El teen flick y los estereotipos

Por: Rubén Gil

La mayoría de las películas conocidas como teen flicks aborda los diferentes conflictos a los que se enfrenta un adolescente en esta etapa de formación: el sentido de pertenencia a un grupo, la lucha entre clases sociales, la primera experiencia amorosa, la trascendencia de la amistad, la incomprensión de los adultos, la rebeldía o la alienación mediática. Son comedias ligeras, por triviales, con un toque trágico. En los ochenta se dio un auge de este género, con íconos referentes, como el director John Hughes o la actriz Molly Ringwald. Algunas películas incluso son consideradas de culto, como Heathers, estrenada en 1989 con Winona Ryder en el papel protagónico de Veronica Sawyer.


Un teen flick que explota los clichés adolescentes para al final ofrecer una moraleja positiva. Heathers tiene esos clichés: un grupo de chicas acaudaladas que se divierten humillando a sus compañeros de escuela, la rebelde inconforme con la forma en que conviven sus compañeros, un aliado para destronarlas, los rechazados y los padres o adultos indiferentes ante el conflicto o incapaces de resolverlo. Sin embargo, Heathers los utiliza para plantear una variante, una parodia de los teen flicks.


Con la fórmula clásica del teen flick ofrece una crítica inteligente sobre cómo los seres humanos replicamos en pequeños ecosistemas lo peor de la sociedad: la necesidad de degradar al otro, sólo por convivir, por intolerantes ante lo distinto. Las decisiones de los personajes demuestran la carencia de humanismo en los jóvenes y difunden una apología al suicidio como escape ante el hartazgo ocasionado por la hegemonía que somete no sólo en los años de escuela, sino que trasciende a la adultez. Tiende incluso al anarquismo gracias al personaje de Jason Dean, interpretado por Christian Slater, quien considera al genocidio como una solución, y pretende explotar la escuela para acabar con la forma de vida humana que personifica al poder.


¿En qué recae el valor de un teen flick? Justo en que registran la pérdida de valores en las nuevas generaciones. Además de las humillaciones y obsesiones por la perfección estética, estas películas hablan de las primeras decepciones de unos individuos que pronto pasarán a la mayoría de edad, con responsabilidades que los ingresarán al sistema. Son blockbusters consumidos por masas y, si son vistas sin prejuicios, pueden llegar a permitir que más de uno se niegue a formar parte de los estereotipos alimentados por la cultura anglosajona, ejemplificados en la escuela como una reducción del modelo de convivencia que nos clasifica incluso fuera de las aulas de clase. 

 


Publicado por: