Democracia, sociedad civil y ciudadanía: tres conceptos que definen el marco de la participación

Las nociones de sociedad civil y de democracia, en particular, se han vuelto moneda de uso común, a tal punto que han perdido todo significado preciso

Por: Jorge Narro Monroy
 
Participar es condición indispensable para “ciudadanizarse”. Y construir ciudadanía es construir sociedad civil. ¿Y democratizar? Depende de lo que se entienda por democracia, pero también de qué se entienda por sociedad civil y por ciudadanía. Sostener sin más esta relación puede llevar a un sofisma o a dar por científicas (explicativas) las que Bourdieu llamaba “prenociones”:
 
Las opiniones primeras sobre los hechos sociales se presentan como una colección falsamente sistematizada de juicios de uso alternativo. Estas prenociones, “representaciones esquemáticas y sumarias” que se “forman por la práctica y para ella”, como lo observa Durkheim, reciben su evidencia y “autoridad” de las funciones sociales que cumplen. 1
 
Y añade más adelante:
 
La investigación científica se organiza [...] en torno de objetos construidos que no tienen nada en común con aquellas unidades delimitadas por la percepción ingenua. La ciencia se construye construyendo su objeto contra el sentido común. 2
 
¿Qué significa, entonces, democracia, sociedad civil y ciudadanía? No un dato, un datum, algo ya dado, sino objetos que han de ser construidos, y “a golpe de teoría”.
 
Las nociones de sociedad civil y de democracia, en particular, se han vuelto moneda de uso común, a tal punto que han perdido todo significado preciso. A la sociedad civil se le identifica con todo lo que no es Estado y, más recientemente, con lo que no es mercado, y se le usa también como sustituto de “pueblo”.
 
La democracia es algo tan abstracto como “un modo de vida” o algo tan concreto como “un procedimiento para elegir gobernantes”. Ciudadanía, finalmente, se usa para referirse a los “ciudadanos” (otra generalidad): ha pasado de adjetivo a sustantivo.
 
Democracia
 
Colocadas en un continuo, las diversas intelecciones de democracia van, como decíamos arriba, desde una que podría considerarse minimalista, hasta otra que podría juzgarse maximalista. Empecemos por la primera. 
 
La democracia procedimental
 
Entre los autores que entienden la democracia como representativa y, antes, como régimen político, encontramos una enorme variedad de definiciones, a la base de todas las cuales se encuentra la idea de la democracia como procedimiento. Pero, con todo y las semejanzas, es posible distinguir –simplificando– dos posiciones.
 
En la primera, básicamente descriptiva, encontramos dos vertientes: una que podemos llamar “hiperrealista”, cuya crudeza se explica por el desencanto producido por la “democracia real” (Joseph Schumpeter) o por el liberalismo extremo (Friedrich A. Hayek); y otra empírica, cuyo interés “se limita a explicar por qué funciona la macrodemocracia (política)” 3 (Giovanni Sartori, Leonardo Morlino).
 
La otra posición es básicamente prescriptiva o normativa, y fue fraguada a la luz de las “transiciones democráticas” de los años 70 y 80 (Norberto Bobbio, Robert Dahl). Reseñemos brevísimamente a algunos de estos autores.
 
Schumpeter concibe la democracia como un “método para llegar a las decisiones políticas”, 4 ordinariamente la elección de representantes.
 
¿Cómo puede el pueblo gobernar, ejercer el poder? En comunidades pequeñas eso es posible, pero no en sociedades complejas como las modernas. Así, la única democracia posible es la representativa: “el gobierno con la aprobación del pueblo” y no el gobierno por el pueblo. 5 
 
Y establecido eso, agrega:
 
Método democrático es aquel sistema institucional para llegar a las decisiones políticas, en el que los individuos adquieren el poder de decidir por medio de una lucha de competencia por el voto del pueblo. 6 
 
Frente a esta “teoría de la competencia por el caudillaje político” que, en la lógica de la democracia como procedimiento, privilegia a los que pretenden ser representantes (el pueblo, dice Schumpeter, “sólo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar a los hombres que han de gobernarle”) 7, se encuentran otras posiciones que ven las cosas desde la perspectiva de los que buscan ser representados. 
 
Giovanni Sartori, quien afirma que sin la contribución de Schumpeter el funcionamiento efectivo de la democracia representativa seguiría sin ser comprendido, establece sobre esa base:
 
Democracia es el procedimiento y/o el mecanismo que: i) genera una poliarquía abierta cuya competición en el mercado electoral, ii) atribuye poder al pueblo, e iii) impone específicamente la capacidad de respuesta de los elegidos frente a los electores. 8
 
También Norberto Bobbio se acerca a Schumpeter en lo que toca al realismo, pero reflexiona, con todo, desde otro horizonte: uno normativo.
 
