Guadalajara y sus pretensiones criollas. Entrevista a Carlos Monsiváis

El autor de "Escenas de pudor y liviandad" reflexiona sobre la capital jalisciense, realiza un diagnóstico de la vida cultural tapatía y delimita los diversos retos que aún tiene la otrora perla de occidente

Por: Moisés López Rosas

La presente es una versión de la entrevista que Moisés López Rosas (1973-2002) realizó a Carlos Monsiváis (1938-2010) en 1998, publicada el 26 de octubre de ese mismo año en La Brecha (núm. 53, pp. 5-7), suplemento de cultura política del periódico El Occidental.

Al paso de los años, y ya con la desaparición física de ambos protagonistas de la entrevista, en Folios recuperamos este testimonio como una manera de preservar las opiniones que un intelectual de la talla de Monsiváis tenía sobre la capital jalisciense, la hipocresía de su clase gobernante, algunos de sus notables artistas y sus expresiones culturales.

Carlos Monsiváis no necesita presentación. Sin lugar a dudas es el intelectual más popular del país. Lo mismo actúa en alguna película y dicta una conferencia en la Universidad de Harvard, que al igual se presenta en los hechos de Acteal, aparece en la revista Tele-Guía al lado de Lucía Méndez o se escucha su voz en un disco de La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio.

Sus escritos son fundamentales para comprender la cultura popular mexicana. Es un escritor prolífico y erudito que no pierde la oportunidad para hacer de la ironía una práctica discursiva.

Sus amplios conocimientos sobre la vida cultural, política y social de México están acompañados siempre de un activismo militante cuyo único compromiso es con la sociedad civil.

El autor de libros como Escenas de pudor y liviandadEntrada libreAmor perdido Días de Guardar, reflexiona sobre la capital jalisciense, realiza un diagnóstico de la vida cultural tapatía y delimita los diversos retos que aún tiene la otrora perla de occidente.

Cuando piensas en Guadalajara, ¿en qué piensas?

En una sucesión de imágenes agradables, de amigos muy estimados, de instituciones que intentan un desarrollo cultural, de agrupaciones de extrema derecha nefastas, de pretensiones criollas bastante cursis, de una burguesía que no termina de modernizarse y no acaba de reconocer que es profundamente anacrónica, de una proletarización muy acelerada, de tradiciones que se desvencijan, de la vida cultural que nunca llegó a darse plenamente con intensidad de vida, pero que, sin embargo, dejó los murales de José Clemente Orozco en el Instituto Cultural Cabañas, el paso de Juan José Arreola, Juan Rulfo, Antonio Alatorre, José Luis Martínez, Alí Chumacero.

De maestros de literatura muy reconocidos que nunca salieron del ámbito local, de las transformaciones de la Federación de Estudiantes de Guadalajara, de la Autónoma de Guadalajara o la extrema derecha de la extrema derecha. En fin, en estas cosas pienso.

Además de lo que comentas, en los últimos años en la ciudad se presenta un auge cultural que posiblemente desde el Distrito Federal no se percibe. Han aparecido lugares alternativos como "El Roxy", hay algunas revistas también alternativas que circulan en la metrópoli, hay una nueva generación de artistas y literatos, un periodismo más crítico, etcétera…

Esto no es tanto un auge cultural como una modernización urbana. Desde luego pienso que Guadalajara ha tenido la fortuna de, a vuelos instantáneos de los dinamiteros, para usar el verso de Vallejo, tener a personajes como JisTrino Falcón.

Tuvo la fortuna del grupo El Personal con el extraordinario Julio Haro. Ha conseguido un espacio para una vanguardia pictórica, espacio representado por una gran exposición anual de diferentes galerías, pero no se puede decir que hay un surgimiento o una explosión cultural en Guadalajara. Falta mucho.

En primer lugar, porque las ofertas siguen concentradas abusivamente en la ciudad de México, y en segundo, porque todavía no hay la densidad cultural que produzca "El Roxy" o Jis Trino, o las excelentes caricaturas de Falcón, o Público o los diferentes periódicos. Por cierto que ahora viene la edición de El Norte.

