Pensar la ciudad desde niños

Por: Maia Fernández Miret

(Escritora, editora y divulgadora de la ciencia)

  La calle es libre  // “Kurusa" (Carmen Diana Dearden)y Monika doppert (ilustraciones),  ekaré, 1981.

La que alguna vez fue una montaña cubierta de selva comienza a poblarse de casas. Se convierte en el suburbio de una ciudad que puede ser cualquiera de América Latina (pero es Caracas) y que nace como si alguien hubiera arrojado las casas sobre los cerros al buen tuntún. Los niños no tienen dónde jugar, pero sí una biblioteca y un incitador: un bibliotecario. Así empieza el libro más famoso de la editorial venezolana Ekaré, La calle es libre, un clásico que a 36 años de publicado aún es profético porque la angustia que lo detona –la migración, la sobrepoblación, la falta de planeación urbana, la corrupción, la simulación política, la apatía de gobiernos y ciudadanos— nos interroga con más insistencia que nunca. En un momento en el que el vacío del Estado nos deja en un desconsuelo de huérfanos la obra de Kurusa, ilustrada por Monika Doppert con un realismo que me dejó helada cuando lo leí por primera vez a los 8 años (no sabía que podía retratarse en los libros la vida de esos barrios vecinos a los míos, demarcados por fronteras potentísimas y tan lejanos como si fueran sueños), sigue formulando desde su puñado de páginas la misma pregunta: ¿quién lo llena? ¿De verdad podemos hacerlo nosotros? ¿Lo dejamos en manos de las corporaciones que expropian simbólicamente trocitos de espacios públicos con el pretexto de amparar un camellón, una columna, una jardinera? ¿Nos entregamos, y cedemos a los niños, al desamparo de esta orfandad?  

 


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