¿Para qué nos sirve el Congreso?

Por: Andrea Cárdenas 


En teoría, el Poder Legislativo tiene la función de ser un contrapeso para evitar que los otros dos poderes se muevan con discrecionalidad. Al ocupar una silla en el Congreso, se espera que los diputados asuman de manera responsable tres encomiendas: fiscalizar, legislar y representar a los ciudadanos. 


Pero en la práctica, el paso de legislaturas ha desvirtuado la razón de ser del Congreso. No por nada los mexicanos somos los que menos confiamos en nuestros diputados. En el último trimestre de 2015 comenzó la Legislatura LXI en Jalisco, si bien con finanzas sanas también con muchos desafíos para recuperar la confianza social y convertirse en un espacio de intercambio de ideas, contrapesos y solución de problemas que aquejan a los ciudadanos que representan. 


El rezago legislativo es uno de los retos más urgentes que enfrentan los nuevos representantes: nueve de cada diez iniciativas presentadas por la Legislatura saliente están en “estudio” o atoradas en comisión, en espera de algún día ser dictaminadas, de acuerdo con la plataforma de Información Legislativa del Estado de Jalisco (Infolej).


Entre los pendientes están las reformas en materia de anticorrupción y deuda pública, la nueva Ley contra la Discriminación, la reforma de adecuación al marco local en materia de desaparición forzada de personas, la reforma integral al Código Urbano, entre otros. El otro problema es que la praxis legislativa deja mucho que desear. La Legislatura LX reprobó en la calidad de las iniciativas de ley presentadas, según un análisis de 304 iniciativas revisadas por el Observatorio Legislativo del ITESO, que les otorga una calificación reprobatoria de 54 por ciento.
¿Quiénes enfrentarán estos retos? Si por algo se distingue la Legislatura XLI de Jalisco es que sus principales protagonistas, quienes presiden las comisiones más importantes, son perfiles reciclados que han saltado de curul en curul en diversas ocasiones en los congresos federal y estatal.


La lista la encabeza Rocío Corona Nakamura, quien se lleva de calle a todos con sus veinticinco años de cobrar en la nómina. Ha sido cinco veces legisladora local desde 1986, dos veces regidora de Guadalajara y saltó del Congreso federal al local en esta última ocasión. Le siguen Jorge Arana, Salvador Arellano Guzmán, Hugo Contreras y Claudia Delgadillo (todos del PRI). Luego aparecen los panistas Miguel Monraz Ibarra e Isaías Cortés Berumen. En el Partido Verde Enrique Aubry y Omar Hernández; y en Movimiento Ciudadano figura Ramón Demetrio Guerrero.
Algunos se han visto envueltos en escándalos. El ejemplo más sonado es el presunto fraude por 58 millones de pesos al Congreso del Estado de Jalisco a través del despacho López Castro, calificado como “un robo al pueblo” por el gobernador Aristóteles Sandoval. Como ex diputados locales, Jorge Arana y Enrique Aubry han sido señalados como los que propiciaron el intento de este fraude millonario. 


Hasta ahora, las propuestas de las nuevas coordinaciones parlamentarias son más de lo mismo. En este contexto, se vuelve impostergable la reconstrucción del diálogo entre los legisladores y sus representados; así como la participación activa de la ciudadanía en aras de conseguir mecanismos que generen una verdadera rendición de cuentas y transparencia en los procesos legislativos y toma de decisiones. De ese tamaño son los retos que enfrentamos, ciudadanos y tomadores de decisiones. 

 


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