Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos

El utilitarismo a que se somete a los otros, a los diferentes (y hasta a los que concebimos como parte de nuestro “grupo”), no favorece mucho al reconocimiento de la dignidad de la persona

Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos
Bauman, Zygmunt
Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2008

Por: Yerdana Reneé García Flores

En amor líquido, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925) retoma su concepto de la “modernidad líquida”, época inestable que está fuertemente marcada por las dinámicas masivas y globales de mercado, y en la cual los valores cambiantes de las personas impactan los vínculos humanos, entre otros, las relaciones de pareja, familiares, de vecindario y sociales.

El desarrollo de la obra compromete la tesis central de que vivir en una sociedad de consumo produce relaciones basadas en la percepción del otro como mercancía. Los derechos humanos y la democracia se encuentran, por esta razón, incluidos entre las dimensiones afectadas por el carácter líquido de nuestra modernidad.

Sobre las  relaciones  de  amor,  ante el tradicional “hasta que la muerte los separe”, Bauman afirma que el consumismo ha establecido una pedagogía perversa en que la inmediatez en la satisfacción del deseo y la cosificación de las personas hace propicia la reducción de los lazos a su forma más endeble y de fácil disolución.

La pareja se vuelve una “mercancía” que eventualmente no satisface más nuestras necesidades de corto plazo. De ahí que el autor introduzca, en el primer capítulo, “Enamorarse y desenamorarse”, la distinción entre amor y deseo.

Dice el autor, “…el amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar de su construcción. El amor está muy cercano a la trascendencia; es tan sólo otro nombre del impulso creativo y, por lo tanto, está cargado de riesgos, ya que toda creación ignora siempre cuál será su producto final” (p. 21).

Sin  embargo, a  las  relaciones  de  “lenta  cocción” se anteponen las demandas de inmediatez del deseo. Muchos de los nuevos amantes piensan desde la lógica de los consumidores, que buscan maximizar su utilidad, su placer, y para ello son más cómodas las relaciones superficiales, ready- made, que, como las mercancías, pueden cambiar- se por otras con la facilidad con que se toman de un estante del supermercado.

De ahí el miedo a establecer relaciones duraderas, que en un análisis de costo-beneficio, resultan ser inversiones a largo plazo que provocan nerviosismo e inseguridad al no poder conocerse de ellas el resultado final.

El matrimonio  y  la familia,  instituciones tradicionales de la sociedad, resienten directamente el impacto de la superficialidad amorosa contemporánea, como comenta el autor en el segundo capítulo: “Fuera y dentro de la caja de herramientas de la socialidad”.

El matrimonio, indica Bauman, está “pasado de moda”; la familia se ha vuelto la inversión más riesgosa, lo que se traduce en menos matrimonios y menos hijos.

En cambio, se han generado otras formas de relaciones personales, relaciones de conexión –como las llama Bauman–, que se establecen a través del uso de las nuevas tecnologías de la información, como la Internet, las cuales no generan lazos sólidos, sino relaciones sencillas de disolver, “de bolsillo”, susceptibles de terminar con un delete.

Se trata el amor como actividad “recreativa”. Hay, asimismo, relaciones de bolsillo que se establecen con la cláusula previa de basarse exclusivamente en la satisfacción del deseo, sin la generación de lazos emocionales. “La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante” (p. 70).

El tercer  capítulo  del  libro  denominado  “Sobre la dificultad de amar al prójimo”, aborda el tema de los vínculos humanos más allá de la pareja. Bauman hace referencia a las peripecias de los derechos humanos, cuyos sujetos ven dificultado respetar los de otros, especialmente cuando se trata de extranjeros, migrantes o pobres, etcétera.

El sociólogo recurre a la vieja frase del evangelio para proponer su reformulación: “…Amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos significaría entonces respetar el carácter de único de cada uno [subrayado de la autora] el valor de nuestras diferencias que enriquecen al mundo que todos habitamos y que lo convierten en un lugar más fascinante y placentero, ya que amplían aún más su cornucopia de promesas” (p. 109). La intención, aunque buena, es dificultada por las condiciones actuales.

El utilitarismo a que se somete a los otros, a los diferentes (y hasta a los que concebimos como parte de nuestro “grupo”), no favorece mucho al reconocimiento de la dignidad de la persona, vista como un “fin en sí misma”. La instrumentalización del otro lo reduce a un medio.

“La  unión desmantelada”,  último capítulo del libro, incluye reflexiones alarmantes sobre la tendencia de las sociedades occidentales contemporáneas a ignorar o eliminar a aquellos grupos que no logran integrarse a la dinámica globalizadora. En esta dinámica, los derechos humanos son abstracciones que no protegen a las personas. La institucionalización y práctica efectiva de los derechos pasa por la protección de éstos por parte de los Estados.

Sin embargo, la erosión de las soberanías nacionales en la nueva globalidad, hace inocua la capacidad del Estado para proteger los derechos (o, en otras ocasiones, les presta argumentos para violarlos).

En el fondo, el drama de los derechos humanos es el de la deshumanización de los que son diferentes, y la inhumanidad (bastante humana) de quienes los deshumanizan.

¿Alguna propuesta del autor? Esperanza, valor, creatividad. El momento no es halagüeño, lo admite el sociólogo de inicio a fin del libro, pero la humanidad –remata tímidamente– tiene la capacidad para alcanzar nuevas formas de relacionarse: la “humanidad compartida”, ideal kantiano cuya actualización procura Bauman.

Amor  líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, es un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, en Buenos Aires, Argentina. Consta de 200 páginas y diez reimpresiones (2008) de su primera edición en español (2005). Fue publicado originalmente en inglés (2003) con el título Liquid love: on the fragility of human bonds. Su estilo es desenfadado y mantiene un ritmo ligero, a la vez que sus argumentos están ampliamente documentados y sus reflexiones son originales y claras.