Para escapar no necesitas un mapa

Por: Abril Posas

(Escritora, autora de El triunfo de la memoria)

Las calles de arena // Paco Roca, atisberri, 2009.

Paco Roca es uno de esos creadores que tiene el súper poder de hacer todo lo que le plazca: escribir la trama, los diálogos y dibujar los personajes. Esta ductilidad de su trabajo también nos regala, a los lectores, la facilidad con la que nos presenta un relato que sabe más a anécdota y Las calles de arena le da a un aficionado al cómic la oportunidad de escapar de esa vida a la que no quiere ceñirse, esa que le gusta tanto a los adultos: con hipotecas, autos a plazos y asados en las terrazas los domingos, con sus otros amigos-adultos. Y todo empieza por caminar por el Barrio Viejo con una figura tamaño natural de Corto Maltés. Lo que debía ser un atajo de diez minutos se convierte en un extravío de todo el día y la noche lo encuentra a la puerta de un hotel, en donde no tiene más remedio que pasar la noche porque no tiene auto, ni recepción en el celular y, seamos honestas, no tantas ganas de encontrar la salida. Si en La casa construye habitaciones, patios y recovecos inundados de recuerdos, en Las calles de arena Roca hace un mapa de decisiones, corazonadas y anhelos que, muchas veces, deben enfrentarse a una noche sin luna, lluvias torrenciales o gatos que saltan de tejado en tejado. Sin necesitar un volumen pesado, los paneles que componen este libro son suficientes, dentro de sus ni siquiera 100 páginas de narrativa, para construir una especie de torre de Babel que llega más arriba que la construcción bíblica. Así que sí, esta historia es tan buena como el Génesis.

 


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