Cosa de hombres

Por: Flavia Freidenberg

Estamos obsesionados con incrementar el número de mujeres en las instituciones públicas en América Latina. Cada vez son más los ciudadanos y ciudadanas que están convencidos de que sin mujeres no hay democracia. Con la búsqueda de este objetivo, en los últimos años se han realizado esfuerzos importantes para cambiar el sistema electoral de los países latinoamericanos. Y lo hemos conseguido. La representación descriptiva de las mujeres se ha incrementado de manera significativa a nivel legislativo gracias, fundamentalmente, al uso de medidas de acción afirmativa como las leyes de cuota o la paridad. 

A golpe de democracia y monitoreo de los movimientos de mujeres se han roto duros techos de cristal.  Pero aún resta mucho por hacer. Todavía quedan otros techos que limitan la participación y la representación de las mujeres. Aún hay duros techos de cemento, es decir, creencias y valores de las propias mujeres respecto a sus oportunidades de liderazgo, y rígidos techos de billetes, que limitan las oportunidades de las candidatas que no consiguen recursos para afrontar sus campañas. 

La política continúa siendo cosa de hombres; las negociaciones se hacen a puerta cerrada y en horarios imposibles; las instituciones suelen ser reacias a la conciliación familiar y a generar condiciones que garanticen los derechos reproductivos de las mujeres; existen pesadas barreras culturales que hacen que la distancia entre lo que la ley señala que debe ser la representación y la efectiva representación de las mujeres, siga siendo importante y muchas mujeres enfrentan día a día el dilema de tener que elegir entre su carrera profesional y/o política y su vida familiar. 

La clave está en los valores y en nuestra intolerancia hacia las desigualdades. Mientras la ciudadanía confíe más en un liderazgo masculino, evalúe el comportamiento femenino con un rasero distinto al que somete a sus pares hombres y continúen reproduciendo estereotipos de género discriminatorios, los obstáculos serán grandes. La próxima fase en este sinuoso camino hacia la igualdad de género será a través de cambios profundos en los valores de la ciudadanía, que complementarán de manera efectiva las iniciativas impuestas por la ley.  

 


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