Candidaturas independientes

Es importante vincular el desarrollo de la sociedad civil organizada, con la necesidad de mejorar el sistema representativo y lograr lo que Bobbio llamó ampliación de la democracia

Por: Franciscó José Paoli Bolio

Las candidaturas independientes o ciudadanas han sido propuestas por dos de las tres iniciativas de reforma política, recientemente presentadas al Congreso: la del presidente Calderón y la del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

La posición de la iniciativa que presentaron los senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en voz de su coordinador, Manlio Fabio Beltrones, es que esas candidaturas ya son posibles conforme al texto constitucional y que sólo debe ser prevista en la ley reglamentaria, lo cual será legislado próximamente.

Los diputados del PRI han anunciado que presentarán su propia iniciativa que se sumará a la de los senadores de ese partido.

Esto permite augurar que la de las candidaturas ciudadanas será una de las reformas aprobadas por el poder reformador de la Constitución, previsto en su artículo 135. Cada una de las propuestas tiene matices distintos.

La del presidente Calderón propone que con 1 por ciento de firmas de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, de la demarcación (nacional, estatal, de circunscripción, de distrito o de municipio) en la que se pretende inscribir a un candidato.

El PRD agrega que se le pida al candidato una fianza, con la que responda por el uso de los recursos públicos que se le asignen, de acuerdo con lo previsto en la ley.

Lo que esta reforma busca es que los proponentes pueden lograr que el sistema representativo tenga mayor aceptación, evitando que continúe cayendo en el desprestigio.

Muchos ciudadanos no se sienten representados, particularmente en los poderes legislativos nacional y de las entidades, por los legisladores emanados de los partidos.

Por otra parte, los partidos tienen en la práctica el monopolio de las candidaturas, por más que la Constitución otorgue el derecho a los ciudadanos de elegir y ser elegidos para puestos de elección popular. Esta práctica monopólica, como otras, hay que eliminarla.

Con esta reforma se puede abrir un camino para enriquecer nuestro sistema representativo y dar cauce a inquietudes significativas de los ciudadanos, que no se sienten identificados con los partidos políticos registrados, ni están en condiciones de formar otros.

Hay que considerar el severo desprestigio de los partidos políticos y en especial de sus burocracias. Las candidaturas ciudadanas sin partido, pueden crear estímulos para que las organizaciones partidarias corrijan sus defectos y se democraticen. La democratización de los partidos es un tema central de la reforma política.

Las candidaturas independientes pueden también contribuir a mejorar la competencia y la deliberación pública. Debe disponerse en la ley secundaria también, que ellos y los candidatos participen en los debates públicos obligatoriamente.

Los debates no tienen que hacerse solamente en los medios electrónicos tradicionales (radio y televisión). Hay ahora a través de los medios electrónicos muchas formas para deliberar y debatir, como Twitter o Facebook, que están abiertas a la ciudadanía y son más accesibles a los ciudadanos comunes.

Con esta reforma se establecería un procedimiento para que los ciudadanos sin partido puedan hacer efectivo su derecho a ser electos, como lo prescribe el artículo 35 de la Constitución.

Se ha dicho que la reforma constitucional es innecesaria, porque la Suprema Corte de Justicia ya emitió una resolución que señala que si la ley establece la figura de candidaturas independientes, éstas deben ser inscritas por las autoridades respectivas para que los ciudadanos puedan competir.

Es decir, que si las constituciones locales o leyes electorales de los estados (como ya ocurre en algunos), o el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) a nivel federal, establecen las candidaturas independientes, estas procederán sin necesidad de reforma constitucional.

No se debe dejar a la voluntad de un legislador (secundario) abrir o no la posibilidad de que un derecho político fundamental se ejerza o no se ejerza, porque este es un derecho de los ciudadanos y no de los legisladores.

Es conveniente entonces que desde la Constitución misma se estipule una vía eficaz para el ejercicio de ese derecho, aunque los detalles del procedimiento para inscribir la candidatura independiente puedan dejarse a la ley.

Lo que es indispensable de incorporar en la Constitución, es la garantía de que los candidatos independientes, tendrán las mismas prerrogativas que se dan a los candidatos de los partidos, así como que se les exija el cumplimiento de obligaciones (como la fianza que propone el PRD) de que se comportarán de acuerdo con lo previsto en el marco normativo.

Estas disposiciones, para ser eficaces, deben, a mi juicio, plantear responsabilidades a los candidatos independientes que no cumplan con las disposiciones legales. En este último punto hay que incluir a los que reciban financiamiento indebido, o que sobrepasen los límites del previsto en la ley.

Es importante vincular el desarrollo de la sociedad civil organizada, con la necesidad de mejorar el sistema representativo y lograr lo que Bobbio llamó ampliación de la democracia.

En efecto, se puede lograr a través de las candidaturas independientes o ciudadanas, que surgen del seno de la sociedad y que frecuentemente están vinculadas a una o varias organizaciones sociales. Estas se pueden aliar a los partidos, como ha venido ocurriendo.

El defecto que tienen esas candidaturas cuando son incorporadas a los partidos, es que quedan avasalladas por las burocracias partidarias o por los grupos parlamentarios y no pueden expresar adecuadamente los intereses que representan, o las reflexiones y valoraciones que quieren hacer.

En los congresos federal y local, las participaciones en tribuna, la propuesta de puntos de acuerdo, son reguladas por los grupos parlamentarios dominados por los partidos en las juntas de coordinación política.

Las candidaturas independientes también pueden influir en la modificación de procedimientos parlamentarios para hacerlos más incluyentes de la pluralidad.

Si se aceptan, naturalmente se estaría promoviendo una reforma a las disposiciones parlamentarias para que los legisladores sin partido –como los llama la ley– se expresen y hagan oír sus razones.

Con el planteamiento de las candidaturas independientes, un buen número de organizaciones sociales, podrían quedar representadas en las asambleas legislativas, sin tener que alojarse en un partido.

Los órganos de representación recogerían una pluralidad en forma más adecuada, reproduciendo en su seno la diversidad social. De esa manera el sistema representativo mejoraría y muchos más ciudadanos se sentirían representados.

El que las organizaciones sociales respalden candidaturas independientes resuelve algunas objeciones que se han hecho a éstas, porque ese respaldo también puede y debe implicar una responsabilidad de ellas.

Hay quien afirma que esas candidaturas son embriones o proyectos de partidos políticos. Yo creo que eso puede ser cierto parcialmente, pero estoy seguro que muchas de ellas, no quieren convertirse en partidos políticos, aunque sí quieran participar en la integración del sistema representativo.

En los casos en que se formen partidos a partir de candidaturas independientes, bienvenidos a mi juicio serán esos partidos, porque mejorarán también el sistema representativo y contribuirán a la toma más responsable de las decisiones públicas.

Por último, quiero destacar que se ha desarrollado de manera amplia el sistema de comunicación a través de redes electrónicas, que impulsan proyectos políticos y también reivindican o defienden derechos humanos con cierta eficacia.

En las últimas elecciones mexicanas tuvimos un movimiento contestatario del sistema representativo, a través de la promoción del voto nulo, que alcanzó casi dos millones de votos nulos.

Un impulso notable a ese movimiento electoral fue promovido por internet. La Red abre posibilidades inéditas a la participación democrática y al perfeccionamiento del sistema representativo. En la campaña política de Barak Obama, hoy presidente de los Estados Unidos de América, las acciones y participación ciudadana, sobre todo de los jóvenes, tuvo un gran impacto en el resultado electoral.