El derecho a la ciudad

En el centro de la vida pública desde hace por lo menos dos lustros se ha colocado un fuerte debate a nivel mundial por el Derecho a la Ciudad. Esta concepción tiene en México su antecedente en el movimiento urbano popular de los años setenta pero ha evolu

A cincuenta años de publicado “El Derecho a la Ciudad” de Henri Lefebvre, sus planteamientos no han hecho más que cobrar mayor relevancia en la medida en que las ciudades ven incrementar la especulación del capital, la exclusión, marginación y pobreza. Ante la enajenación y despolitización que genera el desmedido crecimiento urbano, Lefebvre anticipó una concepción de ciudad que se imagina, construye y crea a través de la intervención directa de sus habitantes.

El reclamo por el Derecho a la Ciudad es, desde su perspectiva, una oportunidad de lucha eminentemente anticapitalista en el espacio urbano. De formación marxista Lefebvre apuntaba que las ciudades tendrían un papel primordial en el desarrollo de la civilización humana. Concebidas como centralidades que marginan y excluyen, que configuran la dominación de la información y los intercambios, pero al mismo tiempo, como espacios de resistencia, organización social y subversión a los modelos de desarrollo capitalistas.

En años recientes, siguiendo los postulados del teórico francés, David Harvey sostiene que la ciudad sufre un proceso de apropiación por despojo propio de las postrimerías del capitalismo, a la vez que es testigo del surgimiento de luchas y movimientos que reivindican derechos colectivos orientados, no solo a garantizar la satisfacción de las necesidades básicas, sino que aspiran a una aplicación generalizada y universal de diversos derechos humanos.

Harvey sostiene que las estrategias de despojo y apropiación del espacio tiene como respuesta lógica una serie de acciones y posturas de resistencia por parte de la población que sufre la marginación, vulnerabilidad, exclusión social y segregación física, y afirma que la revolución que transformará nuestras sociedades posmodernas será urbana “o no será”.

La reivindicación por el Derecho a la Ciudad busca incidir en la manera como los distintos gobiernos elaboran sus políticas y programas bajo la premisa de tomar en cuenta las necesidades vitales de los habitantes, y en un sentido democrático los requerimientos de participación, representación e interacción ciudadana para conciliarlos con los intereses de las clases productivas, mediante procesos de innovación social y gestión social del hábitat con la finalidad de lograr nuevos equilibrios políticos y económicos.

En la actual tendencia a la urbanización, la ciudad es vista como un territorio privilegiado para la democracia y la organización social, a la vez que es un espacio de oportunidad y de complejidad donde suceden fuertes conflictos. La ciudad irrumpe como un espacio donde lo político se mantiene en permanente disputa. Quienes habitamos las ciudades, observamos aspectos que podrían mejorar, nos quejamos de problemas y necesidades o advertimos potenciales para desarrollar nuestras capacidades humanas, sociales y productivas. Se dice que las ciudades son de todos, sin embargo en la práctica hay pocos habitantes que pueden tener acceso a lo que desean, la mayoría lucha por conseguir la mínima satisfacción a sus necesidades vitales y busca mejores condiciones de vida pero se encuentra con limitaciones materiales y simbólicas que se lo impiden.

¿Cómo se puede desarrollar una ciudadanía plena cuando la arquitectura de la polis está sostenida sobre andamiajes que limitan, vulneran, segregan o de plano excluyen a sus propios habitantes? La pregunta interpela las formas como los gobiernos gestionan la ciudad, lo cual implica un cuestionamiento a la capacidad del Estado para cumplir con el rol de regulador del desarrollo urbano frente a los especuladores del capital,  que a su vez conlleva, necesariamente, la exigencia por democratizar el espacio urbano.  Por ende, el Derecho a la Ciudad se materializa también en la medida en que se alcanza un mayor nivel de calidad democrática.

Enrique Ortiz, promotor incansable de este derecho, sostiene que con base en sus principios estratégicos de igualdad, no discriminación y protección a los más vulnerables, el Derecho a la Ciudad plantea la pregunta articuladora ¿qué ciudad queremos? Siendo la ciudad un sistema complejo, se han establecido tres principios rectores: la ciudadanía, la gestión democrática y la función social de la propiedad y de la ciudad, que están incluidos en la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. Sin embargo, considera que es necesario integrar otros tres principios: la producción democrática de y en la ciudad, el manejo sustentable y responsable de los recursos, y el uso y disfrute democrático y equitativo de la ciudad, los cuales –por cierto- fueron agregados a la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad.

Es en medio de este prolífico debate que Folios propone en este número un recuento a través de las diversas perspectivas de los autores invitados, buscando explorar la evolución del concepto así como el desarrollo de acciones, estrategias y movimientos sociales desde la experiencia local y global. El recorrido parte de la reflexión sobre el carácter subversivo y contestatario que requiere la construcción de la ciudad futura, en la que la “conquista” de nuevos derechos y la defensa del territorio son estrategias, según Jordi Borja, con las que limitar los efectos de la financiarización y la especulación inmobiliaria. Por su parte, Manuel Delgado apunta hacia el potencial revolucionario de la calle, no sólo por su carácter público y abierto que permite el encuentro y flujo de “cuerpos, máquinas e información” sino por su importancia en la apuesta por el valor de uso sobre el valor de cambio, pero también, por su papel contradictorio en la preservación de la memoria y del control social. El resto de autores y autoras destacan experiencias de aplicación del Derecho a la Ciudad desde el panorama local, en ciudades como Barcelona, San Juan de Puerto Rico, Quito, Guadalajara, Ciudad de México haciendo un repaso por distintos elementos que interactúan en el complejo sistema del territorio, las normas y las prácticas sociales.

Desde Folios queremos abonar a la reflexión por el Derecho a la Ciudad. Un derecho de provocativa formulación con el que se aspira a alcanzar condiciones materialmente necesarias para el disfrute de la vida en el espacio urbano. A lo largo de este número –enmarcado con la obra del artista José Fors, quien generosamente nos ha permitido desplegar un discurso gráfico para ilustrar las páginas de la presente edición– nuestro público lector encontrará herramientas conceptuales y experiencias de la ciudad desde distintas geografías y perspectivas que le lleven interrogarse y reflexionar para quiénes, qué derechos y qué tipo de ciudad queremos. Se trata de una invitación a colocar, al centro del debate, el cuestionamiento sobre cómo y quiénes están confeccionado las ciudades; en perjuicio y a beneficio de quiénes se hace ciudad.