Lo anterior, sin lugar a dudas, da una idea de la ciudad que crece con potencia, pero no me impresiona en el sentido de decir que ahí hay un auge cultural. Falta todavía. Creo que lo peor en este caso es el autoengaño.

Entonces, ¿Qué le faltaría a Guadalajara?

Le ha faltado poder retentivo de su mejor gente. No lo ha tenido en cultura, ni en política si es que en política ha habido la mejor gente.

No lo ha tenido para las individualidades que valen la pena. No lo ha tenido para consolidar atmósferas, ni para consolidar medios que equivalgan a instituciones formativas.

No en balde tienen de gobernador a Alberto Cárdenas, que desmiente, por su sola presencia y por la sola cantidad de anécdotas que ha reunido respecto a su inocencia cultural, cualquier idea que puedas tener de un auge cultural.

Desde luego que el PRI ha contribuido notoriamente a esas insuficiencias a esos hoyos negros en el desarrollo cultural. La sucesión de gobernadores priístas antiintelectuales, burdos, corruptos, represivos, ha sido muy notable. Pero si el cambio lo representa Alberto Cárdenas, pues entonces estamos como al principio.

En general, ¿crees que en México hay señales claras para hablar de un proceso de descentralización de la vida cultural?

Veo que hay intentos de cronometrar oportunidades culturales en el resto del país. Así, por ejemplo, está la Muestra de Cine Mexicano, algunos de los eventos del Festival Cervantino, producción de revistas culturales y literarias, el apoyo a los diarios que están significando renovación. Pero, mientras el 90 por ciento de las oportunidades culturales sigan en la ciudad de México, hay muy poco que hacer.

Carlos, en otro sentido, Guadalajara son dos ciudades. Una con un acendrado conservadurismo y otra con una significativa presencia de sectores liberales importantes. Por ejemplo, convive una fuerte influencia de la Iglesia católica con una amplia presencia de minorías sexuales. ¿Podemos hablar de una doble moral?

Esta actitud la hay en todo el país. No, yo no hablaría de una doble moral, sino de una profunda capa de hipocresía que evita reconocer lo dramático y divertido del cambio.

En Guadalajara es el sitio donde el señor César Coll, todavía no alcalde, se permitió ir a destruir aparatos de televisión frente a Televisa Guadalajara, porque desde la televisión se difundía el hedonismo.

Un acto de primitivismo mecanicista que no logro entender. En Guadalajara hubo la oposición cerrada a la Convención de la Agrupación Internacional de Gays y Lesbianas que finalmente se realizó en Acapulco.

En Guadalajara hay todo el tiempo continuas demostraciones del moralismo que ciertamente no se practica en lado alguno, que es represivo, intolerante y va en contra de la Constitución de la Repúblicay ahí está.

Pero eso más que todo son ganas de no desarrollarse de la manera libre que exige toda gran urbe. Eso es sobre todo ganas de impedir el crecimiento cultural de Guadalajara y de lograr, a través de moralismos, ahogar lo que pueda contener de vida democrática, de vida contemporánea, una ciudad de esa importancia.

Por otro lado, ¿cuál es tu opinión sobre el periodismo que se practica en la urbe tapatía?

Hace tiempo era un periodismo que me gustaba mucho porque me permitía observar cómo había sido el siglo XIX en las regiones menos activadas por el liberalismo. Pero de un tiempo para acá, creo que hay generaciones de reporteros y articulistas que están respondiendo a otro criterio.

El que Falcón haya convertido al señor Cárdenas en “Bebeto” es un avance. El que las locuras magníficas del Jis puedan prosperar pese a los intentos de censura, me parecen también un logro de este periodismo. Hay reporteros y editorialistas que quieren cambiar.

Todo esto, aunque no conforma todavía un gran periodismo, ciertamente ya no te comunica directamente con el siglo XIX como antes. Que un periódico como Ocho Columnas exista, bueno… está también El Heraldo de México en la capital, pero ya hay otros que tienen un público notoriamente superior que no responden a esos criterios.