En la inteligencia de que no existe alternativa a la democracia representativa, formula lo que considera una definición viable de la democracia. 9 Todo gobierno democrático tiene tres prerrequisitos básicos: la participación, el control desde abajo y la libertad de disentir.
 
Esto significa, en términos de un mínimo de procedimientos: i) la participación del mayor número de interesados, ii) el gobierno de la mayoría en la toma de decisiones, iii) la existencia de alternativas reales entre las cuales elegir, y iv) la existencia de garantías a la libre opción en la forma de derechos de opinión, expresión, asociación. 10 
 
Terminemos este recorrido con Robert Dahl, 11 quien situado también en el enfoque prescriptivo, propone una definición compuesta de dos postulados.
 
Primero: a fin de que un régimen sea capaz de respuesta en el tiempo, todos los ciudadanos deben tener parecidas oportunidades de:
 
i) Formular sus preferencias
 
ii) Expresar esas preferencias mediante una acción individual o colectiva
 
iii) Lograr que las preferencias sean consideradas por igual.
 
Segundo: para que existan estas tres oportunidades tienen que existir al menos ocho garantías institucionales:
 
i) La libertad de asociación y organización
 
ii) La de pensamiento y expresión
 
iii) El derecho al voto
 
iv) El derecho de los líderes políticos a competir por el apoyo electoral
 
v) Fuentes alternativas de información, vi) posibilidad de ser elegido para cargos públicos
 
vii) Elecciones libres y correctas
 
viii) Existencia de instituciones que hagan depender las políticas gubernamentales del voto y de otras expresiones de preferencia.
 
La democracia “integral”
 
Marcos villamán, teólogo y sociólogo dominicano, reflexiona sobre este asunto en un artículo que, no obstante haber sido escrito hace 16 años, conserva, íntegra, su actualidad.  12 Parte de una crítica a la democracia que conocemos, que puede sintetizarse en tres afirmaciones. 
 
a. Las demandas sociales populares no encuentran mecanismos o espacios para convertirse en voluntad política, sea por la tradición autoritaria latinoamericana o por las limitaciones y vicios de los mecanismos de representación política.
 
b. Los partidos políticos son cada vez menos creíbles (el juicio de Weber es mucho más severo: son organizaciones “patrocinadoras de cargos”, dice). 13 Más que instrumentos en manos de la ciudadanía, parecen ser estructuras de movilidad social y de clientelismo político.
 
c. Los sectores populares están excluidos de la democracia. Basta ver los dramáticos niveles de pobreza y su tendencia a la profundización.
 
Visto lo anterior, Villamán exige de entrada reivindicar la presencia de los mismos sujetos demandantes en las instancias de poder, de forma que las demandas puedan ser efectivamente presentadas y dilucidadas. 
 
Esto supone el manejo de niveles de información adecuados para una participación verdadera; ampliar e institucionalizar nuevos espacios para la participación y la consulta, más allá de los eventos electorales; descentralizar el poder político y fortalecer el poder local; reconocer la diversidad de actores sociales que reclaman participación y la irrupción de nuevos; y romper con la cultura política existente (autoritaria, clientelista, no participativa).
 
Sin embargo, dice Villamán, lo anterior no tiene asidero si no se plantea la cuestión de fondo de la “democracia social” (o “integral”) y su relación con la democracia política, a la que se vinculan más directamente las propuestas arriba mencionadas. 
 
La democracia social significa el derecho (y el goce) de las grandes mayorías a la reproducción digna de la vida. Su limitación es el mayor obstáculo a la existencia de formas políticas democráticas.
 
Si se quiere que los representantes representen efectivamente a los representados, es necesario que tras el voto, por más universal, secreto y directo que sea, esté el poder del pueblo representado. Y eso no sólo refiere a la participación del pueblo en el ámbito formalmente político, sino, antes y junto con ello, al problema de la participación del pueblo en la propiedad y en el consumo, tanto de los bienes económicos como de los culturales.
 
Desde otro ángulo, Norberto Bobbio 14 también lo señala: en tanto sigan excluidos del proceso de democratización los dos grandes bloques de poder de las sociedades modernas, la empresa y el aparato administrativo, poco importante es que haya aumentado el número de los que tienen derecho a participar en las decisiones que les afectan.
 
