Apuntes en torno a la evolución electoral del Partido de la Revolución Democrática

Desde su fundación, por la lógica electoral, el PRD orientó todos los esfuerzos y recursos disponibles a la conquista de espacios de poder

Por: Adriana Borjas Benavente
 
En mayo de 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) surgió avalado por el resultado electoral obtenido por Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del Frente Democrático Nacional a la Presidencia de la República. Con el reconocimiento oficial de 31.1 por ciento de la votación y una fuerza significativa en ocho entidades federativas, 1 el PRD irrumpió en el escenario nacional como una fuerza política relevante que marcó el inicio del tripartidismo en México.
 
Determinado, desde su fundación, por la lógica electoral, el PRD orientó todos los esfuerzos y recursos disponibles a la conquista de espacios de poder, los cuales, en lugar de fundamentarse en la experiencia organizativa de quienes procedían de la Corriente Democrática del PRI y de la izquierda política y social, se sustentaron en la inercia y predominio del liderazgo carismático de Cárdenas, cuya capacidad de ampliar vínculos y mantener votos fue incuestionable durante más de ocho años.
 
A pesar de las adversidades en el terreno político y electoral, el PRD consiguió sobrevivir articulado y cohesionado en torno a un líder que le confirió coherencia y presencia, pero que no consiguió, en razón de múltiples factores, cuya enumeración no cabe en este espacio, concretar una estructura y organización partidista articulada y fuerte, y con implantación en todo el territorio nacional. 
 
Un contexto favorable en razón de las reformas a la Ley Electoral, de la reconfiguración del IFE como un órgano esencialmente ciudadano y de una sociedad más crítica y participativa; aunado a una estrategia electoral diferenciada e instrumentada a partir de una evaluación de la implantación del partido en las distintas entidades federativas y a una innovadora campaña en medios de difusión masiva, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, quien continuaba imprimiendo coherencia a las acciones del PRD, constituyeron algunos de los factores que en 1997 permitieron a éste cobrar su dimensión real en el terreno electoral.
 
El resultado: la consecución de la jefatura de gobierno del Distrito Federal, con el 48 por ciento de los sufragios; una Asamblea Legislativa con mayoría absoluta del PRD, al que correspondieron 95 por ciento de los escaños; y 25.6 por ciento de la votación nacional en las elecciones federales, que, al significar 125 diputados, ubicó a ese partido como la segunda fuerza política en el ámbito legislativo. 
 
Además, a partir de entonces, el PRD triunfó en otros procesos estatales: Tlaxcala, en 1998; Zacatecas y Baja California Sur, en 1999; Michoacán en 2001 y Guerrero en 2005, mientras que en coalición con el Partido Acción Nacional, ganó los gobiernos de Nayarit en 1999 y de Chiapas en 2000.
 
Desde ese año, en seis de las ocho entidades mencionadas se han efectuado procesos electorales para elegir gobernante. En ellos, el PRD ha conservado los gobiernos del Distrito Federal, Baja California Sur y Chiapas, hecho que permite inferir la aprobación ciudadana al desempeño gubernamental de quienes, en nombre del partido, han ejercido el poder. 
 
El PRD no logró conservar tlaxcala, ni tampoco consiguió posicionarse de manera individual en relación con los partidos con los cuales gobernó en coalición en Nayarit.
 
Así, en los comicios locales de 2005, ambos estados fueron recuperados por el Partido Revolucionario Institucional. Al respecto convendría hacer un análisis sobre las causas que impidieron al PRD diferenciarse y fortalecerse para conservar, por sí mismo, los espacios ganados.
 
Los resultados de las elecciones federales de 2000 y 2006, correspondientes a los ocho estados en los que el PRD ha detentado o formado parte del gobierno, comparados con el resultado obtenido en las respectivas elecciones locales en las que el partido conquistó el poder, muestran, con excepción del Distrito Federal, un decrecimiento más o menos significativo en puntos porcentuales.
 
