Arte y Política. Del muralismo a las redes de comunicación

Con la modernidad, el ascenso de la burguesía y la economía de mercado, se construye un nuevo paradigma para el arte y su función social

Por: Susana Pérez Tort

MURALISMO COMO ARTE PÚBLICO 

El arte nace como un fenómeno social y colectivo, compete e incluye a toda la tribu, que con la imagen pintada sobre la roca, con el talismán o el oro que potencia la magia del chamán, conjuraba la supervivencia.

No se ha desdibujado ese rol en sociedades que mantienen vivo el carácter mágico-ritual de aquello que hoy llamamos genéricamente “arte”. Las sociedades que dependieron de la primera “globalización”, el eurocentrismo, desdibujaron el enorme valor que la comunidad confería a la “obra” y su poderosa cualidad de “necesaria”.

Con la modernidad, el ascenso de la burguesía y la economía de mercado, se construye un nuevo paradigma para el arte y su función social. Paradigma que Europa extrapoló a sus colonias. El arte muda de necesario a supletorio, de objeto antropológico a bien de lujo que objetiva el poder del consumidor, objeto de placer y contemplación.

Es la misma modernidad la que acuña al cuadro como soporte seglar y móvil de la pintura. El vínculo con la obra deviene una experiencia unipersonal: un hombre/un cuadro. La vivencia colectiva de muros anónimos pintados con fines religiosos, da lugar al cuadro, capaz de asumirse como pieza de mercado, objeto de compraventa.

Ese legado se exhibe en museos y galerías, que suelen tener asientos dispuestos para contemplar, para que el espectador viva el tiempo del disfrute en posición sedente, a corta distancia de su intocable objeto de contemplación. Por el contrario, el grabado, capaz de ser reproducido en copias idénticas, rompió con la unicidad del cuadro y permitió una difusión multiplicadora.

El arte político encontró en el grabado un punto de anclaje. Goya, como el francés Daumier, se sirvieron de él logrando llegar a un mayor número de espectadores con un alcance no masivo, pero mayor que el del lienzo contenido en su marco, como pieza única. 

Al cabo de quinientos años del cuadro, es necesario revisar la vigencia del soporte. La Revolución Soviética –como en sus comienzos la Revolución Cubana– juzgó al cuadro como bien de consumo burgués. Propuso revivir el muralismo y usó el cartel –capaz de multiplicarse industrialmente– como expresión de un arte con una función pública y política, destinada a las masas y con discurso funcional a la Revolución.

El mural sobre un plano recto o en forma de “panorama” –pared circular que rodeaba al espectador– fue un germinal sistema de realismo que ofrecía una pintura que pudiera experimentarse. Comparar estos pinitos de realismo con la cinematografía 3D nos obliga a esbozar una sonrisa.

En ambas Revoluciones se ignoró –y proscribió– el lenguaje del naciente modernismo (la abstracción) y se sustantivó el realismo socialista, descriptivo. Su fin: llegar a una masa que no necesitara interpretar la obra. Soberbia forma de minusvalorar al pueblo, gran error de la Revolución que abortó, en el caso de Rusia, una vanguardia floreciente.1

Del muralismo soviético bebieron los celebérrimos artistas mexicanos que hicieron propio ese discurso, patrimonio nacional, probando que era posible un muralismo político que no resignara del lenguaje modernista. Ese, su gran legado.

David Alfaro Siqueiros llega a Argentina y difunde la potencia expresiva del muralismo. Natalio Botana, entonces director del diario Crítica, lo invita a realizar un experimento pictórico en el sótano de su quinta de las afueras de Buenos Aires. Resultó ajeno a la mirada pública que tenía como fin el muralismo. Siqueiros, convocó a Antonio Berni –el pintor “político” más paradigmático argentino– a Lino E. Spilimbergo y Juan C. Castagnino.

En 1933 plasmaron el Ejercicio Plástico,2 singular mural que cubría un techo abovedado, paredes y piso. El efecto logrado fue extraordinario: el espectador parecía ingresar en la pintura que lo envolvía, se vivenciaba. Hecho inédito para esos años, como si fuera una instalación avant la letre.

Después de 55 años de abandono, deteriorado y tras un largo pleito por su propiedad, pasó al Estado. Para trasladarlo se dividió en partes con el concurso de ingenieros y pudo ser medianamente rescatado.