¿Cómo ves a Guadalajara en el siglo XXI? ¿Crees que se convierta en uno de los polos de desarrollo más importantes del país, con miras a erigirse en una alternativa a la ciudad de México?

Es más importante Monterrey. Perdón por decirlo, pero Monterrey tiene en este momento un peso económico, político y social mucho mayor que el de Guadalajara. Guadalajara tiene escollos muy importantes para ese desarrollo del que tú hablas.

En primer lugar, el tradicionalismo, que es un tradicionalismo ya gastado hasta la saciedad, inútil, que ha probado reiteradamente que no permite avances culturales, que se niega a los estímulos, a la producción de un arte libre, de una cultura viva.

En segundo, la política. Esa división de Guadalajara, entre el PRI y el PAN, los rasgos más conservadores y atrasados del PAN y los rasgos más negativos del PRI, ciertamente no ha sido benéfica.

En tercero, la falta de una izquierda moderna, crítica, comprometida. La izquierda que vive en Guadalajara es una izquierda anacrónica, añosa. De una época en donde sólo se creían los pronunciamientos porque no se tenía la menor voluntad de toma de poder.

Y en cuarto, universidades más modernas que las que se viven. Con todo respeto para la UdeG y el ITESO, no me parecen las universidades que se requieren. Ya no hablo de la Autónoma de Guadalajara porque ese es otro siglo y otra actitud.

¿Eres optimista con respecto a Guadalajara?

No tengo por qué serlo, no vivo ahí. Entonces, no viviendo ahí, sí soy optimista. Pero para quienes viven ahí el problema es más complejo. Porque tienen que vivir un ambiente urbano, a fin de cuentas muy agradable, contrastándolo con una sociedad, a fin de cuentas muy desagradable. Y eso pesa.

Hay desde luego brotes, espacios de resistencia, actitudes que hacen pensar que va haber cambios enormes, y la mera existencia de esos espacios y grupos habla de cambios enormes.

En primer lugar, el optimismo vendrá de cómo se puede evitar el destino del Distrito Federal en todo lo que toca a contaminación, transporte, vivienda y empleo. Cosa que no veo tan fácil; y en segundo, que pueda desarrollarse una vida social y cultural en verdad libre.

Ustedes todavía hace poco tenían lo de los retenes, que era vergonzoso; han tenido lo de la prohibición de las minifaldas que, aunque después dijeron que no era cierto, era cierto; han tenido la idea de tratar paternalistamente a los ciudadanos; han tenido en municipios de Jalisco prohibiciones de que los jóvenes se pongan arete; han vivido bajo el intento de llevarlos a la Edad Media.

¿Se puede ser optimista cuando algún sector tan importante electoralmente tiene dirigentes convencidos de que la Edad Media es el tiempo que le conviene a Guadalajara? ¿Se puede ser optimista pensando en un PRI que ha producido a Guillermo Cosío Vidaurri, Flavio Romero de Velasco, Carlos Rivera Aceves y otros tantos?

Ahora, a mí no me toca ser optimista o pesimista, les toca a los que viven en Guadalajara. Yo entiendo el optimismo de los que piensan que el crecimiento y desarrollo de los espacios de libertad es una prueba suficiente para alentar el optimismo. Comparto esa actitud, pero también la equilibro con el crecimiento de los espacios de opresión.

En Guadalajara, en los colegios privados, se han dado el lujo de hacer campañas contra Los Simpsons, algo que me resulta a estas alturas simplemente inaudito.

Siguen todavía aislados y oprimidos por un conservadurismo francamente decadente. Entonces, yo creo que habría que equilibrar el optimismo de lo que ven todos los días desarrollarse con el pesimismo de lo que no han logrado siquiera mellar.

Oye Carlos ¿desde la capital se ve el resto del país?

No, desde la capital no se ve bien ni la capital. Para ver el resto del país tienes que estar viajando y leyendo.


Publicado por: