Entre liberales, socialistas y ocurrencias

Muchos de los enigmas y claroscuros en torno a la vida y obra de Carlos Monsiváis persistirán, seguramente, y otros serán develados con el tiempo

Por: Rogelio Villarreal

Paz, la izquierda y el socialismo

Una de las más importantes discusiones intelectuales en el México contemporáneo fue la de Octavio Paz con Carlos Monsiváis en torno a la naturaleza de la izquierda mexicana y del socialismo realmente existente.

La polémica se desató a partir de una entrevista del director de la revista Proceso, Julio Scherer, a Paz, quien fue uno de los primeros críticos en México del totalitarismo soviético.

En ella reiteraba su crítica al marxismo y al socialismo, que habían adoptado, según el poeta, una “expresión ideológica religiosa”.

Monsiváis dijo que coincidía con las denuncias de Paz a la barbarie estalinista y a la usurpación de la burocracia del papel que le correspondía al proletariado, pero le reprochaba al futuro Nobel:

“Para que la crítica a esas aberraciones tenga pleno sentido debe, si se precisa de autoridad moral, ir acompañada de la participación en el esfuerzo de construir ese socialismo verdadero y, si sólo se requiere honestidad intelectual, necesita ir acompañada de la evaluación (de ningún modo acrítica) de los grandes logros [...] La crítica de las deformaciones del socialismo debe acompañarse de una defensa beligerante de las conquistas irrenunciables”.

El sociólogo Xavier Rodríguez Ledezma escribiría que la réplica de Monsiváis cojeaba “gravemente al argumentar la indispensabilidad de tener ‘autoridad moral’ para hacer la crítica del socialismo realmente existente; y peor aun cuando señalaba que ese peso ético sólo se conseguía cuando el interesado se involucraba directamente en la participación por construir al socialismo” (en El pensamiento político de Octavio Paz. Las trampas de la ideología, Plaza y Valdés-UNAM, 1996). Monsiváis no solamente ponía en duda la autoridad moral de Paz, también lo acusaba de tener una “mentalidad autoritaria”.

Paz le reviró con la célebre sentencia: “Monsiváis no es un hombre de ideas sino de ocurrencias”, y además lo acusó de ser “un pepenador periodístico” pues, como escribió en sus “Aclaraciones y reiteraciones”, “dedica su talento y no sé cuántas horas a la semana a hurgar en los basureros del periodismo para pepenar, por ejemplo en la revista Notitas Musicales, una declaración ridiculizable de una joven cantante, que él adereza con burlas y sarcasmos baratos, naturalmente sin firma. ¿Es ésta la ‘defensa beligerante de las conquistas irrenunciables del socialismo?”.

La polémica puede leerse en las ediciones de Proceso de diciembre de 1977 y enero de 1978.

De liberales y otros próceres

Las herencias ocultas, de Carlos Monsiváis, fue publicado en el año 2000 por la editorial del Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, auspiciado por Elba Esther Gordillo.

Las herencias ocultas de la reforma liberal del siglo XIX fue reeditado en 2007 por Debate. El crítico Rafael Lemusescribió que:

Es la nueva pieza en su museo imaginario. Es, como objeto, un libro de 384 páginas, tres ensayos y siete ‘crónicas históricas’ sobre siete liberales mexicanos del siglo XIX.

Su forma es fragmentaria; su estilo, el ya conocido. Mentiríamos si dijéramos que la obra despunta por un desusado rigor: no teoriza ni ofrece una sabia lectura del liberalismo ni es producto de una morosa investigación histórica.

Antes que demorarse en una época y una ideología, el libro esculpe las figuritas de siete próceres mexicanos. Ése, su propósito: engordar el acervo del museo con la adquisición de un puñado de muñequitos heroicos.

No son figuras realistas sino ejemplares, desprovistas de defectos y bañadas en bronce. No descansan en un rincón sino justo en el centro del museo, como homéricos padres de toda la cultura mexicana no católica.

Si alguien resiente la tosquedad de las piezas, otro paseo por El Estanquillo puede ser aleccionador: Monsiváis envidia –y remeda, apenas puede– a los moneros” (en Letras Libres, julio de 2007).

2006

En defensa de Andrés Manuel López Obrador, Carlos Monsiváis no dudó en corear ante un Zócalo abarrotado de seguidores la consigna que convalidaba el supuesto fraude electoral.

Pero ante la toma del Paseo de la Reforma por los obradoristas el escritor esbozó apenas una leve crítica: “En una ciudad tan frágil, tan convulsa y tan vulnerable, los bloqueos son inadmisibles. Las marchas y los plantones tienen toda la razón de ser, pero un bloqueo de esta naturaleza me resulta inadmisible ya que atenta contra los derechos urbanos de manera directa”.

2006 fue un año convulso y fueron millones de ciudadanos los que tomaron partido por uno u otro bando. Entre los intelectuales obradoristas Monsiváis fue uno de los más conspicuos, lo que le valió duras críticas de analistas y escritores como Luis González de Alba:

“En el convite para la refundación del PRI, a cargo de López Obrador, gran número de intelectuales mexicanos desfilaron tras la bastonera Poniatowska y el tamborilero Monsiváis. ¿Cómo pudo tal patinazo ocurrir? Intentemos desbrozar el enigma”, escribe en “Erotismo, sexualidad e intelectuales” (Letras Libres, septiembre de 2006) a propósito de la numerosa cantidad de escritores, académicos y artistas seducidos por el ex candidato de la Coalición Por el Bien de Todos a la Presidencia.

Libros, amistades y pleitos

Muchos de los enigmas y claroscuros en torno a la vida y obra de Carlos Monsiváis persistirán, seguramente, y otros serán develados con el tiempo.

El escritor no fue santo de la devoción de muchos de sus contemporáneos ni de personas que trabajaron cerca de él y gozaron de su confianza y hasta de cierta intimidad.

Fue un personaje complejo al que debe leerse con ánimo crítico, como él mismo lo hizo con incontables autores desde sus primeras lecturas en la adolescencia.

Lo más probable es que juicios tan inmediatos como “No obstante sus múltiples errores, inferiores a los de sus antagonistas, [habla de López Obrador] sigue siendo una referencia fundamental” o “Fox ha sido el peor presidente de la historia de México”, entre un largo rosario, se olvidarán porque, como escribe Héctor Villarreal, no pudo haber sido peor que Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría (en “Monsimanía: una devoción anacrónica”, www.revistareplicante.com).

“No puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales”, dijo, con toda razón, Carlos Monsiváis.


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