Desidia institucional y litigios lo destinaron a cuatro contenedores que, a la intemperie, potenciaron su agonía. En 2010, año del Bicentenario de la independencia Argentina, se rescata del olvido y restaurado, se destina al Museo que ocupa el solar de la primera aduana de Buenos Aires. El Ejercicio Plástico habrá perdido su aura, su temporalidad y su contexto, guardará sin embargo algo de su gastada y magnífica memoria.

 

ARTE/POLÍTICA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

Desde la década de los años sesenta los lenguajes plásticos comenzaron a transformarse y en las últimas décadas se opera en las artes un notable del giro cultural. Ven la luz nuevos soportes y tecnologías que cambiaron no sólo el arte sino la comunicación entre individuos, empresas, sociedades, Estados.

Las nuevas tecnologías transforman el vínculo entre obra y público, hecho fundamental para el arte político que busca llegar al mayor público posible. Y al decir arte político subrayo el frágil linde que se tiende entre el panfleto (pasajero, con el único objetivo de la masividad, ajeno a un fin estético) y la obra de arte política destinada a perdurar, más allá de la coyuntura.

Vivimos en la sociedad de las tecnologías para la información y la comunicación (TIC), en un mundo globalizado, social, cultural, económica y políticamente por vías de la tecnología digital.

La imagen digital es dato, información, como consecuencia puede ser contenida en varios soportes. Alojarse en la global página de internet –ese no lugar que es la web–, verse y bajarse con un clic. Puede proyectarse, viajar como archivo adjunto en un correo electrónico, compartirse en una red social digital, exponerse simultáneamente a un sinfín de espectadores, habitantes de ese singular espacio temporal on line. Acaso imprimirse, asumiendo el formato de cualquier obra sobre papel.

La virtualidad cambia la identidad de la imagen. El dato se multiplica al infinito, no se copia, como el grabado. Se comparte en tiempo real con una difusión exponencial, en una suerte de escenario público virtual, réplica intangible de las monumentales arquitecturas que congregaron a las masas.

Nuevo paradigma de la imagen virtual que navega entre satélites y wi-fi, ajena al aura que atribuía Benjamin (1936) al “original”, en un sistema de vínculos que atraviesa las fronteras físicas generando imágenes públicas, socializadas.

 

SIN MÁS FRONTERA QUE LO NO GLOBAL

Sería afirmar de perogrullo que el mundo es global cuando grandes territorios y sociedades carecen de lo elemental. Pero los incluidos en el world wide world pueden protagonizar un nuevo vínculo de la obra con su público.

¿Qué ocupa hoy el lugar que ayer tuvo el muralismo en función del arte político? Las paredes no se mudan y el cuadro queda preso en el museo. Pero la triple w –internet– y sus distintos canales de comunicación hacen posible hoy que cualquier obra digital –video, imagen fija– o digitalizada, se difunda globalmente en millares de pantallas, incluso más pequeñas que la palma de una mano. Otro paradigma.

Lejos estamos del panorama. Lejos del muralismo del que México es tutor. Conservamos el sosiego del museo donde aún y felizmente podemos ver fusileros y fusilados del pincel de un Goya,3 como el de sus mercenarios mamelucos matando españoles a mansalva.4 

También podemos contemplar la libertad encarnada en cuerpo de mujer, gorro frigio, bandera tricolor, avanzando entre cuerpos caídos en la lucha, la ciudad humeante a sus espaldas, Delacroix, y seguramente la más grande pintura política jamás pintada.5 

Pero estos íconos, como cualquier otra obra de arte político, pueden hoy multiplicarse ante millares de ojos que los ven, a través de los caminos virtuales de internet, en la sociedad de las TIC, alumbrando una nueva forma de ver y entender lo colectivo, político y social.

Citas
  1. La Revolución Cubana siguió el mismo derrotero cultural que la soviética, pero en las últimas décadas experimentó una significativa apertura hacia todas las disciplinas del arte.
  2. “Convenio para la exposición del mural Ejercicio Plástico”, de David Alfaro Siqueiros. Secretaría de Cultura de la Nación, Buenos Aires, 2004
  3. Los fusilamientos del 3 de mayo, Francisco Goya, Museo del Prado, Madrid.
  4. El 2 de mayo de 1808. La carga de los mamelucos, Francisco Goya, Museo del Prado, Madrid.
  5. La Libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix, Museo del Louvre, París.

 


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