Pero, y va otra reiteración, la construcción de la democracia requiere, en una simultaneidad dialéctica, de la construcción de una nueva cultura política, pero una que no se teja únicamente en la escala societaria, sino que se desarrolle también en el hogar, en la organización, en el grupo. La democracia social constituye un modo de vida que involucra, como tal, valores, actitudes y conductas.
 
Afirma Federico Reyes-Heroles:
 
Muchas de las nuevas democracias en el mundo pueden estar asentadas sobre cimientos muy frágiles. Lo que verdaderamente garantiza a la democracia en el largo plazo no son los sistemas electorales sino los valores éticos y ciudadanos que imperan en una sociedad determinada. 15 
 
Democracia es, pues, participación. Es el momento de hablar de la sociedad civil.
 
Sociedad civil 
 
El término “sociedad civil”, lo hemos dicho al principio de este trabajo, carece, en amplios sectores de la población, de significado preciso.
 
Abordar pormenorizadamente el tema supera con mucho los límites de este trabajo, de modo que nos permitiremos ofrecer sólo algunas afirmaciones, señalando a los autores que las inspiran.
 
a) La sociedad civil se entiende, desde la Edad Media, como distinta del Estado, pero no necesariamente opuesta. A partir de Habermas se entiende también como distinta del mercado (y desde Marx y Gramsci, agreguemos, como distinta de la base económica de la sociedad).
 
b) La sociedad civil es un campo o, diría Marx, una “esfera”. No es un dato sino un “ejercicio colectivo de la crítica y de la racionalidad comunicativa” (Habermas); un proceso en continua renovación e incesante lucha contra el autoritarismo, la ilegalidad y la antidemocracia.
 
c) La sociedad civil tiene dos componentes principales (Habermas, Cohen y Arato):
 
El conjunto de instituciones que definen y defienden los derechos políticos y sociales de cada uno de los ciudadanos y que propician su libre asociación, la posibilidad de defenderse de la acción estratégica del poder y del mercado, así como la viabilidad de la intervención ciudadana en la operación misma del sistema (elemento institucional).
 
El conjunto de movimientos sociales que continuamente plantean nuevos principios y valores, nuevas demandas sociales, así como vigilan la aplicación efectiva de los derechos ya otorgados (elemento transformador).
 
d) La sociedad civil no es un actor colectivo y homogéneo (Hegel, Marx y contra lo sostenido por Aristóteles). Es un conjunto heterogéneo de actores sociales, con frecuencia opuestos entre sí, que actúan en diferentes espacios públicos y que tienen sus propias formas de articulación con los sistemas político y económico. Esto quiere decir que la sociedad civil está cruzada por múltiples conflictos, económicos, políticos y culturales. 
 
e) La sociedad civil, por lo dicho arriba, no porta por sí misma un proyecto de transformación ni un programa político específico (contra lo que sugeriría la opinión de Gramsci). Tiende a promover el principio de control social sobre el Estado y el mercado (Habermas, Cohen y Arato) y a defender el estado de derecho (elementos mínimos que le permiten sobrevivir y desarrollarse).
 
f) En consecuencia, el concepto de sociedad civil no define un modo específico de relación con los sistemas político y económico. La sociedad civil ni es necesariamente antipolítica (“el Estado debe ser reducido a su mínima expresión institucional y los actores políticos son dignos de desconfianza”), ni necesariamente antieconómica (como obliga a pensar el dualismo de Habermas), ni necesariamente excluyente de la posibilidad de institucionalizar los frutos de sus luchas. 16
 
g) La relación entre la sociedad civil y los sistemas político y económico no es reductible a un modelo único (Cohen y Arato). 
 
La propia heterogeneidad de la sociedad civil plantea la existencia de formas diversas de relación entre dichas instancias. Así, por ejemplo, los sindicatos, organizaciones patronales, asociaciones profesionales y organizaciones campesinas son actores civiles y económicos al mismo tiempo [...]
En cambio, asociaciones de carácter privado, como las culturales, deportivas y religiosas, carecen de una vocación de intervención de la esfera pública, aunque de hecho lo hagan, reduciéndose su acción a la reproducción de sus intereses morales o colectivos dentro de su propio seno o promoviendo sus ideales en microesferas de carácter voluntario y no material.
Por otra parte, asociaciones del tipo ONG, especialmente grupos de derechos humanos, feministas y ecologistas, se plantean explícitamente su intervención en la esfera pública con el fin de ejercer influencia sobre el sistema político. 17
  
h) La construcción y desarrollo de la sociedad civil es un proceso de muy largo plazo que forma parte de la modernidad occidental (Marx, Gramsci, Habermas, Cohen y Arato pero, también, Hegel). La sociedad civil moderna no puede concebirse sin la existencia del mercado, el Estado y el derecho. Y sólo cuando un Estado democrático se afianza y un estado de derecho protege a los ciudadanos una sociedad civil se consolida y expande.
 
i) La composición de la sociedad civil varía de acuerdo a las condiciones históricas específicas de cada país:
 
En regímenes autoritarios, por ejemplo, los partidos políticos son parte de la sociedad civil en tanto que articulan luchas por la defensa de los derechos políticos y por la vigencia del estado de derecho.
Lo mismo puede decirse de los sindicatos y de las asociaciones profesionales, que en la defensa de la libertad de asociación crean los primeros espacios de autonomía social en muchos países [...] En cambio, en democracias estabilizadas los partidos políticos suelen separarse progresivamente de la sociedad civil e integrarse cada vez más en el sistema político.
Si bien continúan siendo siempre una mediación entre la sociedad y el Estado, tienden por su propia naturaleza a cerrarse relativamente a la participación civil.
Por su parte, los sindicatos y asociaciones patronales pueden constituirse en meros grupos de interés sin mayor preocupación por el resto de la sociedad e integrarse en estructuras corporativas que representan un modo poco civil de integración política. 18
  
 
j) La “parte visible” de la sociedad civil está compuesta (cfr. letra “c” supra) por conjuntos y redes de instituciones y movimientos. En una tipología básica, propuesta por Olvera, 19 aparecen asociaciones y partidos políticos, asociaciones de carácter gremial (sindicatos, cámaras empresariales, asociaciones profesionales, grupos de productores), asociaciones religiosas o de matriz religiosa, ONG, asociaciones deportivas o recreacionales, agrupamientos sectoriales (urbano-popular, campesino, indígena, obrero, estudiantil), movimientos sociales (por la paz, por la democracia).
 
  
La sociedad civil, en resumen, no es un actor colectivo, no es un espacio único u homogéneo sino contradictorio; no se limita a las ONG y no constituye un actor transformador por naturaleza. Es un resultado de la construcción de la modernidad que sólo se consolida con la democracia y el estado de derecho (la convergencia de la sociedad civil y la política, diría Marx).
 
Implica la posibilidad de una relación crítica con el Estado y el mercado que puede o no favorecer la institucionalización democrática, pero la actualización de ese potencial es contingente y no necesaria. La sociedad civil tiene como un referente indispensable el espacio público (Cohen y Arato), pero uno que no es abstracto sino constituido por una red de espacios que van desde lo microlocal hasta lo internacional.
 
Ciudadanía 
La sociedad civil se construye. Y se construye como espacio de participación democratizadora, en la medida en que se construye, también, la ciudadanía: 
 
[...] se ha puesto de actualidad un término tan antiguo como el de “ciudadanía” [...] ¿Qué razones abona la deslumbrante actualidad de un tan añejo concepto?
[...] la necesidad, en las sociedades postindustriales, de generar entre sus miembros un tipo de identidad en la que se reconozcan y que les haga sentirse pertenecientes a ellas, porque este tipo de sociedades adolece claramente de un déficit de adhesión por parte de los ciudadanos al conjunto de la comunidad.
[...] los individuos [...] no están dispuestos a sacrificar sus intereses egoístas en aras de la cosa pública. 20
 
 
Si esto es verdad, y lo es aunque con matices según la sociedad particular de que se trate, el ejercicio y la construcción de ciudadanía constituyen uno de los grandes problemas, tanto para la vigencia y ampliación de la democracia como para la existencia y el fortalecimiento de la sociedad civil. En el ser y hacerse ciudadanos se juega la participación en una sociedad.
 
Tanto la tradición política republicana como el liberalismo sostienen la indispensabilidad de la cohesión social, no sólo para proteger al capitalismo o a la democracia, sino, simplemente, para llevar adelante cualquier proyecto político o económico, e insisten en que esa cohesión no se logra mediante “una legislación impuesta”, sino sobre todo a través de la libre adhesión y participación de los ciudadanos; esto es, a través “del ejercicio de la virtud moral de la civilidad”. 21
 
Tero la civilidad no nace ni se desarrolla sin una sintonía entre la sociedad y cada uno de sus miembros. Reconocimiento de aquella hacia éstos y adhesión de éstos hacia aquella “componen ese concepto de ciudadanía que constituye la razón de ser de la civilidad”. 22 Derecho (con mayúscula) y participación, interactuando.
 
