Competitividad en México

Hay que tomar en cuenta que no hay crisis iguales y ésta en particular presenta características muy distintas a las anteriores, cuando México era parte del origen

Por: Sergio Ríos Martínez

México en su historia ha pasado por diversas crisis económicas, por lo que ha tenido la necesidad de adaptarse de manera rápida a las nuevas circunstancias que se le presentan.

Hoy hay una crisis nueva, que se dice y se comenta que viene desde afuera; sin embargo, hay que tomar en cuenta que no hay crisis iguales y ésta en particular presenta características muy distintas a las anteriores, cuando México era parte del origen. Incluso, ésta se podría definir más bien como una mezcla de varias, por los diversos matices y países que la están sufriendo.

En esta ocasión, la crisis viene de los países desarrollados, de Europa y Estados Unidos, principalmente, por lo que el sistema económico mundial ha tenido que enfrentar la obligación de cambiar dramáticamente; es decir, transformarse en un nuevo orden poco parecido a lo que se tenía anteriormente. Ahora fueron los creadores del sistema los que cayeron a la par.

Para el caso de México, el entorno es muy diferente, sobre todo si se le compara con la crisis de 1994. En aquel entonces, ésa fue una crisis local.

Habrá que recordar que una de las principales salidas al deterioro económico se debió a la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Este tratado permitió encontrar más negocios con países que no estaban en momentos de crisis. Como resultado, nuestro país logró desarrollar nuevas condiciones económicas que a la fecha se pueden percibir, como son una economía más diversificada, crecimiento en las exportaciones no petroleras, mayor integración regional, y nuevas áreas de cooperación para los tres países miembros, México, Canadá y Estados Unidos.

Sin embargo, la crisis en que estamos sumidos en este momento se presenta en México cuando se empieza a hacer presente cierto grado de agotamiento en los beneficios que nuestro país gozaba a través de dicho tratado, así como la aparición en los últimos años de nuevos países competidores directos para México en la esfera mundial.

Pero no sólo eso es adverso. Existen nuevas situaciones más específicas que debemos considerar; por ejemplo:

  • La consolidación en los mercados mundiales de los países llamados Tigres Asiáticos (Corea,  Singapur, Corea del Sur y Taiwán), competidores directos de México en ciertas ramas industriales y de servicios.
  • La mayor participación de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en los foros de toma de decisiones de los países más industrializados (la emulación de la palabra inglesa, brick, o ladrillo, se realiza por su efecto estructural en el nuevo orden mundial); estos países han venido desbancando a nuestro país en la promoción de factores competitivos que ya promovía México.
  • El crecimiento masivo de tecnologías de la información y los medios de comunicación ha hecho que se acorte la distancia entre países. Cuando una economía reviente, como sucedió con los efectos financieros de la crisis, la repercusión es de manera inmediata y a nivel mundial.
  • El agotamiento de los beneficios de México como el país con más tratados comerciales a nivel mundial, así como el sobado argumento de que este país tiene una posición geográfica privilegiada, por su vecindad con la mayor economía del planeta.
  • Bloques económicos más consolidados, como la Unión Europea, que centran sus prioridades en resolver su crisis interna para ya, en segundo plano, pensar en ayudar a otros.
  • Un Estados Unidos muy sólido (relación 35 a 1), que debe replantear su sistema económico para enfrentar las nuevas circunstancias que se le presentan.

Estos son algunos ejemplos del nuevo entorno que rodea a esta crisis, y que México debe considerar para reformular sus estrategias de política industrial y económica que lo hagan más competitivo.

La palabra competitividad debe ser entendida en un contexto más amplio; es decir, competitividad a escala gubernamental (facilitador); a nivel empresarial (emprendedor), y a nivel personal (innovador).

De esta manera, es primordial analizar algunos de los factores clave que México podría aprovechar para aumentar su competitividad en esta época de crisis:

Educación. Ésta es la base del desarrollo sostenido de cualquier país. Es fundamental aprovechar y utilizar el capital humano existente, pero, sobre todo, se debe buscar adecuar el currículo educativo a las nuevas circunstancias mundiales, lo que se traduce en cambiar la forma de educar desde las bases.

Se debe poner un especial énfasis en incrementar el gusto por las ciencias  exactas. Para esto, hay que tomar el ejemplo de países como India que ha logrado formar cuadros de profesionales para carreras actuales y de gran proyección.

