Perdón por nuestro francés, moneras

Por: Christian Aubert


Sin duda, la francofonía se ha rendido a los pies de La bande dessinée (BD), es decir, al cómic y la novela gráfica. Su trascendencia histórica se debe al alto impacto social de sus tiras, personajes y autores, trinomio que trazó un humor inteligente y sociopolítico, sin dejar de ser accesible a chicos y grandes. La BD no solo nos ha legado autores paradigmáticos como Jean Giraud (Moebius), Georges Prosper Remi (Hergé), Pierre Culliford (Peyo), así como René Goscinny y Albert Uderzo (creadores de Asterix y Óbelix), sino que ha marcado una pauta en la industria del entretenimiento europeo que rebasa los márgenes del sector editorial, trastocando otros segmentos como los juguetes, la televisión, el cine y hasta los parques temáticos, obligando a Disney y a los estudios de Hollywood a seguirles la pista en ambas orillas del Atlántico. 


Sin embargo, aún con tanto impulso dicha industria requiere de ciertos golpes de timón. Como el ocurrido en la edición 2016 del Festival Internacional de la Historieta y el Cómic de Angulema, Francia. Este encuentro, de más de cuarenta años de tradición, fue señalado de machista porque entre sus treinta nominados al Gran Prix no había una sola mujer, lo que detonó que miembros del colectivo Autoras de Cómic contra el Sexismo no votaran. Además, como respuesta a esta queja, trece caricaturistas solicitaron el retiro de su nominación en el festival, arguyendo desigualdad de visibilidad y de oportunidades para mujeres y hombres en el certamen, pese a que el Gran Prix de Angulema ha sido ganado por una mujer solo en una ocasión, en el año 2000, por Florence Cestac. Finalmente las protestas –tanto de participantes como del público– llevaron a los organizadores del festival de Angulema a evitar un escándalo mayor e integrar una nueva lista de nominados donde se incluyeron seis mujeres con trayectoria. Aunque el premio de dicha edición de 2016 se entregaría al belga Hermann Huppen, creador de tiras como Jugurtha. Lo cierto es que, pese al trabajo de otras grandes del “noveno arte”, como la iraní Marjane Satrapi –autora de la mítica tira Persépolis, también adaptada al cine– o la argentina Maitena, por citar a un par de botones de muestra, la realidad es que existe muy poca visibilidad de las mujeres dentro del gremio, como una de las tantas batallas de género que se tienen que librar, comenzando, desde luego, por un perfil de lector que no sea femenino ni feminista, sino un lector de trabajos buenos o malos.