Las diversas intelecciones 23
 
Derecho o participación, categoría jurídica o proceso social, ser o hacer(se). El énfasis en uno u otro elemento distingue a la concepción liberal de la comunitarista.
 
Desde la concepción liberal, la ciudadanía es una categoría jurídica que se asigna a una persona por su nacimiento en un Estado-nación. Una persona se convierte en ciudadano por el sólo hecho de nacer dentro de un territorio, lo que le confiere ciertos derechos y responsabilidades frente al gobierno.
 
Se trata de una ciudadanía “privada y pasiva”, en tanto otorga al sujeto un conjunto de derechos individuales y no lo obliga a una participación en la vida pública.
 
Desde la perspectiva comunitarista, la ciudadanía es una actividad en la que el ciudadano es un sujeto comprometido con la participación política activa.
 
La sociedad –dicen los que se ubican en esta posición– podría lograr un mejor funcionamiento si la ciudadanía fuese autónoma, actuara por sí misma, abandonara su dependencia del Estado, puesto que la ciudadanía no es meramente la adquisición de un título o un estatus, sino una práctica.
 
Los comunitarios acusan a los liberales de profesar un individualismo desarraigado. Ellos, por el contrario, sostienen que sólo la persona que se siente miembro de una comunidad, que además le ofrece una forma de vida determinada, se siente motivada para integrarse activamente en ella.
 
Otra posición, síntesis de la liberal y la comunitarista, es la que plantea –con el nombre precisamente de “ciudadanía”– Adela Cortina: 24
 
[...] la realidad de la ciudadanía, el hecho de saberse y sentirse ciudadano de una comunidad, puede motivar a los individuos a trabajar por ella [...] En este concepto se darían cita [...] dos lados: el “racional” (cfr. liberalismo), el de una sociedad que debe ser justa para que sus miembros perciban su legitimidad, y el lado “obscuro” (cfr. comunitarismo), representado por esos lazos de pertenencia, que no hemos elegido, sino que forman ya parte de nuestra identidad.
 
 
Así pues, ciudadanía implica “que vayan a la par” la racionalidad de la justicia (el Derecho) y el sentimiento (pero activo) de pertenencia a una comunidad (la práctica). Un Derecho, por cierto, cuya legitimidad ha sido constituida históricamente por las “demandas y luchas emancipatorias de los ciudadanos” 25–por el hacer(se) ciudadano- y que luego ha sido reconocido por los Estados.
 
La ciudadanía contiene, sin duda, referentes territoriales y jurídico-políticos “pero [...] consiste sobre todo en una actitud o posición [...], la conciencia de pertenencia a una colectividad fundada sobre el Derecho y la situación de ser miembro activo de una sociedad política independiente”. 26 Así, la ciudadanía supone participación social e integración de los ciudadanos, cuya función es responsabilizarse del funcionamiento de las instituciones representativas de los derechos. 
O también, en palabras de Juan Manuel Ramírez Sáiz:
 
El ciudadano ideal es el que interviene en la vida pública y está dispuesto a someter su interés privado al interés general de la sociedad. 27
 
 
Ser y/o hacer ciudadano ...y democracia
 
Los ciudadanos, en el sentido expresado arriba, son la esencia de la democracia. No existe sistema social o gobierno democrático sin los ciudadanos.
 
La categoría de “ciudadano” implica, necesariamente, dos dimensiones. Una de identidad y pertenencia (el ser ciudadano), que puede calificarse como pasiva, pues es independiente de la voluntad del sujeto: se es ciudadano por nacionalidad y mayoría de edad, condiciones que otorgan una serie de derechos y obligaciones. La segunda dimensión (el hacer[se] ciudadano), es dinámica e implica el compromiso, la responsabilidad y la intención de ejercer los derechos que el ser ciudadano otorga.
 
Estas dimensiones pueden estar presentes en los sujetos y grupos sociales de manera independiente. Sin embargo, al estar separadas operan limitadamente, por lo que es necesario un vínculo entre ellas [“sintonía”, dice Cortina 28] para potenciar una verdadera identidad y praxis ciudadana. Así, podemos comprender la democracia como una situación necesaria para enlazar ambas dimensiones, ser y hacer ciudadano, para dar lugar a una verdadera ciudadanía. Pero también como un “resultado” de esa verdadera ciudadanía. 29
 
La democracia describe una forma de acción individual y/o social y una actitud frente al poder. Así, por ejemplo, existe un gobierno democrático en tanto el sujeto participa activamente de las decisiones políticas que lo afectan.
 
