Bañuelos y Souza. Frente a la poesía insurgente mexicana

Poesía insurgente de México nos ofrece una mirada que rompe con el modo convencional de referirnos a los fenómenos políticos, y también a la poesía

Por: Héctor Raúl Solís Gadea

Poesía insurgente de México 1810-1910 es un libro que ayuda a comprender el fenómeno político desde un punto de vista al que no solemos prestar atención.

Por lo general, a la política se le estudia desde las instituciones y su forma de funcionamiento, desde el poder y su modo de operación y legitimación, o desde los comportamientos de los actores involucrados en los conflictos o las negociaciones políticas.

También se le estudia, por supuesto, a partir del análisis de la cultura política, pero no precisamente considerando los poemas, las canciones, los corridos y, en general, este tipo de expresiones estéticas.

Por tanto, esta obra compilada por Raúl Bañuelos y Jorge Souza es una herramienta para configurar un campo de análisis: el estudio de la significación poética de las gestas históricas y los hechos políticos.

El libro reúne, entre poemas, canciones, coplas y corridos de unos cincuenta autores conocidos y otro buen número de anónimos, más de 160 piezas literarias inspiradas en la Independencia y la Revolución. En sus páginas habitan poemas de Miguel Hidalgo y Costilla, Andrés Quintana Roo, José Joaquín Fernández de Lizardi, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera, Guillermo Prieto, Ireneo Paz, Manuel Acuña y Amado Nervo.

Además del placer de la lectura,  del encuentro con esta amplia selección de autores y géneros, Poesía insurgente de México nos ofrece una mirada que rompe con el modo convencional de referirnos a los fenómenos políticos, y también a la poesía.  Una de sus enseñanzas es la necesidad de reconocer la existencia de interconexiones entre la poesía y la política.

Acostumbrados como estamos a pensar la política como algo ajeno a las vidas interiores, emocionales, afectivas o sentimentales de los seres humanos, podríamos considerar que nada tiene que ver una cosa con la otra: la política es un quehacer instrumental, una práctica social orientada al control y a la adquisición de poder, o, en el mejor de los casos, a la emancipación y conquista de las libertades.

Según esta visión consabida, nada (o muy poco) tendría que ver la política con la poesía porque la primera tiene finalidades y metas muy claras, es una técnica social al servicio o en contra del poder constituido; en cambio, la poesía es absolutamente impráctica; no procura un saber cierto acerca de la realidad, no persuade racionalmente de la necesidad de la acción en la esfera de lo colectivo, sino que consiste en un ejercicio de creación de significados que no tienen un sentido unívoco y definido, sino múltiple y sujeto a diversas posibilidades, en todo caso enderezadas a procurar una emoción estética.

Este libro nos permite darnos cuenta de que la poesía y las grandes gestas históricas de las naciones y los pueblos están más vinculadas de lo que se cree. Los grandes hechos políticos suelen ser recogidos en narraciones de vocación poética.

Prueba de ello son La Ilíada y La Odisea, como un testimonio poético de una guerra y de las vicisitudes de un personaje político central. Hay innumerables poemas políticos, por supuesto.

Muchos de estos exaltan el sentimiento político de los pueblos en aras de fortalecer su identidad, o de hacer acopio de sus fuerzas alrededor de determinadas finalidades nacionales o nacionalistas. El romanticismo es una expresión de esto que digo; enfatiza los aspectos irracionales de la vida social, el sentimiento que busca establecer nexos entre la cultura de los pueblos, considerada como realización colectiva, y su vida política organizada.

¿No sería justificable mantener aleada a la poesía de los afanes políticos, aunque se trate, por ejemplo, de empresas sociales dignas de encomio como puede ser la conquista de la libertad de una nación, como es el caso que nos ocupa al respecto de la Independencia de México o la Revolución de 1910? ¿Es correcto darle el calificativo de arte a estas expresiones? ¿No pierden su virtuosismo estético al haber sido motivadas por fines de orden exterior y no interior?

Debo confesar que no tengo respuestas claras a estas preguntas. Porque el sentimiento poético, supongo, si es auténticamente tal, no tiene por qué conocer de reglas más allá de las que propiamente dan marco, posibilidades y límites a su carácter estético. ¿Es posible, entonces, hacer una poesía de valor que tenga como objeto exaltar al nazismo y su significado profundo, por ejemplo? ¿Qué podemos pensar de los corridos revolucionarios a la luz de reconocer los propios excesos de la Revolución de 1910?

Se trata, como he dicho, de preguntas para las que no existe una respuesta sencilla. Sin embargo, hay hechos o circunstancias que nos llevan a pensar que la poesía puede cumplir la función de humanizar la política o de ponerla al servicio del hombre.

Isaiah Berlin, por ejemplo, nos cuenta su encuentro con Anna Ajmátova, la poetisa rusa cuyos poemas fueron proscritos por el régimen soviético, pero que sirvieron de apoyo para la resistencia moral de los campesinos rusos.

Los poetas suelen transmitir contenidos subversivos transgresores del orden, y por eso se convierten en amenazas para el poder político.

Quizás el arte, entonces, no sea una huida del mundo a la interioridad inconmensurable del yo, sino la posibilidad de hacer estallar y hacer inoperantes, en el plano íntimo, a los mecanismos del poder y su reproducción; estos pasan por la normalización y disciplinamiento del yo y la persona.

En consecuencia, la poesía es insurgente o puede serlo cuando libera las energías emancipadoras del yo.

Un libro como este es digno de celebrarse. Sobre todo porque no es un libro común, sino un auténtico tesoro espiritual de los mexicanos, producto del rescate paciente y laborioso de muchísimos poemas cuya inspiración fue la Independencia y la Revolución, y que fueron entresacados de muchas bibliotecas y archivos.

En el fondo, lo que nos plantean los autores de esta magnífica compilación es que la poesía nos puede ayudar a comprender mejor la significación de los hechos históricos, las gestas que expresan los anhelos de dignidad de los hombres y el afán por alcanzarla. Su lectura es absolutamente imprescindible para conocer el alma política y artística de México.