) a fin de lograr su reconocimiento en la política

Con mi agradecimiento para María Teresa Domínguez Rivera

No se puede concebir un Estado de Derecho sin la plena participación política de las mujeres y el acceso de éstas a los diversos espacios de decisión política. Mientras que las mujeres en México sigan padeciendo las desigualdades económicas, políticas y sociales, no podremos hablar de un Estado democrático.

Si bien en los últimos años se han realizado reformas legislativas que han favorecido la inclusión de las mujeres en la participación política de México, esto no significa que se hayan eliminado los innumerables obstáculos que existen para que el acceso de las mujeres en la vida política de nuestro país sea real.

Como muestra de esta realidad, comparto en estas páginas de Folios la historia de vida de María Teresa Domínguez Rivera, quien tuvo que librar una larga y desgastante lucha jurídica contra su propio partido, a fin de ser reconocida candidata a diputada local en el estado de Morelos.

He querido dejar que ella hable por sí misma, que nos narre su historia y contar con su “mirada parcial” como bien lo señala la consejera electoral en Jalisco Sayani Mozka al hacer referencia a la teórica feminista Donna Haraway (1984), quien señala que:

La realidad social son nuestras relaciones sociales vividas, nuestra construcción política más importante, un mundo cambiante de ficción. Los movimientos internacionales feministas han construido la “experiencia de las mujeres” y, asimismo, han destapado o descubierto este objeto colectivo crucial. Tal experiencia es una ficción y un hecho político de gran importancia. La liberación se basa en la construcción de la conciencia, de la comprensión imaginativa de la opresión y, también, de lo posible.

Y María Teresa Domínguez Rivera contribuye, con su relato, no solo a la comprensión imaginativa de la opresión, sino a la reflexión de que nuestro accionar, abona también a la posibilidad de un mundo mejor para todas las mujeres.

Una Historia de vida

Soy María Teresa Domínguez Rivera, nací en Cuernavaca, Morelos, estudié licenciatura en Administración Pública y maestría y doctorado en Ciencias Políticas.

Cuando tomas decisiones en la vida que te llevan a enfrentar situaciones difíciles, el seguir adelante te plantea retos que cumplir y no siempre tenemos el valor de concretarlas, sin embargo la vida siempre nos presenta condiciones diversas que atender y vale la pena buscar el camino correcto aunque ello implique vivir incertidumbre y zozobra por el futuro.

Tengo muchos años de dedicarme a la política, y he tenido muchas satisfacciones y bendiciones, pero también momentos muy difíciles que me han quitado el sueño y generan procesos de dolor que te llevan a vencer obstáculos que consideras infranqueables.

En el año 2002 fui presidenta de mi partido (PRD) en Cuernavaca, y me convencí que la ideología política que éste  abandera, es la que más cerca está de mi formación académica y cultural.

Posteriormente, en el periodo 2003-2006, fui regidora del ayuntamiento de Cuernavaca, presidenta de las comisiones de seguridad pública y protección del patrimonio cultural. Fue una agradable experiencia y trabajé arduamente en la construcción de un municipio que aportara las condiciones de igualdad mínimas requeridas en ese momento.

En el año 2006 en el proceso de selección interno de candidatas y candidatos del PRD, contendí por la candidatura del IV distrito electoral local y gané esa elección interna, aunque en el registro me la quitaron injustamente para dársela a un partido con el que íbamos en alianza.

Este hecho me creó frustración y me originó que mis deseos de pretender la participación política estuvieran siempre amenazados por esa experiencia y no estaba en mí la intención de participar como una constante, ya que me sentía insegura para la acción.

En el año 2011 salió una convocatoria para participar en la “Academia para futuras alcaldesas”, realizado por el Instituto de la Mujer para el estado de Morelos en coordinación con el National Democratic Institute (NDI). Me registré por consejo de un gran amigo aunque nunca esperé verme favorecida con la aceptación, cosa que sucedió casi de inmediato. Fue una agradable sorpresa, y cursé a partir del 8 de diciembre de ese año, los primeros días de ese proceso de capacitación.

Aprendí mucho sobre derechos humanos, ya que ese año había sido la reforma constitucional más revolucionaria de todos los tiempos en la materia, desde mi punto de vista. Hoy sé que siendo sujeta de derechos humanos puedes acceder a toda acción plena del Estado ya que está obligado a garantizar que se cumplan uno a uno esos derechos.

Hoy los artículos 1 y 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son la guía de comportamiento personal y también rigen mi actuación en el ámbito profesional como funcionaria y catedrática.

En el 2012 terminé la “Academia para futuras alcaldesas” y para esto ya el proceso electoral estaba muy avanzado y en esa selección de candidaturas me registré a todos los cargos de representación que se jugaban en ese momento, excepto para la senaduría, para la gubernatura y para la presidencia de la República. Morelos tiene elección concurrente y estaban en juego todos los cargos de representación existentes en una elección.