Pero esta acción participativa es voluntaria (“adhesión”), de ningún modo puede ser obligatoria, ya que esto rompería con su principio original de respetar las decisiones de los sujetos.
 
La participación en la democracia es la parte medular de la ciudadanía, de tal suerte que el sujeto se construye como ciudadano en la medida en que desarrolla una práctica en la democracia.
 
Democracia y ciudadanía son, entonces, categorías políticas que poseen una dimensión activa, ambas existen por y para los ciudadanos, e implican ciertos valores políticos y sociales que inducen y orientan la práctica participativa.
 
Pero, en coherencia con nuestra comprensión de democracia, la ciudadanía no puede quedar reducida a los procedimientos electorales o a la representación política de las instituciones de gobierno; la ciudadanía implica una actitud hacia las necesidades colectivas que se convierten en asuntos públicos (sean de naturaleza política o económica, religiosa o cultural), y también una búsqueda del ejercicio de los derechos y atribuciones que el ser ciudadano reconoce en los sujetos.
 
Ser y/o hacer ciudadano ...y sociedad civil
 
La condición de posibilidad de la sociedad civil es la participación. La sociedad civil es en cuanto actúa, diríamos. Y participar es también condición para ser y hacer(se) ciudadano.
Afirma Cortina:
 
La sociedad civil [...] se presenta hoy como la mejor escuela de civilidad, desde lo que se ha llamado “el argumento de la sociedad civil”. Consiste tal argumento en afirmar que es en los grupos de la sociedad civil, generados libre y espontáneamente, donde las personas aprenden a participar y a interesarse por las cuestiones públicas [...] La sociedad civil será, pues [...] la auténtica escuela de ciudadanía. 30
 
 
¿Fuera de la sociedad civil, de las instituciones y movimientos, de la participación, no hay ciudadanos? No en el sentido que aquí le damos a “ciudadanía”. Hay, sin duda, ciudadanos tal como lo sostiene la perspectiva liberal. Pero, reiteramos, ciudadanía no alude sólo a reconocimiento, a Derecho, a racionalidad, a ser, sino, en dialéctica con eso, a adhesión, a participación, a pertenencia, a hacer.
 
Y la ciudadanía, como recuerda Rosario González, se concreta. Se concreta social, temporal y espacialmente. Se concreta en una sociedad civil y en unos ciudadanos con sus mismas tensiones o, diría Hegel, antinomias. Pero no sólo alienación-integración, es-debe ser, vida ética-no vida ética, sino, históricamente –corregiría Marx–, obligación-adhesión, ser-hacer(se). 
 
Conclusión
 
Construir ciudadanía y hacerse ciudadano es condición de posibilidad para la configuración de ese “espacio social, histórico y heterogéneo, construido, como posibilidad de defensa y relación crítica con el mercado y el estado, por instituciones y movimientos” que llamamos sociedad civil. 
 
Y el proceso de ciudadanización y construcción de sociedad civil es, también, el de la construcción de la democracia.
 
Pero democracia no entendida en exclusiva como método o procedimiento para llegar a decisiones políticas (como la elección de representantes); o como régimen político que garantiza la participación de los ciudadanos considerados políticamente iguales y la respuesta del gobierno a las preferencias de éstos; sino, incluyendo lo anterior, como un sistema que asegure el derecho de todos a la reproducción digna de la vida.
 
 
Citas
  1. Pierre Bourdieu, Jean-Claude Chamboredon, Jean-Claude Passeron, El oficio de sociólogo, Siglo XXI, Buenos Aires 1975, p. 28.
  2. Idem, p. 52.
  3. Giovanni Sartori, Elementos de teoría política, Alianza Editorial, Madrid 1992, p. 43.
  4. Joseph Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, Aguilar, Madrid 1968, p. 343.
  5. Idem, p. 316.
  6. Ibidem, p. 343.
  7. Ibidem, p. 362.
  8. Sartori. Obra citada, p. 43.
  9. Norberto Bobbio, Cuál socialismo? Polity Press, Oxford 1987, pp. 43 y 66.
  10. Norberto Bobbio, El futuro de la democracia. Plaza y Janés, Barcelona 1985, pp. 21-44.
  11. Robert A Dahl, La poliarquía: participación y oposición. Rei, México 1993.

 


Publicado por: