La falsa tragedia

Por: Iván Vázquez

A veces viene a mi mente la frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Sucede en momentos particulares, como cuando descubro el timeline de las redes saturado con información ociosa, absurda o irrelevante, abordada desde el desconocimiento. Asumo que mi ánimo no siempre es el idóneo para reírme de los memes en tendencia, de la #lady100pesos o, incluso, de los mensajes de superación personal. La sobriedad, en favor del buen desempeño durante horario de oficina,  ayuda muy poco.

Al respecto de la muerte de los ídolos, hace apenas muy poco que el mundo despidió al cantautor Prince. Los canales de televisión y radio y los portales de noticias en internet emitieron efemérides, homenajes y recuentos. 

Las redes, por su parte, se vistieron de púrpura. Gifs, memes, citas, imágenes y ligas a videos definieron el ritmo de una tragedia que, aunque multitudinaria, levantaba ciertas dudas.  

El oleaje de comentarios, que sugerían a los remitentes en un acto de rasgarse las vestiduras con lanzas a fuego vivo, extrañaba, conmovía y luego incomodaba. Porque, las más de las veces, quienes manoteaban con furia incontenible no conocían siquiera el nombre verdadero del ausente. ¿Su discografía? ¿Las aportaciones hechas al sector donde decidió verter creatividad? ¿Los rasgos que perfilaron su trayectoria? Nada que sobrepasara el promedio o la lectura rápida de cualquier periódico sobre la repisa. Enfáticos, eso sí, en las peculiaridades que lo volvieron tema para los programas de revista.

 Murió Prince. Y antes murió Bowie. Murieron también Winehouse, Lemmy y el mejor de los Jackson. Pero, ¿cuál es el gran problema?, ¿dónde reside la tragedia que paraliza oficinas, tráfico y restaurantes?, ¿en la certidumbre de la muerte?, ¿en las decisiones que tomaron porque era su derecho hacerlo?, ¿quién los salvaría?, ¿la memoria breve que hoy se lamenta y mañana habrá de evaporarlos? 
Calma, todos. Finalmente no serán una silla vacía en la mesa familiar los domingos a media tarde, ni la compañía de cine o de café de fin de semana. Ellos, tal y como los conocimos, jamás habrán de irse. Permanece no sólo su música, también serán recordados por transgredir los estereotipos de género, así como por el legado que nos hizo parte de su historia y, en este sentido, desde las avenidas de la rutina y el enfado, seguimos ganando. 

Detrás de nuestro monitor, en la mesa de cualquier bar, en ese playlist de canciones imperdibles, no perderemos nunca.