Implacable espejo de nuestras vidas

Mucho del renciente éxito del documental podría explicarse en el cambio de actitudes de consumo cultural registrados en las generaciones jóvenes, impulsadas a partir del desarrollo de nuevas tecnologías

Por: Enrique Blanc

El hecho de que en la 80 entrega de los premios Óscar, el reconocimiento otorgado al mejor documental adquiriera un lugar mucho más protagónico, hacia el final de citada ceremonia, no es gratuito. Finalmente, este género cinematográfico empieza a tener el justo reconocimiento que merece. La vida y sus asperezas, retratada con objetividad, parece comenzar a hacerle una dura competencia a la antes privilegiada fabulación de la misma.

Mucho del renciente éxito del documental podría explicarse en el cambio de actitudes de consumo cultural registrados en las generaciones jóvenes, impulsadas a partir del desarrollo de nuevas tecnologías.

Uno, el reciente valor que la Internet le atribuye al documento fílmico, a través del almacenamiento del mismo y el acceso que todo usuario tiene del archivo de imagen más completo de la historia: youtube.com.

Dos, el éxito comercial del DVD y las facilidades que éste ofrece a quien busca información en video sobre un tema en particular. 

Tres, la proliferación de cámaras de videograbación a lo largo del planeta gracias a los dispositivos accesorios de todo teléfono celular.

Cuatro, el hecho que la televisión por cable –sí, ahora debemos reconocerle tal virtud–, a partir del trabajo realizado por canales como Discovery Channel, NatGeo, Bio, History Channel, entre otros, ha ido moldeando paulatinamente nuestro gusto y refinando nuestra manera de verla. 

Dichas razones y el interés que los aspirantes a cineastas ven en el documental, han ocasionado un notable incremento de producciones y la subsiguiente revaloración de un género que incluso comienza a disfrutar de festivales exclusivos para su proyección, como lo es Ambulante en México o In-Edit en España. 

Resultado de ello es también el triunfo de taquilla y ventas que documentales como Migración alada, Buena Vista Social Club, La marcha de los pingüinos y todos los producidos por el lenguaraz periodista Michael Moore presumen. O bien, la rentabilidad de documentales ya consagrados, en su versión en DVD, como Woodstock: Three Days of Peace and Music de Michael Wadleigh. 

TRAS LAS NOTAS MUSICALES 

Adiferencia del cine de ficción que busca crear un mundo mejor del que nos toca vivir a diario, en el que la justicia y el orden terminen siempre por triunfar, el documental surge, la mayoría de las veces, de la fascinación que tenemos por la vida y sus oscuridades, por sus personajes más enigmáticos y sus acontecimientos menos comprensibles. 

En este sentido, uno de los principales focos de interés a documentar, por parte del cine, han sido los sucesos artísticos, particularmente los musicales. El hoy tan referido Bob Dylan fue, a mitad de los sesenta, motivo de inspiración del cineasta D.A.

Pennebaker, quien se dio a la tarea de seguirlo durante una gira por Inglaterra, la cual quedó plasmada en el invaluable Don’t Look Back, material que captura en imagen el genio del más indómito e implacable de todos los dylan –ya Todd Haynes nos hizo entender que, al menos, hay seis–. 

Martin Scorsese, afamado por su cintas de ficción, es uno de los escasos realizadores que ha hecho patente su interés por el documental. Uno de los pioneros registrando espectáculos en vivo, en 1976 grabó el concierto de despedida del grupo canadiense The Band, celebrado en el Winterland Ballroom de San Francisco, mismo que le dio vida a la cinta The Last Waltz, cuya reciente reedición ofrece otro documental que revela el sofisticado e innovador sistema que Scorsese puso en práctica entonces para su realización. 

APASIONADO POR EL GÉNERO, el director de Taxi Driver, ha dedicado mucho de su obra reciente al documental. Allí están No Direction Home, el fresco sobre los inicios de Dylan en la escena de la música folk de los sesenta; Shine a Light, acerca de la carrera de los Rolling Stones; y el reciente anuncio del proyecto que pondrá en marcha para recontar la vida y obra de Bob Marley. 

