Agenda Ciudadana. Aristegui: otra vuelta de tuerca

Lorenzo Meyer examina los márgenes de la libertad de prensa y sus implicaciones de cara a la relación de la clase política con los medios de comunicación como un elemento para la consolidación democrática

Por: Lorenzo Meyer

Aestas alturas del sexenio es visible que uno de los propósitos del gobierno de Enrique Peña Nieto es apretar tuercas de lo mucho que queda de la vieja maquinaria política autoritaria que se fabricó y funcionó en el siglo pasado. Una de las tuercas a apretar es el control sobre las fuentes de información de carácter político.

Esto explica la reacción desproporcionada de la empresa mvs Radio contra la conductora estrella de sus programas de noticias, Carmen Aristegui, que desembocó en la cancelación del espacio radiofónico que la periodista y su equipo ocupaban. La lógica de este incidente no se explica simplemente, como argumenta mvs, porque el equipo de la conductora no consultó antes de asociar su unidad de investigación con la plataforma Mexicoleaks.

Es verdad que en ese caso la periodista y sus colaboradores actuaron sin "pedir permiso", pero se trató de una infracción administrativa menor que pudo arreglarse en privado y no anunciando urbi et orbi que se había cometido un abuso de confianza contra la empresa.

El despido de dos de sus principales colaboradores y la aparición de unos "lineamientos" de mvs que limitan la libertad de sus conductores de noticias para determinar los contenidos de sus programas fue, en la práctica, erguir las horcas caudinas que mvs sabía que Aristegui no iba a pasar, por humillantes. El resultado es la pérdida para la sociedad de un espacio radiofónico libre y la ganancia del gobierno que se libera de una fuente de críticas.

Lo que buscaban Aristegui y su equipo al asociarse con Mexicoleaks era una plataforma digital gratuita cuyo objetivo es absolutamente legítimo: captar información –leaks– de interés público que se encuentra intencionalmente oculta dentro del aparato institucional.

Mexicoleaks es una plataforma diseñada en Holanda por Free Press Unlimited, para que cualquiera, en cualquier país, pueda hacer llegar a los periodistas información sobre posibles actos ilícitos de las autoridades, sin que se pueda identificar al denunciante y tomar represalias. Y todo lo que facilite hacer público lo que el poder busca ocultar, puede apoyar algo muy democrático: la rendición de cuentas.

Para entender la razón de fondo de la cancelación del programa –y del proyecto– de Aristegui, se debe partir del supuesto de que la conducta de mvs es racional. No destruye su mejor noticiero por una mera infracción a la cadena de mando. La empresa debe estar buscando intercambiar ese programa para evitar represalias u obtener ventajas en otro renglón. Y es aquí donde entra un muy probable factor externo: el actual gobierno.

El factor externo

En la tradición priista pura, la libertad de prensa sólo es tolerable en las publicaciones que llegan a muy pocos: libros y revistas, aunque a veces ni ahí, como lo mostró el "caso Arnaldo Orfila" (1965) cuando la presidencia lo echó de la dirección del Fondo de Cultura Económica por publicar Los hijos de Sánchez.

En la prensa escrita, que tiene una audiencia mayor, la libertad es más reducida, como lo comprobó Julio Scherer cuando la presidencia maniobró para sacarlo de la dirección de Excélsior en 1976. En la televisión y la radio, con audiencias masivas, el control ha sido casi total, pues esos medios eran –¿siguen siendo?–, como lo afirmara Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa: "soldado[s] del pri y del presidente".[1]

En los doce años de presidencias del Partido Acción Nacional (pan), en Los Pinos aflojaron o se les escaparon varios hilos de control del sistema político y la libertad en los medios nacionales (no en los locales) se ensanchó, aunque sin que desapareciera la autocensura. Tras el retorno del Partido Revolucionario Institucional (pri) a la presidencia ha habido un esfuerzo sistemático por insuflar vida al viejo presidencialismo.

El equipo de investigación de Aristegui, encabezado entonces por Daniel Lizárraga, convirtió en 2014 en noticia nacional y mundial el caso de un posible conflicto de intereses del presidente y un contratista del gobierno a propósito del descubrimiento de "La Casa Blanca", casa familiar del presidente con un valor de 7 millones de dólares y registrada a nombre del grupo empresarial Higa.[2] Hasta ahora, pocas noticias han afectado a tal grado la credibilidad de la actual presidencia como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y "La  Casa Blanca".

Ya a inicios de 2011 Aristegui fue despedida por primera vez de mvs. La razón entonces, como luego lo admitiría el dueño de la empresa, no fue haber violado un supuesto código de ética de la radiodifusora, sino la presión ejercida desde Los Pinos. Y es que la conductora dijo al aire que debía aclararse lo expuesto por los congresistas del Partido del Trabajo (pt): que el presidente Felipe Calderón tenía un problema de alcoholismo, problema que, dada su responsabilidad, no era un asunto privado sino de interés público.

Con el antecedente de 2011 y con la larga historia del priismo en el poder y los varios pasos dados por la actual presidencia para controlar cada vez más su entorno político, hay razones más que suficientes para suponer que es en el "factor externo" donde está la verdadera razón por la cual se frenó el proyecto de Aristegui. Y ese frenazo implica obstaculizar la construcción de una ciudadanía más informada.

 

Citas:


[1]    Monsiváis, Carlos, Proceso, 20 de abril de 1977.

[2]    Se puede consultar en el siguiente enlace: sinembargo.mx/09-11-14

 


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