Una década de comicios municipales

La influencia de la elección federal puede ser mayor y más evidente en la competencia por el gobierno de la entidad

Por: Luz Lomelí Meillón
 
En Jalisco, los comicios locales del año 2006 tienen como referente el funcionamiento de un sistema electoral competitivo a partir de los años noventa, y dos períodos consecutivos de gobiernos panistas en la entidad. Por segunda ocasión se organizan como elecciones concurrentes; es decir, simultáneas a las elecciones federales.
 
Estas últimas, en el 2006, incluyen la renovación de la Presidencia de la República y se desarrollan en un marco de polarización social expresado en un grado muy alto de competitividad electoral y en un manifiesto desacuerdo entre los agentes económicos, los actores sociales y los políticos; circunstancias que empañan el proceso, radicalizan las posiciones y dificultan los acuerdos.
 
Ante esta situación se plantean dos cuestiones sobre el espacio jalisciense: en la década transcurrida después de la alternancia en el gobierno del estado, ¿cómo se ha transformado el ámbito electoral? y ¿cómo influyó la contienda presidencial en los comicios locales? 
 
El interés se centra en el estado de Jalisco. La influencia de la elección federal puede ser mayor y más evidente en la competencia por el gobierno de la entidad, pero la escala estatal sitúa en el primer plano a las tendencias dominantes, en tanto que desdibuja a las emergentes. Por ello se elige el nivel municipal.
 
Se considera que en él se manifiesta, con mayor precisión, la pluralidad existente, las fuerzas emergentes y los cambios en las preferencias electorales.
 
Con el propósito de indagar sobre las cuestiones señaladas, se comparan las cinco elecciones municipales comprendidas entre 1995 y 2006 con los siguientes indicadores: distribución de la votación; partidos que asumen gobiernos municipales y alternancias partidarias.
 
Distribución de la votación
 
En el conjunto de los cinco comicios señalados han participado veinte partidos, pero sólo cuatro de ellos tienen presencia constante, gobiernan municipios y acceden con regularidad a la Cámara Legislativa. Dos de ellos son de reciente factura, el Partido de la Revolución Democrática (PRD 1989) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM 1993). 1
 
Los otros dos, Acción Nacional (PAN 1939) y Revolucionario Institucional (PRI 1946) forman parte de la génesis de la sociedad jalisciense durante el siglo XX; por lo que se encuentran bien posicionados en las preferencias electorales de los habitantes del estado.
 
Esta circunstancia incide en forma directa en la captación de los votos. La concentración del sufragio en el PAN y el PRI, los posiciona como partidos mayoritarios con capacidad de triunfo en todos los niveles: presidencias municipales, gobierno del estado y legislativo; y a los otros dos, como partidos minoritarios con capacidad de triunfo en el nivel municipal y obtención de curules por la vía de la representación proporcional.
 
Los demás partidos son también minoritarios, pero para efectos de comparación se les agrupa en la categoría “otros” porque debido a su escasa votación perdieron el registro o sus triunfos municipales son mínimos. El último criterio corresponde al Partido del Trabajo y al Partido Convergencia.
 
El primero ganó el municipio de Tuxpan en 1995 y los municipios Cabo Corriente y Tuxcueca en 1997. Convergencia triunfó en Pihuamo en el año 2000. En el mismo rubro, se incluyen a los partidos que por vez primera compitieron en 2006 sin obtener ninguna presidencia municipal.
 
El porcentaje de la votación estatal que obtienen los partidos en 2006 son: PAN, 44 por ciento; PRI, 37; PRD, 10; PVEM 3 y Otros, 5. Al compararlos con la distribución porcentual dada en las elecciones pasadas se observa un patrón estable para el PAN y el PRI (cfr. cuadro1 en anexo 1).
 
El primero oscila en un rango que va del 40 al 45 por ciento con excepción de la elección de 1995, donde alcanzó el 53. El PRI se mantiene entre el 37 y el 41 por ciento, incluyendo los comicios de 2006.
 
Lo anterior indica que en el nivel municipal no incidió la adversidad que caracterizó la contienda presidencial de este partido. De igual forma ratifica la igualdad de la fuerza electoral de los partidos mayoritarios y la fidelidad del sufragio príista en la entidad en el nivel señalado (Lomelí, 2001).
 
Los porcentajes del PRD y el PVEM varían mucho de una elección a otra, aunque suelen elevarse en los comicios intermedios. En el 2006, el porcentaje perredista se incrementó del 5 al 10 por ciento en detrimento del PVEM y sin afectar a los partidos mayoritarios. La serie de comicios que se comparan muestra que, al menos en cinco de los municipios donde triunfa, se orientan votos opositores hacia el PRD, posiblemente como efecto de la campaña presidencial.
 
Gobiernos Municipales
 
Al traducir el sufragio en triunfos electorales, la concentración del mismo en los partidos mayoritarios, confiere a éstos entre el 88 y el 93 por ciento de los gobiernos municipales. 2 Su distribución favorece siempre al PRI excepto en los comicios del 2006. Estos le reportaron el número menor de presidencias municipales durante el transcurso de su historia local.
 
A la inversa, en esos comicios, el PAN eleva en forma considerable la cantidad de gobiernos municipales. Las cifras otorgan el triunfo al PAN en sesenta y tres municipios; al PRI, en cuarenta y seis, al PRD en diez y al PVEM, en cinco 3 (cfr. cuadro 2 en anexo 1).
 
En la serie analizada, al comparar el sentido del voto, se observa que en once municipios, habitualmente gobernados por el PRI, Acción Nacional triunfa en los comicios de 2006 4 .
 
El dato permite plantear la hipótesis de que este cambio de orientación del sufragio es, cuando menos en parte, un efecto de la contienda presidencial y que posiblemente se deba a los conflictos internos del PRI o a la estrategia del “voto útil”a favor de Acción Nacional.
 
El incremento de municipios ganados por el PRD puede ser también un efecto de la contienda presidencial: un ascenso motivado por el auge de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.
 
Esta influencia es más marcada en los cuatro municipios gobernados en forma habitual por el PRI y donde el PRD triunfa por vez primera en el 2006. Estos son Acatlán de Juárez, Casimiro Castillo, Poncitlán y San Sebastián del Oeste. En ellos existe la posibilidad del voto útil emitido a favor del partido del Sol. 
 
Alternancia partidaria
 
En la mayoría de los municipios de la entidad se ha dado la alternancia partidaria. Sólo en Tolimán, Bolaños y San Cristóbal, el PRI conserva el gobierno en forma constante; y a partir de 1995, Acción Nacional mantiene la presidencia municipal en Guadalajara, Tepatitlán de Morelos, Jalostitlán y Santa María del Oro; por lo que puede considerarse que dentro del período que se analiza (1995–2006) en estos siete municipios no se da la alternancia.
 
También es posible identificar los sitios donde predomina un partido de aquéllos que experimentan alternativas partidarias. Para ello se utiliza como indicador el hecho de que un mismo partido detente la presidencia municipal durante cuatro de los cinco períodos considerados, incluyendo el que inicia con el triunfo en 2006.
 
Los partidos mayoritarios son los que cumplen con este criterio: treinta gobernados por el PRI y veintidós por el PAN, en conjunto representan el 26 por ciento de los municipios jaliscienses. En el resto se da con frecuencia la alternancia entre diferentes partidos, según la región y el año.
 
La ubicación territorial de los triunfos permite detectar las zonas de mayor fortaleza de los partidos mayoritarios. Las de Acción Nacional se localizan principalmente en la Región Centro y en la Región de Los Altos, en especial en Los Altos Sur (cfr. cuadro 3 en anexo 1).
 
La importancia de la Región Centro radica en que contiene la capital del estado y concentra a la mayor parte de la población. En ella, los municipios fortaleza del PAN son Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Zapotlanejo. El área se extiende al contiguo municipio de Tequila, limítrofe con Zapopan, pero perteneciente a la Región de Los Valles.
 
En la Región Altos Sur, el PAN ha gobernado, al menos cuatro de los ciclos municipales en ocho de los once que lo integran. En dos de ellos, como se indicó, lo conserva en forma continua. De esta forma, la región de Los Altos constituye un bastión de Acción Nacional sustentado en la fortaleza de los municipios mencionados, aunque el PRI gobierna Teocaltiche y Unión de San Antonio; y en Ojuelos, el PRD asume por tercera vez el gobierno municipal.
 
En el conjunto de sus dos bastiones, Centro y Altos, Acción Nacional gobierna en el nivel municipal al 56 por ciento de la población del estado.
 
Los restantes municipios donde el PAN triunfa en cuatro comicios, se localizan en antiguos bastiones del PRI, como Colotlán y Santa María de los Ángeles en la Región Norte, Santa María del Oro en la Región Sureste, Unión de Tula en la Región Sierra de Amula. A éstos se añaden Tequila, Ciudad Guzmán, Gómez Farías y Tonila. 
 
El escenario para el PRI es diferente al de su principal competidor. Las elecciones celebradas en los años noventa develaron el ascenso progresivo de Acción Nacional, pero también la fortaleza electoral del PRI que se expandía por todo el territorio de la entidad, incluyendo la capital.
 
El voto rural era sustento de su fuerza electoral y legislativa, a pesar de sus opositores en la capital y en algunas ciudades del interior. La comparación de los comicios que se analizan muestra que el porcentaje de su votación se mantuvo entre el 37 por ciento y el 41 y el número de triunfos municipales siempre fue superior a 60 y mayor que los del PAN.
 
El abrupto descenso de presidencias municipales logradas en los comicios concurrentes a la elección presidencial (46) no responde al escenario ni a la dinámica de la entidad, como lo muestra el porcentaje de votos que obtuvo en las contiendas municipales (37 por ciento), este se mantuvo dentro del rango que prevalece durante todo el período y lo mantiene competitivo, a pesar de un contexto que le es adverso por el descontento de amplios sectores de la población ante actitudes y hechos de algunos gobernantes y funcionarios, el rechazo a la corrupción y al autoritarismo del régimen político y la expectativa generalizada de “un cambio”. Circunstancias todas que orientan los votos en su contra y a favor de su principal competidor, el PAN.
 
La comparación de los cinco comicios, como se ha señalado, aporta indicios de un éxodo de votos priístas hacia Acción Nacional durante las elecciones municipales celebradas en 2006.
 
Al dato señalado, se suma el hecho de que treinta de los triunfos del PAN durante la segunda elección concurrente (2006) provienen de municipios administrados por el PRI durante el período anterior (2003-2006) y en la mitad de éstos, dicha responsabilidad la ejerció el Revolucionario Institucional en tres o más de los ciclos municipales estudiados; pero también en veintidós de los municipios ganados por el PRI, la administración anterior fue panista; por tanto, el cambio en la orientación del sufragio puede tener influencia de la competencia presidencial pero, en buena medida, obedece a la oscilación del llamado voto volátil; es decir, el sufragio que no siempre se orienta a un determinado partido sino que oscila entre un delimitado abanico de preferencias. Este suele expresarse como “primera, segunda y…opción”.
 
Por otro lado, el PRI conserva el predominio en algunos municipios de sus antiguos bastiones (cfr. cuadro 4 en anexo 2) Su número es superior a los de Acción Nacional, pero su densidad demográfica es baja y tiende a disminuir por la migración. En consecuencia, el número de sus habitantes se reduce a 307 mil 968 5  que representan el 6 por ciento de la población total de Jalisco.
 
La presencia de los partidos minoritarios es muy reducida, pero entre ellos destacan el PRD y el PVEM por las razones expresadas con anterioridad: participan en forma constante en las contiendas electorales y captan el monto de votos necesarios para triunfar en algunos municipios y para obtener curules en la Cámara de Diputados por la vía de la representación, los dos son partidos nacionales que participan en el Legislativo federal y en varios locales. El PRD es una fuerza nacional con capacidad de disputar la presidencia de la República.
 
Por su actividad en el ámbito local y nacional, son fuerzas político-electorales emergentes dentro de la entidad. El ascenso del PVEM es más reciente en el escenario jalisciense, pero la trayectoria del PRD lo posiciona como una tercera opción para algunos segmentos de la población, sobre todo al interior del estado (cfr. cuadro 5 en anexo 3).
 
Su presencia en la Cámara los sitúa en la posibilidad de establecer alianzas o inclinar la votación según las distintas conformaciones de la misma. Por ello, son partidos que “cuentan” en la definición del formato de partidos, y los dos deben ser incluidos como “significativos”, de acuerdo al sentido que le da Giovanni Sartori. 
 
El escenario electoral en Jalisco
 
En el transcurso de poco más de una década, el escenario político electoral jalisciense se transformó de tal forma que la antigua diferenciación entre el voto urbano y el voto rural, que lo caracterizaba a mediados de los años noventa, ya no es aplicable; pero el cambio más importante es el de las posiciones: partido gobernante y oposición más fuerte.
 
La inversión de los términos durante dos sexenios consecutivos influye en la dinámica electoral, en la percepción de los ciudadanos y en el equilibrio de fuerzas locales.
 
Se conserva la tendencia a prevalecer la orientación hacia el PAN en el voto urbano; pero sus triunfos se expanden por las diversas regiones del estado. La capital del estado y los Altos de Jalisco se consolidan como los bastiones que sustentan su poder y lo proveen de sufragio; pero aún existen municipios en diferentes regiones del estado, donde Acción Nacional no es una opción atrayente.
 
Es el caso de Ojuelos, en los Altos de Jalisco, donde tres veces ha triunfado el PRD y dos el PRI; la Manzanilla de la Paz, en la Región Sureste, donde ha triunfado el PT, dos veces el PRD y otras dos el PRI; y San Cristóbal de la Barranca, en la Región Centro, donde en todas las ocasiones gana el PRI. Los ejemplos mencionados sirven para ilustrar cómo segmentos de la población permanecen fieles al PRI o buscan otras opciones. 
 
El PRI se convirtió en el partido opositor con mayor poder, pero esta posición lo sitúa en desventaja en la competencia electoral. Perdió su predominio en el área rural, pero se mantiene como una fuerza competitiva en todo el territorio de la entidad, incluyendo la capital, y con capacidad de obtener el triunfo en todos los niveles electorales.
 
Esto es así porque, además de un electorado que permanece fiel a pesar de los contextos adversos, se encuentra posicionado como la primera o la segunda opción de la mayoría de los electores que emiten voto volátil.
 
Uno de los posibles factores que contribuyeron a la transferencia de votos priístas hacia Acción Nacional, aun en el nivel municipal, es una cultura jalisciense con raíces históricas que asocia “izquierda” con anticlericalismo y un imaginario social ampliamente compartido que ve a “la izquierda” como “un mal” y “una amenaza”.
 
Por eso, “la campaña del temor” promovida por el PAN encontró un eco propicio en la entidad y sumó votos para ese partido en los diferentes niveles electorales.
 
Los partidos minoritarios PRD y PVEM no han logrado penetrar el área metropolitana ni en la Región de Los Altos, baluartes del PAN, con excepción del municipio Ojuelos que, como se indicó, sufraga en forma mayoritaria a favor del PRI o del PRD, y de San Miguel El Alto, localizado en dicha región, donde triunfó el PVEM en el año 2003.
 
Tampoco tienen presencia en la Región Norte, baluarte del PRI. En las demás regiones su fuerza se encuentra focalizada en algunos municipios, en particular en la Región de los Valles (cfr. cuadro 5 en anexo 3) La presencia y la capacidad de obtener votos del PRD son más amplias y de mayor magnitud que la del PVEM; pero por las razones antes señaladas, los dos son parte del formato de partidos jalisciense.
 
Éste pasó, de ser bipartidista a ser de un pluralismo moderado, con un dinamismo bipartidista donde los contendientes varían de acuerdo al nivel de la contienda (municipal, distrital o estatal) y a la pluralidad existente en las diversas regiones. Sin embargo, el adversario siempre presente es el PRI, con escasas excepciones.
 
El estado se caracteriza por un alto nivel de competitividad y también por una alta participación electoral. Esta última muestra una tendencia descendente, pero se conserva por encima del promedio nacional.
 
ANEXO 1  
 
 
  
 
 
 
ANEXO 2
 
 
 
ANEXO 3
 
 
 
Citas
  1. Para todos los partidos políticos se considera la fecha a partir de la cual asumen el nombre con el que compiten en los comicios analizados. En el texto se nombrarán en forma indistinta por su nombre o por sus siglas.
  2. En el municipio de Tuxcueca se dio un empate entre el pan y el pri con 622 votos cada uno. En el momento de escribir este texto, el caso no se encontraba resuelto, por lo que no se le incluye en el análisis.
  3. El número de municipios en el estado de Jalisco aumentó a 125 con el reconocimiento de San Ignacio Cerro Gordo que se desprende del de Villa de Guadalupe por decreto oficial; pero la suma de municipios permanece en veinticuatro en espera de la resolución del caso del municipio Tuzcueca.
  4. Los municipios a los que se hace referencia son los siguientes: San Juanito de Escobedo, Degollado, Hostotipaquillo, Mezquitic, Mixtlán, Tamazula de Gordiano, Tenamaxtlán, Tonalá, Tuxcacuesco, Unión de San Antonio, Zapotiltic.
  5. Datos del INEGI, 2005.

 


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