De esta manera, y aun cuando el partido se ubica como primera fuerza electoral en ellos, ha perdido electores o no ha conseguido incrementarlos, lo cual puede atribuirse a que, como gobierno, no ha conseguido desempeñarse de acuerdo a las expectativas ciudadanas o bien, a que como partido, no ha fortalecido sus bases mediante un trabajo organizativo (ver cuadro I).
 
 
* Fuente: Consejos estatales electorales de Baja California Sur, Chiapas, Distrito Federal, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Tlaxcala y Zacatecas; Instituto Federal Electoral, elecciones de diputados federales por el principio de mayoría, 1997, 2000 y 2003; Programa de Resultados Preliminares (PREP) del Instituto Federal Electoral de las elecciones de diputados federales por el principio de mayoría 2006: http://prep2006.ife.org.mx [11 de julio de 2006]; y Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Dictamen relativo al cómputo final de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Declaración de validez de la elección y de presidente electo, 5 de septiembre de 2006.
 
 
En este contexto, destaca la importancia creciente adquirida por el Distrito Federal para el PRD, donde los resultados obtenidos en las elecciones locales del pasado 2 de julio permiten inferir el aval que los habitantes de la capital del país confieren al desempeño gubernamental del partido y, de manera específica, a la gestión de Andrés Manuel López Obrador.
 
Con un incremento de 12.84 puntos porcentuales en la votación, respecto a la obtenida en las elecciones de 2000, 2 el PRD mantuvo la jefatura de gobierno; ganó una delegación más en relación con el 2003; y conservó 34 de los 37 escaños que detentaba, todos ganados por el principio de mayoría relativa, en la Asamblea Legislativa del DF, integrada en 51.5 por ciento por perredistas. 
 
En las elecciones federales, los 2.8 millones de electores del Distrito Federal que sufragaron a favor de la candidatura a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, representaron 19.13 por cinto de la votación total obtenida por éste; en tanto que el incremento, respecto al 2003, de 19.19 puntos porcentuales en la votación de la capital del país a favor de los candidatos a diputados del PRD, significó la conquista de 31 de los 51 escaños en disputa, es decir, 60.78 por ciento de los espacios correspondientes al Distrito Federal en la Cámara Baja, donde estos 31 diputados representan 24.4 por ciento de los 127 integrantes del Grupo Parlamentario del PRD.
 
Estas cifras muestran que la capital del país es la entidad en la que el Partido de la Revolución Democrática tiene mayor presencia, hecho que, en parte, se explica por una tendencia histórica a favor de la izquierda, y hoy en día, sobre todo, por una valoración positiva por parte de los electores del desempeño del PRD, identificado y representado, en el transcurso de los últimos años, por Andrés Manuel López Obrador (ver cuadro II).
 
 
Nota: El período 1979-1985 incluye a todos los partidos que se proclamaban a sí mismos de izquierda, y entre los cuales se encontraban los satélites del PRI. A partir de 1988 sólo consigno los porcentajes de votación obtenidos por este partido. 
 
Fuente: Enrique Semo, “La oposición en el DF ayer y hoy”, Proceso, núm. 1069, abril 27 de 1997, pp. 36-37; José Woldenberg, Violencia y política, Cal y Arena, México 1995; y Comisión Federal Electoral e Instituto Federal Electoral, elecciones federales, 1988, 1991 y 1994. 
 
 
En las elecciones presidenciales de 2006, Baja California Sur, Distrito Federal, Guerrero, Michoacán y Zacatecas, esto es, las cinco entidades que a excepción de esta última entidad, el PRD, significaron, en conjunto, 28.3 por ciento de la votación total obtenida por el candidato a la presidencia, mientras que al sumar un total de 62 escaños los diputados perredistas de estas entidades representan 48.8 por ciento de los espacios ganados por el partido en la Cámara Baja. 
 
Si bien los resultados mencionados pueden atribuirse a la aprobación ciudadana del PRD por la manera en que se ha desempeñado en el ámbito gubernamental, la diferencia en el porcentaje de la votación obtenida por los candidatos a diputados federales y el candidato a la Presidencia de la República, evidencian la importancia de este último, pues en Baja California y en Zacatecas, López Obrador obtuvo, respectivamente, 0.96 y 1.44 puntos porcentuales más que los perredistas postulados a la Cámara Baja.
 
En contraste, en Michoacán, Guerrero y Distrito Federal, la diferencia respectiva a favor del candidato presidencial en relación con los candidatos postulados al Poder Legislativo fue de 4.35, 6.94 y 7.62 puntos. 
 
De esta manera, y aun cuando la aprobación al desempeño gubernamental del PRD constituye un elemento importante para explicar los resultados obtenidos en estas entidades, también es pertinente considerar que la diferencia significativa, en al menos tres de ellos, a favor de López Obrador, ubica a éste por encima del reconocimiento al partido como alternativa de poder. 
 
Por otra parte, los resultados de las elecciones federales de 2006 muestran que además de ganar en las entidades en las que el PRD gobierna, el candidato presidencial del partido, también obtuvo mayoría en once estados más. Éstos fueron, en orden descendente: Tabasco (57.2 por ciento), Puebla (47.4), Morelos (45.1), Chiapas (44.9), Tlaxcala (44.9), Estado de México (44.1), Nayarit (42.6), Hidalgo (41.8), Quintana Roo (39.1), Veracruz (36.1) y Campeche (33.4). 3 
 
Al analizar la trayectoria del PRD a partir de los resultados obtenidos en las elecciones federales de dichos estados desde 1997 se observa que, con excepción del Estado de México y de Tabasco, en los que luego de registrar un descenso en el porcentaje de la votación del 2000 se recupera a partir de 2003, en las nueve entidades restantes el porcentaje de la votación a favor del PRD muestra una tendencia decreciente en mayor o menor medida, que al elevarse de manera significativa en los resultados de la elección presidencial de 2006, confirma la relevancia de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, más que una importante presencia o implantación partidista.
 
En este sentido, y si bien el PRD se constituyó como la primera fuerza electoral en dieciséis estados del país, esto es, el doble que en 1988, los datos expuestos hasta ahora muestran que este hecho es, sobre todo, resultado de la postulación de la candidatura de López Obrador, más que de una implantación territorial consistente o de una evaluación y aprobación generalizada al desempeño público partidista.
 
En suma, puede afirmarse que en los once estados en los cuales el PRD no gobierna y obtuvo mayoría, ésta estuvo determinada fundamentalmente por las expectativas generadas por una sola persona: Andrés Manuel López Obrador, cuya ubicación por encima de los candidatos del partido al Poder Legislativo se observa de manera global, ya que en las elecciones a diputados por el principio de mayoría el PRD obtuvo 29.83 por ciento del total de sufragios, mientras que el candidato perredista a la presidencia concentró 36.11 de la votación total, esto es, 6.28 puntos porcentuales más que sus correligionarios, equivalentes a 2 millones 669 mil 736 votos.
 
Lo anterior muestra el predominio del liderazgo de López Obrador al interior del PRD, un liderazgo que al igual que el detentado otrora por Cuauhtémoc Cárdenas, mantiene la característica originaria del PRD como un partido carismático, al tiempo que le imprime rasgos que, aunque distintos a los derivados de la presencia de Cárdenas, dificultan la posibilidad de una institucionalización plena que permita al partido consolidarse por sí mismo, en lugar de depender del posicionamiento y superioridad de un líder.
 
