La dicha de la añoranza

Como siempre que pisa Japón, la escritora aprende algo nuevo: en ese país hay dos tipos de nostalgia. Y una de ellas es la nostalgia feliz, esa que al invadir a una persona le hace más bien que mal

La nostalgia feliz 
Amélie Nothomb, anagrama, 2015.

Por: Paola Tinoco

En principio, La nostalgia feliz parece un texto escrito sólo para los seguidores de Amélie Nothomb. Pero no. Sus lectores nuevos también encontrarán sentido y delicia en la historia: el personaje principal es ella, en un viaje de regreso a sus afectos del pasado, su nana japonesa –personaje central en Metafísica de los tubos y ahora una venerable anciana de más de ochenta años­. Reaparece también, dieciséis años después, el gran amor japonés de la autora en sus veintitantos años, Rinri —personaje central en Ni de Eva ni de Adán.  

El tercer amor de Amélie que surge es, sin duda, Japón, especialmente Kobe, ciudad donde nació por accidente mientras su padre trabajaba en la (ahora inexistente) embajada de Bélgica en aquél país y de donde fue arrancada (según palabras de la autora) a los cinco años. Los reencuentros tienen una carga emotiva tan fuerte que a veces se prefiere evitarlos. 
 
No obstante, Amélie los enfrenta aunque de ninguno de ellos sale ilesa y quizá por eso el tono de su narración sea, a diferencia de la mayor parte de sus libros, algo suave y nostálgico. Como siempre que pisa Japón, la escritora aprende algo nuevo: en ese país hay dos tipos de nostalgia. Y una de ellas es la nostalgia feliz, esa que al invadir a una persona le hace más bien que mal. Y es la nostalgia que Nothomb decide llevar en su equipaje hacia estos reencuentros.
 

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