Otro país que ha dado un giro importante en este contexto es Canadá, que busca educar a través de la demostración de la utilidad de las ciencias exactas en la vida diaria.

  • Capital humano. Aprovechar a los cuadros que se han formado a través de los años, tanto a nivel privado como a nivel público. Es necesario dar continuidad a los proyectos y a los grupos de trabajo. Aquí el ejemplo lo tienen los países nórdicos, los que han formado asociaciones especiales de grupos de jubilados en alguna especialidad para educar a nuevas generaciones.
  • Creatividad e innovación. Por medio de concursos, invitar a las nuevas y viejas generaciones, a usar la creatividad para buscar desarrollar tecnologías propias que permitan cambiar el concepto de México como país seguidor, a país creador. Ya existen algunos ejemplos de esto, pero ¿por qué no hemos tenido otro inventor de la talla de Guillermo González Camarena, creador de la televisión a color? Hemos carecido de una política de innovación que promueva que talentos como el mencionado sean parte frecuente de nuestra cultura.
  • Sistema de salud. Es esencial desarrollar un sistema de salud que permita proteger esos cuadros educativos que se buscan formar; fomentar la educación en salud preventiva, y poner un especial énfasis en aspectos como nutrición y cuidado personal, como lo hacen los principales países desarrollados.

Además de lo anterior, en México se debe trabajar en algunos frentes que son fundamentales para incrementar su competitividad:

  • Oferta de servicios. México es de los países con los servicios más caros en el mundo, lo que desanima a los inversionistas cuando lo comparan con sus propios países.
  • Infraestructura. El contar con más de cuarenta tratados comerciales y ser la economía número trece a nivel mundial no es suficiente. Se debe invertir de manera importante en la creación de la infraestructura adecuada para hacer crecer a México, y que esto se traduzca en una mayor eficiencia del país. Para esto habría que trabajar más con mecanismos como el Acuerdo para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), así como con organismos como el Nadbank en materia de banca de desarrollo.
  • Promotores internacionales. No existe un mecanismo que coordine los esfuerzos de promoción internacional de México que tenga como objetivo dar una misma imagen y estructura, situación que muchas veces crea confusiones entre los inversionistas extranjeros. Como se dice de manera coloquial: “cada quien quiere jalar agua para su molino”, sin pensar en un esfuerzo estratégicamente coordinado y orientado.
  • Legalidad. Es trascendental que exista certidumbre sobre la aplicación de las leyes y las  instituciones involucradas que la aplican. Esta es una de las principales razones que han provocado la pérdida de competitividad de México, sobre todo cuando vemos los avances que en esta materia han logrado países competidores.
  • Seguridad. Éste ya es un tema estratégico que se debe trabajar e incluir dentro de la competitividad de un país, ya que no sólo es la seguridad empresarial, es decir, de la inversión, sino seguridad física, familiar, etcétera.
  • Política industrial. En México hay una grave falta de política industrial de largo plazo. Ésta se renueva o reinventa cada sexenio; tanto a niveles federal, como estatal y municipal. Dicha política industrial debe incluir un análisis profundo de los factores económicos productivos de cada región, a fin de enfocar sus esfuerzos en desarrollos industriales específicos. Por ejemplo, hay que aprender de Suiza, donde no todos los cantones (estados) producen todo, sino que se especializan y se complementan. Una política industrial regionalizada y a largo plazo traería como consecuencia que los estados, a través de sus gobernadores y/o secretarios de desarrollo económico, ya no se peleen por atraer nuevas industrias (aeronáutica, automotriz, petroquímica, biotecnología, entre otras); que si bien son muy atractivas, no todos los estados cuentan con las condiciones adecuadas y necesarias para su desarrollo; y eso el inversionista extranjero lo sabe.
  • Consolidación sectorial (sectores tradicionales). En el mismo tenor que el inciso anterior, muchos estados desprecian industrias tradicionales y con potencial de nuevos desarrollos por no ser tan llamativas o impactantes, políticamente hablando. Tal es el caso de la agricultura, la pesca y la minería, donde gracias a innovaciones tecnológicas, y posiblemente con inversión extranjera, se puede explotar y desarrollar de una forma diferente. Ejemplos claros son el cultivo de frutas, vegetales y pesca orgánica, las cuales tienen mucha demanda a nivel mundial. En el caso de la minería, al menos veintidós estados de la república tienen posibilidades de desarrollo en ese terreno. Esta industria tiene una derrama económica y social muy importante; sobre todo porque muchas veces se ubica en lugares remotos y aislados donde difícilmente otras industrias “modernas” podrían desarrollarse.

A nivel individual también se debe trabajar, en varios frentes, el concepto de competitividad:

  • Asociacionismo. En México esta palabra causa mucho temor por la pérdida del control. Sin embargo, en otros países esto ha sido la clave del éxito y/o la recuperación económica de manera más rápida. Hay que aprender de los ejemplos actuales: en los últimos años, se han visto  asociaciones nunca antes pensadas entre las grandes empresas ya sea en las automotrices (Nissan-Ford) o en las electrónicas (Sony-Ericsson); si ellos lo hacen para beneficio mutuo, nosotros como país por qué no. Hay que olvidarnos del individualismo si queremos avanzar en grande.
  • Creatividad mexicana. Se habla mucho de ella y del ingenio del mexicano, sin embargo, a nivel mundial se puede considerar a México como seguidor o emulador, mas no como innovador y líder. Se deben poner en marcha modelos, y crear condiciones, que promuevan el desarrollo de la creatividad; como sucede cuando coterráneos nuestros se desplazan a otros países y se les da la oportunidad, sin importar la posición económica y social, a diferencia de lo que ocurre en México.
  • Profesionalismo empresarial. Otra agravante a nivel nacional es la falta de profesionalización empresarial. Abundan las empresas familiares que difícilmente consideran institucionalizarse con personal capacitado y actualizado, de acuerdo al nuevo entorno. Se sigue esperando que los miembros de la familia cumplan con ese objetivo sólo por ser parientes, lo que lleva muchas veces a que las empresas dividan y subdividan sus ganancias en base al número de miembros que crecen con el tiempo. El resultado es que se diluyen las utilidades, la toma de decisiones y se crea el pobre mote de: “empresario ricoempresa pobre”.
  • Compromiso. Este es un aspecto fundamental de la nueva cultura de negocios. Teniendo   compromiso y dedicación mucha de la mediocridad se acabaría. El nacionalismo y compromiso sólo nos sale con un partido de futbol, mas no en el trabajo o como dirigente; es decir, volvemos al individualismo con el que hemos crecido.

Todo lo anterior, aunque es muy somero, nos debe llevar a reflexionar en torno a dónde estamos, qué queremos lograr, pero sobre todo, en cuánto tiempo.

Necesitamos un cambio radical en nuestro país. Van algunas ideas que espero puedan plantear soluciones, si no significativamente innovadoras, digamos que por mucho mencionarlas no hemos siquiera logrado implementarlas del todo. La respuesta no va en el hilo negro, sino, quizá, en la simplicidad del actuar consecuentemente.

  1. Educar, desde el punto donde estemos, y desde el papel que juguemos en la sociedad. Se puede colaborar para incrementar la educación, ya sea formal, ecológica, cívica, financiera, política o laboral; nosotros podemos ser ejemplo para educar a los que nos rodean.
  2. Mejorar nuestro desarrollo profesional, por medio de la adquisición de nuevas prácticas profesionales, o buscar ser empresas socialmente responsables, que ayuden a la consolidación y desarrollo del capital humano que nos rodea o depende de nosotros.
  3. Ser responsables políticamente, pugnar por elegir a los mejores y más adecuados representante, no al que me va a dar el “hueso”, sino aquél que pueda cumplir y comprometerse con lo que promulga, para el bien de México, no el personal o individual.
  4. Buscar ser cooperativos y ayudar en la medida de lo posible; nos hemos preguntado ¿a cuántas asociaciones ayudamos?, o ¿qué labor social hacemos?; éste es un aspecto crucial en economías desarrolladas, y que muchas veces es lo que ayuda a países en desarrollo.
  5. Ser participativo en nuestro medio, con el objetivo de exponer y ayudar a tener mejores condiciones como país, y apoyar proyectos detonadores de nuestro ámbito, ya que si todos somos más participativos lograremos un mejor desempeño por parte de nuestras autoridades.

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