Ninguna de mis aspiraciones fue tomada en cuenta y en colectivo participé en una conferencia de prensa para pedir al Instituto Estatal Electoral que respetara el mínimo requerido en el código electoral, que contemplaba que ninguno de los sexos debía exceder 70 por ciento de las propuestas de los partidos políticos para cada uno de los cargos de representación, a lo que el presidente del organismo contestó que él creía en los presidentes de los partidos que afirmaban que la selección de los candidatos venían de la selección en un proceso democrático, disposición así establecida en el código estatal electoral. El proceso democrático era la decisión cupular de los grupos al interior de esos partidos políticos.

El siguiente paso fue la impugnación en el Tribunal Estatal Electoral, en la búsqueda de la candidatura por el IV Distrito Electoral del estado, una diputación local, un trámite eficiente pero cansado, revisar estrados durante este periodo se hizo obligado para conocer el desarrollo del proceso y cuidar los tiempos de respuesta en un momento dado.  A principios de mayo se da la sesión en la que este tribunal decide que no hay motivos de la impugnación y la sentencia es en mi contra. Salí desmoralizada del pleno donde los magistrados emiten el veredicto, sin deseos de continuar. Una compañera que había impugnado también el proceso me comentó debíamos dar el siguiente paso, y por consejo de compañeras y compañeros de lucha así lo hicimos, el 16 de mayo el tribunal estatal envía a la sala regional del poder judicial de la federación mi recurso y a esperar el dictamen. La campaña avanzó paralelamente y en su momento, por conducto del candidato a gobernador, me invitaron a participar en su campaña, acompañando siempre la propuesta del partido. Una propuesta de izquierda la del posteriormente nombrado gobernador Graco Ramírez.

El 22 de junio, por medio de comunicación telefónica, solicité, información a la sala regional y la persona que me atendió comentó que estaban revisando mi expediente. Fue algo que me sorprendió, ya no tenía mucha esperanza en la respuesta positiva. Ese mismo día por la noche sesionó la sala y al día siguiente, sábado 23 de junio del 2012, un amigo me llamó para decir que en las redes sociales varios periodista afirmaban que la sala había fallado a mi favor, y que yo era la candidata para el IV distrito local electoral del estado de Morelos, que fue el distrito que peleé en el JDC, juicio para la protección de los derechos políticos ciudadanos. Ese día yo trabajaba en la universidad donde soy catedrática, y llamé a mi hija, responsable de la elaboración del documento de impugnación, licenciada en derecho, para que accediera a través de la red a la consulta del expediente y encontrara la sentencia. Dos horas mas tarde me llamó y confirmó el dicho, “sí mamá”, ya eres la candidata del IV distrito. Fue una noticia muy agradable: integré mi expediente, y el domingo 24 de junio, mi suplente y yo acudimos a registrarnos al Consejo Distrital, el martes 26 el representante de mi partido impugnó dicha resolución y el 29 del mes de junio la Sala Superior ratificó la sentencia de la Sala Regional, yo era la candidata. El domingo 1 de julio ganamos la elección y fui diputada de la 52 legislatura por el periodo 2012-2015, presidenta de la Comisión de Equidad de Género. Después de la elección me impugnaron varios partidos políticos, pero la sentencia siempre fue a mi favor.

Es una historia increíble con aportaciones muy interesantes al proceso de empoderamiento de las mujeres y contribuye al entendimiento de que cuando te atreves y estableces retos, puedes ganar o perder, pero vale la pena intentarlo.

Hoy estoy satisfecha de mis logros, sigo en la lucha del reconocimiento de los derechos de las mujeres, el gobernador Graco Ramírez me designó titular de la Instancia de las mujeres en el Estado de Morelos, y sé que poco a poco avanzamos, con paso firme en la búsqueda del empoderamiento de las mujeres, reiterando que sí se puede cuando la lucha se impone se logra la justicia.

Esta es la historia de Teresa, pero seguramente es la historia también de muchas mujeres que han tenido que judicializar sus derechos a fin de lograr su reconocimiento. Sin duda, la violencia de género y la violencia política se hizo presente en todo ese andar jurídico. Su lucha refleja muy bien el disgusto que les representa a los varones la pérdida de sus privilegios.

La denegación al poder lo ejemplifican muy bien las periodistas de CIMAC en su análisis “Participación política de las mujeres Elecciones 2012”,, quienes muestran la manera en que un articulista de un periódico nacional señala: “como una forma paliativa, es necesario, a “regañadientes”, darles la oportunidad a las mujeres de participar en la política. Aunque, reconoce el autor, existe una “necedad” de ellas en participar. Existe, dice, una rivalidad entre ellas que no las deja realizar su labor”.

Pues no, no hay rivalidad entre mujeres que nos obstaculice avanzar en la política, ese es un mito que hay que desmontar. Y no, no es que nos “den la oportunidad” de participar en la política; se trata de derechos de los que fuimos despojadas las mujeres y que nos ha costado mucho trabajo su pleno reconocimiento después de un largo camino de exigencia. Y sí, sí somos necias, lo seguiremos siendo, seguiremos abonando por la construcción de un México democrático e incluyente con la participación plena de las Mujeres.

 

Bibliografía y fuentes de información

CIMAC (2012), “Participación política de las mujeres Elecciones 2012” Una mirada de género en la prensa escrita de México.

Donna Haraway (1984), Manifiesto Ciborg El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado, en http://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/beatriz_suarez/ciborg.pdf, consultado en abril de 2016.