La inquietud del dolor

Por: Miriam Martínez

El dolor puede escucharse, actuarse, ahogarse, hacerse visible en cortes autoinflingidos y exhibidos a la mirada que los vuelva irrefutables; puede ser una búsqueda y cultivarse para sentirse uno vivo. Una representación o un delirio puede contagiarse, envenenar. O convertirse en escucha: la empatía también es la elección de poner atención al dolor de los demás y ensancharnos. En este libro de ensayos, Leslie Jamison escarba el agujero del dolor y su enunciación no sólo necesaria, sino vital. Narra su trabajo como actriz, su aborto, la historia de un corredor prisionero, el cuerpo anoréxico y de quien vive en el exceso y el riesgo. Hace escuchar el dolor propio y ajeno. Cuando algo duele, ¿para qué decirlo? Para intimar, sentirse amado, acompañado. Para alejarse, reforzar la confianza, intentar ser comprendidos o comprender. Si evades una herida, la anestesias o la mantienes en lo subterráneo. Jamison nos recuerda que hay que encontrar el lenguaje para desplazar el dolor donde pueda respirar fuera del cuerpo, cuando no hay respuesta o causa aparente, cuando es inexplicable: un punto ciego.


El anzuelo del diablo estimula el descubrimiento de las emociones y la atención a los otros para identificar el dolor desde la honestidad y exhibir sus zonas más oscuras, narcisistas y femeninas para dignificarlos y volverlos legibles. 

 


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