"Carlos está loco…"

Para algunos era “un cronista excepcional”, “el mejor escritor de México al que todavía no se justipreciaba en su real dimensión”, Para otros era “un falso modesto”, “un petulante que hacía alarde de sapiencia"

Por: José de Jesús Gómez Valle

Mi primer contacto con Carlos Monsiváis fue como el de muchos: a través de sus libros. Cuando estudiaba la preparatoria un profesor de sociología incluyó en las lecturas del semestre el libro Amor perdido (ERA, 1977).

Lo que recuerdo de aquella lectura es la manera como Monsiváis hacía una disección sobre el país con singular agudeza: desde los excesos de la dictadura porfiriana hasta la mitificación de personajes de la cultura popular como José Alfredo Jiménez e Irma La Tigresa Serrano, pasando por los conflictos entre empresarios y el Estado mexicano, y el papel que jugaba en el control corporativo de la clase obrera nacional el cacique sindical Fidel Velázquez.

Otro recuerdo sobre Monsiváis proviene de un homenaje que le hizo la Universidad de Guadalajara allá por 1992, creo que el coloquio con el que se homenajeó al autor de A ustedes les consta versaba sobre las culturas populares.

Ahí supe que Carlos Monsiváis era lo que se dice un ave de tempestades. Para algunos era “un cronista excepcional”, “el mejor escritor de México al que todavía no se justipreciaba en su real dimensión” Carlos Monsiváis, Dossier, Folios 20, José de Jesús Gómez Valle, Julio Scherer, memorias, movimientos sociales o el cronista al que sus “finas ironías” la mayoría no entendía.

Para otros era “un falso modesto”, “un petulante que hacía alarde de sapiencia”, esas voces se escuchaban en los pasillos del lugar del homenaje.

Varios años después, entre 2000 y 2003, cuando impartí un curso sobre movimientos sociales en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, su libro Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (ERA, 1987) se trataba de una referencia ineludible para entender el auge de la sociedad organizada y de la acción colectiva que se manifestaba en el país en el decenio de 1980: los damnificados de San Juanico y del sismo en el Distrito Federal; el Movimiento Urbano Popular; la disidencia en el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación; el Consejo Estudiantil Universitario de la UNAM que se opuso a las reformas del entonces rector Jorge Carpizo; el repudio hacia la institución presidencial manifestado en la rechifla que le propinó un estadio Azteca abarrotado a Miguel de la Madrid en plena inauguración de la copa mundial de futbol.

Ese libro de crónicas fue mi aliado para intentar que los jóvenes estudiantes comprendieran de una manera amena las nociones de la política y de la acción social de aquellos años aciagos.

En el año 2005 la Universidad de Guadalajara le otorgó el Doctorado Honoris Causa al periodista Julio Scherer. Entonces se me encomendó la tarea de hacer un documental sobre Scherer, para lo que debería entrevistar a varios de sus amigos y a periodistas que trabajaron con él. Por esa razón conocí personalmente a Carlos Monsiváis.

Después de algunas llamadas telefónicas, aceptó recibirme en su casa de la colonia Portales el domingo 6 de noviembre de 2005 a las 6 de la tarde para recoger su testimonio sobre Julio Scherer.

Llegué a la cita con el camarógrafo y su ayudante unos minutos antes de la hora acordada, llamé a su puerta varias veces y no obtuve respuesta. Esperé varios minutos y recordé lo que algunas personas que conocían a Carlos Monsiváis me habían advertido: “es impuntual, deberás tener paciencia”.

Al cabo de más de una hora llegó a bordo de un taxi, cuando descendió caminé hacia él y me presenté recordándole las conversaciones telefónicas que habíamos tenido un día antes y todavía ese día por la mañana. “Sí, ya se –me respondió, escueto– vamos adentro a la entrevista. Que sea rápido. Tengo prisa”.

Pasamos y caminamos por el patio frontal de su casa. Una casa de fachada deslavada en color azul cielo, se sentó en una jardinera y pidió que iniciara la entrevista, sus entrañables compañeros felinos empezaron a retozar junto a él.

Cuando empezó a responder, el hombre que hacía apenas unos minutos se notaba malhumorado, cambió de actitud. Sus palabras fluían e incluso su rostro dibujaba una tenue sonrisa al rememorar pasajes de su vida con Julio Scherer.

Le pedí una anécdota que le pareciera especial y me respondió que tenía muchas, pero que en ese momento recordaba la siguiente:

"He vivido muchas anécdotas con Julio pero recuerdo ahorita una en especial. Estábamos un día desayunando Julio y yo cuando llegó un político de mediana importancia a saludarlo, le dijo que le daba mucho gusto verlo y Scherer que es un hombre especializado en la cortesía le dijo: ‘Me da mucho gusto también verlo. Por cierto, usted ha actuado de una manera tan inconsecuente y falta de autocrítica, ¿no quiere que lo entrevistemos para que usted diga porqué hizo una cosa tan absurda como la que estamos viendo?’.

"Esa es más o menos la anécdota, no recuerdo a que hecho se refería en concreto pero una vez cumplidas las fórmulas de cortesía, Julio acorralaba al político para demostrarle que lo que estaba haciendo no sólo era deleznable sino que además no tenía el valor de sustentarlo.

"El hombre se fue deshaciendo en disculpas. Una vez que se fue le pregunté a Julio porqué tal capacidad de disección en un desayuno y me dijo: ‘Lo que pasa es que están tan acostumbrados a que saludan y creen que con eso nos están dispensando un gran favor y el gran favor sería que dijeran la verdad sobre todas sus trapacerías’ ”.

Enseguida le comenté a Monsiváis que solicitarle a él un juicio crítico pudiera ser una redundancia o un pleonasmo pero que me arriesgaba a pedirle una crítica a la trayectoria periodística de Julio Scherer. Esto fue lo que me respondió:

"La crítica que le puedo hacer a Julio básicamente tendría que ver con algo que me parece muy importante que él no ha desarrollado: la elaboración de sus memorias.

"Nos debe sus memorias para conocer no sólo la cercanía con los presidentes de la República, que como se ha visto cada vez resultan menos imponentes, menos extraordinarios y que revelan que son ciudadanos como todos pero casi siempre peores que todos.

"Esa cercanía que ha tenido Scherer con toda la gente importante, medianamente importante o significativa del país permitiría un libro de memorias que nos darían la visión de un periodista, la visión de una cercanía que es lejanía al mismo tiempo.

"Creo que Scherer nos debe ese libro que apenas está esbozado en los libros que ha publicado; porque en los que ha publicado insiste, y con las razones del caso, en ver a través del poder presidencial y las derivaciones del poder presidencial una realidad que como ahora se ha visto es más vasta, más pródiga y más interesante”.

El día de la entrega del reconocimiento a Julio Scherer se proyectó el documental en donde Monsiváis hablaba sobre el “adeudo” de las memorias del fundador de Proceso; posteriormente le pregunté a Scherer su opinión sobre el comentario de Monsiváis en el sentido de que “nos debía sus memorias”. Lacónico, Scherer respondió: “Carlos está loco, ya se lo he dicho varias veces” y empezó a reír.