La Cultura como generador potencial de desarrollo para Jalisco

Como antes, sigue siendo cierto que los símbolos más representativos de la cultura nacional están aquí, en Jalisco

Por: Raúl Padilla López

LA CULTURA COMO GENERADOR POTENCIAL DE DESARROLLO PARA JALISCO

La historia reciente del panorama cultural mexicano ha tenido agentes fundamentales para el impulso, posicionamiento y desarrollo del arte y la cultura del país, dentro y fuera de éste. Uno de ellos es Raúl Padilla López, protagonista del acontecer cultural en México durante las dos décadas más recientes. A lo largo de su trayectoria, Raúl Padilla López ha sido rector de la Universidad de Guadalajara (1989-1994) y diputado plurinominal durante la LV Legislatura del Estado de Jalisco (1998-2000). También, ha recibido la Condecoración Cruz de Sant Jordi, la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica y la Medalla Filmoteca de la UNAM, por su labor en el fomento de la cultura y su preocupación por mantener las relaciones iberoamericanas.

Actualmente preside el Consejo Directivo de la Fundación Universidad de Guadalajara A.C.; de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara; del Fideicomiso para el Centro Cultural Universitario; del Patronato del Festival

Internacional de Cine en Guadalajara; y del Consejo Consultivo de Cultura de la Universidad de Guadalajara; situación que lo convierte en una voz autorizada en los ámbitos de la gestión cultural a favor del libro y la lectura, así como de la industria fílmica en México; contexto que de igual manera ha generado una diversidad de perspectivas acerca de la administración de la cultura en Jalisco y sus condiciones de desarrollo dentro de las comunidades universitarias, artísticas, políticas, económicas y sociales en el estado.

Folios ofrece a sus lectores la presente disertación sobre la promoción y difusión cultural en Jalisco durante los cinco lustros más recientes, como un puente entre los diferentes nodos del quehacer cultural contemporáneo, incluida para la reflexión, discusión y análisis de nuestros lectores.

El texto tiene el mérito de recoger, a grandes trazos, la manera de pensar que ha orientado la acción y las decisiones de un destacado impulsor de la vida cultural en Jalisco y en México. Además, nos ofrece una visión general acerca de las posibilidades de la cultura concebida como factor crucial para fomentar el desarrollo económico de nuestra entidad. Vale la pena tomarlo en serio en la medida en que, según las propias palabras de Padilla López, han encontrado sus límites las estrategias del pasado centradas en la agricultura, la industria tradicional o las maquiladoras. Es tiempo de volver nuestra mirada a la cultura y a sus conexiones con la economía y la vida pública.

Palabras de Raúl Padilla López pronunciadas en la entrega del reconocimiento del Congreso del Estado de Jalisco por su labor en la promoción y difusión de la cultura en Jalisco, el 19 de marzo de 2010.

 

Junto con el decidido apoyo a la educación, lo mejor que una sociedad y sus gobiernos pueden hacer es impulsar la cultura. Las grandes ciudades en el mundo, cada vez más, tienen en la infraestructura y la oferta cultural su principal motor de desarrollo económico y social.

En el caso de nuestro país, y más particularmente en nuestro estado, la cultura puede ser uno de los mejores instrumentos para nuestro futuro desarrollo económico y social, y muy especialmente las industrias culturales.

Recordemos que actualmente éstas aportan arriba de 7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a nuestro país y dan empleo a casi 5 por ciento de la población económicamente activa. Son industrias que generan alto valor agregado y las que más contribuyen a la distribución de la riqueza.

Para Jalisco impulsar la cultura es parte de nuestra viabilidad económica. Somos uno de los estados de la República (quizás el que más), con la mayor historia y tradición cultural del país.

Nuestro estado siempre es referente y presencia de la cultura mexicana; su rica historia, junto con su riqueza natural y humana, lo convirtieron en la capital cultural del occidente de México, y más aún, de la mexicanidad misma. Como antes, sigue siendo cierto que los símbolos más representativos de la cultura nacional están aquí, en Jalisco.

En especial, en este estado podríamos hacer de esa fortaleza nuestra principal palanca de desarrollo. Históricamente Jalisco ha sido uno de las entidades con mayor progreso económico y social del país.

Sin embargo, debemos reconocer que los principales instrumentos de nuestro desarrollo del pasado han dejado de tener vigencia. No sobra recordar que hasta mediados del siglo pasado, Jalisco basaba su economía en la actividad agrícola.

Durante casi todo su trayecto histórico, Jalisco fue un importante productor agroalimentario, ganando así el mote de granero del país. La comercialización de estos excedentes agropecuarios y su excelente ubicación geográfica hicieron de Guadalajara el centro comercial por excelencia de la región centro-occidente del país.

Ello permitió que a mediados del siglo pasado y durante varias décadas, Jalisco desarrollara una de las plantas industriales más dinámicas y exitosas del país, ubicando a nuestro estado a la cabeza de la mayoría de los indicadores nacionales.

Tenemos que lamentar que estos factores de desarrollo desaparecieron y no serán más nuestros principales activos de progreso a futuro. De haber sido uno de los primeros, ahora Jalisco se encuentra en el lugar número 13 relativo a la aportación al PIB per cápita de los estados del país.

Con los cambios globales generados en los ochenta, el campo mexicano se desplomó y Jalisco es uno de los estados que más lo han padecido y eso en parte explica por qué somos el estado con mayor número de migrantes en Estados Unidos.

Más de dos y medio millones de personas han emigrado a esa nación en los últimos 25 años. Podremos aspirar a la autosuficiencia agroalimentaria, pero difícilmente será la producción agrícola nuestro primordial impulso y fortalecimiento del desarrollo a futuro.

La otrora poderosa planta industrial que nos permitió contar con algunas de las empresas más sólidas del país en los años 50, 60 y 70 no resistió la conversión de nuestra economía a la sustitución de importaciones, provocando la pérdida del enorme dinamismo que venía registrando.

Por otro lado, el desarrollo maquilador, que durante años evitó que la desaceleración industrial tuviera mayores consecuencias, junto con las ofertas de las economías emergentes como China, Hong Kong, India, Singapur y Taiwán, entre otras, también dejó de ser una de nuestras alternativas de desarrollo.

Ante tal escenario, el reto radica en identificar las nuevas oportunidades. Lo he dicho en otras ocasiones, y me permito insistir en la importancia de cultivar el talento y la infraestructura cultural, además del reconocido atractivo turístico e histórico de nuestro estado, para reconvertir a Jalisco en una entidad vigorosa, cuyo desarrollo económico y social sea firme y continuo. 

Nuestro estado tiene muchos activos propios para la recuperación del empleo y el crecimiento económico. Gozamos de un clima y una situación geográfica privilegiada.

Nuestra identidad histórica y cultural representa un atractivo muy especial para los visitantes. Jalisco es amplio y diverso en climas, paisajes, poblaciones y modos de hacer arte y cultura.

En particular, considero que los servicios e industrias culturales pueden hacer de nuestro estado un paradigma nacional del desarrollo social.

En una ocasión escuché a Carlos Fuentes decir que México podría salir del tercer mundo apoyándose en su cultura de primer mundo. Creo que esta aseveración, vigente en mi opinión, es válida para nuestro estado. Veo a Jalisco como una inagotable fábrica de inspiración y talento artístico de alta calidad.

Nuestro estado ha sido cuna de algunos de los más célebres exponentes de las bellas artes del país. Aquí nacieron los escritores Juan Rulfo, Juan José Arreola y Agustín Yáñez; de Jalisco son José Clemente Orozco, Juan Soriano y María Izquierdo, así como los arquitectos Luis Barragán y Fernando González Gortázar; los músicos Blas Galindo, José Rolón y Pablo Moncayo y el cineasta Guillermo del Toro.

En razón de las anteriores reflexiones he concentrado mi trayectoria laboral en la promoción cultural y artística en nuestro estado. A lo largo de los años he tenido el gusto de participar y encabezar diversos proyectos de esta naturaleza, realizados gracias al esfuerzo de muchos jaliscienses, universitarios en su mayoría.

La Feria Internacional del Libro (FIL), que en sus 23 años se ha consolidado como la más importante del mundo de habla hispana, se hizo realidad gracias a un equipo humano de primer nivel.

Cuando la FIL fue creada, la industria editorial mexicana vivía una crisis sin precedentes que no auguraba buenos resultados. Muchos editores y profesionales del libro insistían en que era descabellado fundar una feria del libro en ese clima de depresión del mercado editorial y de encarecimiento de los libros, sobre todo los importados.

A pesar de eso, los impulsores de la FIL logramos convencer a todos los actores involucrados para apoyar el proyecto que ahora nos distingue.

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara, cuya edición número 25 se realizó este 2010, fue creado con el propósito de rescatar a la industria cinematográfica que, como la editorial, se encontraba en plena decadencia.

Hablo de los años 80, situación dramática después de haber vivido el auge de la época de oro del cine mexicano durante las décadas de 1940 y 1950.

En ese ambiente deteriorado de la industria cinematográfica surgió la que entonces se inició como la Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara, ante opiniones que auguraban, similarmente a la FIL, que el intento sería vano.

Hoy por hoy, el festival se ha convertido en el más importante de América Latina, con el mercado iberoamericano más sólido de material y una importante contribución al crecimiento y desarrollo de la industria cinematográfica nacional. Esto ha sido posible, sin duda, gracias a la perseverancia de cientos de personas que han confiado en el proyecto.

Otras iniciativas similares en las que he tenido el honor de participar son el Premio de Literatura Juan Rulfo –hoy premio FIL de literatura en Lenguas Romances– la Cátedra Julio Cortázar, el Centro Cultural Universitario, y el Centro Educativo y Cultural en Los Ángeles, California, ciudad en la que por cierto radican cerca de millón y medio de jaliscienses, de los cuatro millones de personas de origen mexicano que residen en este centro urbano.

Todos estos proyectos tienen en común el compromiso con el desarrollo cultural y han sido propuestas desafiantes, construidas a partir de cero, y las hemos visto crecer con el esfuerzo de muchos y el gusto y la convicción de emprender nuevas avenidas de desarrollo, colaboración y aprendizaje colectivo.

Sigo y deguiré manteniendo la plena convicción de la cultura como generador potencial de desarrollo para Jalisco, e igualmente confío en que sabremos aprovechar toda la amplia gama de posibilidades que ofrece. Soy de la convicción de que si invertimos en el conocimiento, dándole a nuestro estado una vocación cultural, pronto veremos mayores frutos.


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