DIVERSOS EJEMPLOS 

Otros cineastas que también le han invertido al género son el estadounidense Jonathan Demme, responsable del bien logrado Stop Making Sense, protagonizado por los Talking Heads, y de Heart of Gold, con Neil Young actuando en vivo; el británico Julian Temple, autor del emotivo The Filfth and the Fury, acerca del ascenso y caída de los Sex Pistols, y The Future is Unwritten, el retrato cinematográfico del entrañable Joe Strummer; e incluso el serbio Emir Kusturica, responsable de Super 8, el largometraje que sigue los pasos de su propia banda de rock balcánico. 

Pero la euforia por el documetal se filtra también a ámbitos que incluso pueden pasar inadvertidos y que tienen que ver, precisamente, con los materiales extras que hoy en día, buscando esquivar la piratería, incluyen en su mayoría tantos los DVD como los discos compactos.

Es cada vez más común encontrar documentales producidos alrededor de la obra central y que narran su proceso de creación, El Making of es un ejemplo de lo dicho. Caso concreto, la parte 2 de la temporada seis de The Sopranos, en formato DVD, anexa el estupendo documental Música de los Sopranos, en la que el elenco de la serie, incluido su guionista David Chase, discute la selección de los temas que le sirven a la misma de banda sonora. 

Otra consecuencia de la creciente importancia del documental es el surgimiento de compañías dedicadas íntegramente a su creación como la estadounidense Plexifilm, especializada en filmes sobre grupos de rock aglosajones. Entre sus títulos están I Am Trying To Break Your Heart, de Sam Jones, sobre el grupo Wilco; Low In Europe, de Sebastian Schrade y Drive Well, Sleep Carefully. On The Road With Death Cab For Cutie, de Justin Mitchell. 

ALBORES DEL DOCUMENTAL 

En sí, el cine comenzó siendo documental. Los primeros ensayos hechos para atrapar una imagen en movimiento perseguían registrar la realidad con el fin de, más tarde, poder proyectarla a un público y compartir su experiencia. Recordemos la proyección de El arribo de un tren a la estación de la ciudad, de los hermanos Lumiére; una de las cintas que marca el inicio del séptimo arte.

Aquél inolvidable episodio del pavor que a los espectadores daba el tren que se acercaba a la cámara y los obligaba a moverse de sus butacas, creyendo que saldría de la pantalla y se precipitaría sobre ellos; anécdota que resulta tan hilarante como ilustrativa acerca del impacto que siempre ha tenido la proyección de la realidad en una pantalla. 

Documentales a su modo han sido, a lo largo de la historia, aquellos segmentos informativos en blanco y negro, que precedían la proyección de las películas en los años cuarenta y cincuenta, a los que se conocía en inglés como “newsreel” (carrete de noticias). 

El llamado cinéma vérité que proliferó entre las décadas de los cincuenta y los setenta, es de igual manera un antecedente del documental. A esta ola se circunscribe Don’t Look Back, a la par de Chronique d’un été, de 1960, la colaboración entre el cineasta Jean Rouch y el sociólogo Edgar Morin; así como Lonely Boy, de 1962, un corto codirigido por los canadienses Roman Kroitor y Wolf Koenig, acaso el retrato fílmico más añejo de una estrella de la música pop, en este caso del incipiente ídolo de adolescentes Paul Anka. 

BOOM EN MÉXICO 

El auge del documental es pues, innegable, y prueba de ello son algunas de las muestras del género que están teniendo lugar en México en días recientes. 

Ambulante es la muestra itinerante que organizan la firma de los actores Gael García Bernal y Diego Luna, en conjunto con la cadena de salas de proyección Cinépolis y el Festival Internacional de Cine de Morelia. Dicha muestra contempla en su programa documentales de diversa índole, incluidos los que abordan cuestiones musicales. Paralelamente, el Festival de Cine de Guadalajara, en conjunción con el festival In-Edit que se celebra anualmente en Barcelona, presentó en su pasada edición una selección coordinada por Joselo Rangel, guitarrista de Café Tacuba.


Publicado por: