Proteccionismo de la ciencia en México

El desarrollo general de las políticas de ciencia y tecnología en nuestro país no han atinado a definir sus objetivos

Por: Alfonso Islas Rodríguez

La ciencia y tecnología son esenciales para el desarrollo económico, político, social y cultural de un país. Esta noción quedó muy clara, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.

A partir de entonces, en aquellos países en donde ha existido una efervescencia por el desarrollo de estos ámbitos, se ha demostrado, a mediano plazo, digamos veinte años, su eficacia en la producción de bienestar social y económico, por ejemplo, la Comunidad Europea, Japón y, más recientemente, Corea y China.

La necesidad del Estado de manejar dichos avances por medio de la institucionalización de la ciencia y su desarrollo en todos los ámbitos de un país, comenzó en los arriba mencionados a ser importante. Es por lo anterior que se consideró la oportunidad de crear los Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología en América Latina.

México no fue la excepción. Aunque existen vastos antecedentes sobre su ciencia y tecnología, se institucionaliza formalmente, bajo decreto presidencial, en 1970, a través de la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT)[i].

No obstante lo anterior, el desarrollo general de las políticas de ciencia y tecnología en nuestro país no han atinado a definir sus objetivos.

Al principio, bajo los gobiernos posrevolucionarios se enfatizó la importancia de los modelos económicos en donde la industrialización por sustitución de importaciones era bien vista.

Ya en los ochenta, la influencia neoliberal en México llegó para quedarse. Como consecuencia, los principios que dieron origen al CONACyT se desvirtuaron en aras de un modelo sometido al gran capital, en donde se ha beneficiado preferentemente a empresas transnacionales.

Como evidencia reciente, el  CONACyT ha anunciado el reemplazo del Programa de Estímulos Fiscales a Empresas, por considerar que  éste ha beneficiado solamente a las transnacionales.

A petición de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se sugiere un nuevo plan que apoye a las pequeñas y medianas empresas, privilegiando los vínculos con universidades (La Jornada, 11 de enero de 2009).

La ciencia básica ha sufrido esta confusión, traducida en menos apoyos. Para paliar lo anterior, en 1984 se crea el Sistema Nacional de Investigadores[ii], con lo que en realidad se produjo el establecimiento del control de grupos de científicos que se han dedicado a establecer un proteccionismo sui géneris.

Por lo anterior, el comportamiento de los indicadores de ciencia y tecnología ha sido errático y, sobre todo,  no han promovido el esperado bienestar social y económico.

En el contexto del país en ruinas descrito, en donde afuera de la ciencia, también cada miembro de la sociedad  “jala” para su lado sin una idea social que dé coherencia, pertinencia o, al menos, una mínima lógica del tan mencionado bien común de los ideólogos del partido en el poder, diversos grupos, entre los que sobresale el gremio científico, acuden al proteccionismo para sobrevivir.

El término se ha aplicado a actividades específicas entre países. Se entiende por proteccionismo al sistema que protege, por ejemplo, a la agricultura, el comercio o la industria de un país frente a la competencia de otro, que por supuesto es más eficiente que el que decide protegerse; se trata entonces de un acto soberano.

Desde luego, encuentro atractiva la idea de extender el concepto hacia las actividades llevadas a cabo dentro de una nación que, aunque legítimas en principio y por supuesto entendida como una práctica justa para unos, es muy injusta para el resto. Tiene por objeto el beneficio de un grupo de personas que, cuando es numeroso, se convierte en causa y cuando son pocos, en una felonía.

Me refiero al asunto de proteccionismo interno como una hinchazón patológica del tejido social ante la mencionada carencia de recursos suficientes para el buen funcionamiento de la ciencia en México.

Como se puede ver en el cuadro, aun cuando la recomendación de la Organización del Comercio para el Desarrollo (OCDE)[iii] de invertir por lo menos el 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), México, como hemos mencionado, sólo dedica la tercera parte de lo recomendado, sin decir que países como Suecia destinan hasta el 4 por ciento.

La deprimida inversión histórica para la ciencia y la tecnología en México, de acuerdo al PIB, ha enfatizado esta actitud proteccionista de los grupos de científicos hegemónicos en detrimento de la ciencia como motor nacional.

Esta destructiva situación no tiene visos de cambio. Lo más probable es que el gobierno destinará en 2009 sólo el 0.35 por ciento del PIB al rubro de apoyo a la ciencia, principalmente por conducto del CONACyT.

España, apartir del pacto de la Moncloa ha dedicado crecientes montos superiores ya al 1 por ciento deseable, y los efectos están a la vista. En México no ha sido así.

Lo anterior podria hacerse con una fracción de los dólares de la reserva del Banco de México. De hecho los casos mencionados de países como Corea y China, que invirtieron en ciencia de manera sistemática desde hace treinta años, les han producido un despegue notable en su ciencia y tecnología.

Así, el CONACYT queda dujeto a un presupuesto ínfimo que provoca jaloneos en todos los niveles, que me permito explicar a continuación.

El CONACYT hapreferido, al menos en principio, formar comités de pares, es decir, científicos en vez de burócratas calificando a científicos que aprueban el apoyo económico a proyectos de investigación propuestos por las universidades e instituciones de investigación.

Sin embargo, el primer signo de hinchazón del tejido científico es notable cuando el poco recurso económico no alcanza para todas las propuestas de calidad.

Por ejemplo, en el fondo sectorial de salud del año 2004, la comunidad científica solicitó apoyo a seiscientos proyectos de investigación biomédica, pero por la consigna proteccionista debida a la limitación presupuestal, se aprobó, en principio, sólo para doscientos. Dos de cada tres fueron rechazados en la primera etapa, no necesariamente por impertinentes sino porque no alcanzaría el recurso para todos los pertinentes.

Casualmente, esa proporción es la que le hace falta invertir al gobierno para que los seiscientos proyectos que necesitan apoyo pasaran la mencionada primera etapa de pertinencia y quedaran listos para el segundo filtro más cerrado que el primero que anulará los proyectos que no tengan calidad, de manera que si, como marca el criterio internacional, se invirtiera el 1 por ciento del PIB, se evitaría este primer conflicto edematoso, que crea enemigos sin necesidad; se evitaría de manera profiláctica, y podríamos, como país, ponernos metas más altas en ciencia.

Lo anterior obliga a los comités de pares a priorizar. Lo escaso del dinero en el presupuesto del sector y los anunciados recortes para 2009 pueden obligar a pensar a los miembros de un comité, más que en la calidad de la propuesta de un proyecto, en protegerse.

El proteccionismo entre científicos deja de ser legítimo y aparece como la acción de favorecer propuestas del grupo al cual se pertenece en perjuicio de propuestas igualmente valiosas, pero de grupos a los que no se pertenece.

Lo anterior adquiere con frecuencia tintes canallescos y es una característica que sucede cotidianamente bajo las circunstancias descritas, pero nadie se atreve a hablar de ello.

En una política de investigación para el desarrollo del país no debería existir el proteccionismo, que beneficia sólo a los grupos de influencia establecidos.

Una política de investigación para el desarrollo integral para México, requiere presupuesto suficiente para que el cuerpo orgánico, es decir, todos los grupos de investigación de los estados de la república tengan oportunidades iguales de obtener apoyo para llevar a cabo sus planes de generación de conocimiento nuevo que lleve a cada región a aplicarlo a los principales problemas de salud pública en beneficio de la sociedad.

Se podrían así generar nuevos medicamentos y patentes originales que permitieran no depender tanto de los países del primer mundo.

El primer paso para la curación del enorme edema funcional de la ciencia en México sería el reconocimiento de lo anterior, de manera abierta y propositiva, sin venganzas ni malos sentimientos, con una visión higiénica que hiciera disminuir la hinchazón de la exacerbada actividad de sólo algunas células, pero no del tejido y menos del órgano científico del país.

PORCENTAJE DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO (PIB) DESTINADO AL GASTO FEDERAL EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA, 1980-1999

AÑO

PRODUCTO INTERNO BRUTO (PIB)

1980

0.41

1981

0.43

1982

0.39

1983

0.30

1984

0.35

1985

0.33

1986

0.34

1987

0.27

1988

0.25

1989

0.25

1990

0.28

1991

0.33

1992

0.32

1993

0.37

1994

0.41

1995

0.35

1996

0.35

1997

0.42

1998r/

0.47

1999

0.41

 

 

Notas: Cifras revisadas por la fuente.

Fuentes: SPP, Cuenta de la Hacienda

Pública Federal, 1980-1991 / SHCP,

Cuenta de la Hacienda Pública Federal,

1991-1999 / INEGI, Sistema de Cuentas

Nacionales de México.

Cuadro elaborado con base en las

fuentes anteriores y retomadas por

el Consejo Nacional de Ciencia y

Tecnología (conacyt). Elaboración

personal con base en datos del

conacyt. CD Rom de Índice de Ciencia

y Tecnología 1990-1999, y su anexo

estadístico 1980-1999.

Agradecimiento a Paola Grisel García

Santillán, de la Universidad del Estado

de México, por haber proporcionado

estos datos.

 

 

Bibliografía

[i]

CONACyT (1976), Plan Nacional Indicativo de Ciencia y Tecnología, CONACyT, México.

------(1978), Programa Nacional de Ciencia y Tecnología 1978-1982, conacyt, México.

------(1984), Estudio de la estructura del sistema científico mexicano, Serie de Estudio 1, conacyt, México.

------(1991), “Asignación de recursos a la ciencia 1991”, Comunidad CONACyT, México.

------(1993), Informe bianual 1991-1992, CONACyT, México.

------(1996a), Indicadores de las actividades científicas y tecnológicas 1996, CONACyT, México.

[ii]

(1996b), Programa de ciencia y tecnología 1995-2000, CONACyT, México. http://www.conacyt.mx

------(1999), Ley para el Fomento de la Investigación Científica y Tecnológica, CONACyT, México.

------(2000a), ¿Qué es el CONACyT?, CONACyT, México.

------(2000b), Indicadores de actividades científicas y tecnológicas 1990-1999, CONACyT, México.

------(s/f), CD Rom de Índice de Ciencia y Tecnología 1990-1999,y su anexo estadístico 1980-1999.

[iii]

OECD in Figures. S1. Statistics of Members Countries. 2005. París Centre 2, rue André-Pascal, 75755, Paris

Cedex 16: www.oecdbookshop.org

 


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