En las elecciones presidenciales de 2006, y a diferencia del Partido Acción Nacional, que se ubicó como primera fuerza electoral en dieciséis estados del país y se posicionó como segunda en once más, en ocho de los cuales obtuvo más del 30 por ciento de la votación, el PRD únicamente se situó como segunda fuerza en cinco entidades y sólo en una de ellas concentró la tercera parte del total de sufragios.
 
Este hecho confirma una deficiente penetración e implantación del Partido de la Revolución Democrática al menos en un tercio del territorio nacional, y plantea, por consiguiente, la necesidad de implementar estrategias organizativas orientadas a rebasar el carácter esencialmente regional que hoy lo caracteriza para estructurarse, organizarse y consolidarse como un partido nacional.
 
Si como he señalado hasta ahora, los resultados obtenidos por el PRD en las elecciones federales de 2006 se explican, sobre todo, a partir de una valoración positiva del candidato a la Presidencia, cuya explicación fundamental radica en un liderazgo fundamentado en acciones, producto de una manera determinada de ejercer el poder, lo cierto es que por primera vez en su historia el PRD alcanzó una votación que acusa una presencia nacional del partido.
 
Este es el mérito de Andrés Manuel López Obrador. Así, y más allá del futuro político de este último, el Partido de la Revolución Democrática tiene frente a sí una disyuntiva tan importante como la que tuvieron quienes lo fundaron, y a la que además se debe sumar la experiencia de la trayectoria de estos 17 años.
 
Nunca antes el PRD obtuvo una votación tan alta en elecciones federales, por consiguiente, tampoco nunca antes tuvo tantos espacios en el Poder Legislativo ni tampoco una presencia tan importante en la mitad de las entidades del país. ¿Qué hacer con este capital electoral? ¿Cómo mantenerlo y convertirlo en capital político? 
 
Hoy, el PRD tiene la oportunidad de emprender estrategias de organización que le permitan ampliar sus bases con miras a institucionalizarse como un partido con implantación y presencia nacional.
 
En los espacios de poder ganados, que es donde se negocian, acuerdan y consiguen las grandes transformaciones, tiene la oportunidad de incidir en la toma de decisiones con miras a lograr objetivos programáticos relevantes. 
 
El PRD tiene también la posibilidad de abanderar implícitamente el movimiento que hoy lidera López Obrador, para tener una mayor legitimidad en términos de representación social y para presionar, dentro de los cauces legales, con miras a lograr dichos cambios.
 
Queda por ver si quienes hoy dirigen y representan al Partido de la Revolución Democrática están dispuestos a cohesionarse y actuar para definir con claridad reglas internas, organización, estructura, objetivos y programa, en suma, acciones tendentes a institucionalizar y garantizar la permanencia del partido, o si optarán por esperar el surgimiento de un nuevo líder para articularse en torno a él y otorgarle la dominación del partido que representa a la izquierda mexicana.
 
 
Citas
  1. Cabe recordar que en 1988 el Frente Democrático Nacional, de acuerdo a las cifras oficiales, ganó con más del 30 por ciento de la votación en ocho estados: Baja California (39.9), Colima (31.6), Nayarit (32.1 por ciento), Guerrero (36.4 por ciento), Distrito Federal (45.9 por ciento), Estado de México (48.9 por ciento), Morelos (50.3 por ciento) y Michoacán (60 por ciento).
  2. En la elección de jefe de gobierno del Distrito Federal del año 2000 Andrés Manuel López Obrador, postulado por la Alianza por la Ciudad de México, obtuvo 39.26 por ciento de la votación total, mientras que en 2006, Marcelo Ebrard, candidato de la Alianza por el Bien de Todos, concentró el 52.10 por ciento de los votos. Adriana Borjas Benavente, Partido de la Revolución Democrática. Estructura, organización interna y desempeño público: 1989-2000, Gernika, México 2003, y La Crónica, 7 de agosto de 2006.
  3. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Dictamen relativo al cómputo final de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Declaración de validez de la elección y de presidente electo, 5 de septiembre de 2006.

 


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