El nuevo "nuevo" periodismo

A través de las herramientas de los periodistas de toda la vida, estos autores añaden a su perfil su talento con el lápiz para trazar historias de no ficción con alto contenido social

Por: Álvaro González

"El periodismo volverá a ser lo que era hace más de un siglo, una forma de arte”. La frase del periodista americano Chris Hedges acerca del periodismo narrado con viñetas resume la sensación de que estamos ante un nuevo estilo al que autores y editoriales últimamente recurren.

La oda de hacer reportajes gráficos en viñetas, autobiográficos o documentales, está en auge desde hace algunos años y aunque todavía no se reconoce como un género más dentro del periodismo, la producción va en aumento y ha abierto un debate acerca de si perdurará o si se trata de algo pasajero.

A través de las herramientas de los periodistas de toda la vida, estos autores añaden a su perfil su talento con el lápiz para trazar historias de no ficción con alto contenido social.

Es verdad que desde hace algún tiempo el cómic adulto aparece en los suplementos literarios como un género literario mayor que es tratado como forma de arte dentro de los círculos estéticos y académicos, pero no es hasta ahora, y salvo casos puntuales de autores, sobre todo del underground estadounidense, que se habían aventurado a contar historias basadas en hechos reales.

Desde su nacimiento, el cómic siempre ha tenido un vínculo directo con los temas sociales. La primer tira cómica reconocida como tal fue The Yellow Kid (El chico amarillo) del dibujante estadounidense Richard Outcault, un niño con grandes orejas, un largo camisón amarillo y una apariencia ingenua, que apareció publicado en 1896 en las páginas del dario New York World.

En estas tiras el niño se dedicaba a contar la vida cotidiana en el barrio de Hogan´s Alley (El callejón de Hogan). Décadas después apareció Tintín, un periodista de ficción rubio, lleno de prejuicios. El personaje nació en 1929 dentro de las páginas de Le Petit Vingtiéme, el suplemento infantil del diario conservador belga Le XX Siécle, dirigido por un conocido anticomunista, el abate Norbert  Wallez.

El primer capítulo de Tintín, Tintín en el país de los Soviets, funcionaba casi como un panfleto destinado a mostrar las perversiones y el peligro que significaba el comunismo para los valores del mundo occidental.

En latinoamérica, la viñeta editorial forma parte del periodismo escrito desde hace mucho tiempo. En Estados Unidos y Francia, donde el género está más extendido, la fusión del cómic y la crónica periodística cuenta con un amplio reconocimiento; incluso, la mayoría de los autores provienen de estos países.

Art Spiegleman, que ganó en 1992 el premio Pulitzer con el libro Maus, un relato autobiográfico que cuenta la historia de su familia, sobreviviente del Holocausto, es considerado uno los padres de un estilo que ahora tiene muchos pupilos.

Uno de estos es el estadounidense Joe Sacco, autor de Palestina, Notas al pie de Gaza, Gorazde, Zona Protegida, entre otros reportajes.

Periodista de formación, Sacco recorrió durante meses la Franja de Gaza para hablar con sus habitantes. Tomó el pulso tanto a judíos como palestinos, hizo largas entrevistas y, al final, utilizando un trazo realista, logró un retrato convincente sobre la realidad dela zona, presentando un punto de vista que no se suele ver en losmedios de comunicación tradicionales.

“El cómic tiene una fuerzaque no tiene ninguna otra forma de reportaje. Sus imágenes repetidas enfocan la realidad de manera más lenta, a veces silenciosa, aveces con bocadillos, y trabajan en la mente del lector que puede elegir su ritmo”, dijo en alguna ocasión el autor estadounidense de origen maltés.

Sobre este trabajo, Edward Said, autor del prólogo de Palestina, señala: “en el mundo de Joe Sacco no hay presentadores ni locutores zalameros, ni narraciones afectadas sobre los triunfos israelíes, la democracia, los logros, ninguna representación asumida y con!rmada una y otra vez de los palestinos como tipos que lanzan piedras, que rechazan los pactos y como bellacos fundamentalistas”.

Más recientemente, están los ejemplos de la iraní Marjane Satrapi, autora de la autobiografía Persépolis; Guy Delisle, con sus crónicas sobre Birmania, China y Corea del Norte; y Didier Lefèvre, autor de El Fotógrafo, se han sumado a la lista de autores que utilizan la novela gráfica como un medio para contar la realidad.

Lefèvre acompañó a una expedición de Médicos sin Fronteras (MSF) a Afganistán durante la invasión rusa de 1986 para trabajar como fotógrafo de la ONG.

Durante tres meses recorrió el país junto a una caravana de MSF que le había encargado documentar el viaje, con el objetivo de alcanzar el Badajashan, una región al norte de Afganistán, donde instalarán un hospital de guerra.

Sus fotos fueron la base del libro que años después se editaría con colaboración del dibujante Emmanuel Guibert, porque cuando el periodista no suele tener talento para el dibujo su trabajo es enriquecido con autores de cómics.

Eeste es el caso, por ejemplo, de Denis Robert, el periodista francés quien, con la ayuda de los ilustradores Yan Lindingre y Laurent Astier, publicó El dinero invisible, una novela gráfica de doscientas páginas donde narra en primera persona los entresijos del caso Clearstream, una historia de corrupción y paraísos fiscales que involucró a la clase política francesa y al presidente Sarkozy.

Entre los autores más jóvenes del género destaca Sarah Glidden, periodista autodidacta, quien en Una judía americana perdida en Israel, en inglés How to Understand Israel in 60 days or less, realiza un provocativo diario de viaje sobre su primer periplo a Israel.

Seducida por las posibilidades del género, Glidden se trasladó después a Siria para hacer un retrato sobre los refugiados iraquíes quienes, desde el comienzo de la guerra, hace ocho años, se han instalado en Damasco. Para realizar este proyecto, Glidden acudió al programa de donación y financiación social Kickstarter para pagar su viaje y poder hacer un retrato de los refugiados en el libro The Waiting Room, que aún no ha sido editado en español.

En México quienes más han abordado este género en los últimos años, sin contar a los reportajes-ensayos de Rius, son autores extranjeros.

Hace un par de años el veterano Peter Kuper, quien ha trabajado para las revistas Mad, Time y The New York Times, publicó en Sexto Piso Diario de Oaxaca, una crónica sobre las revueltas de 2005, mientras la francesa Peggy Adam se adentró en la vida de las mujeres de Juárez en Luchadoras, una historia de acción basada en hechos reales.

Un tema que también aborda la extraordinaria Viva la vida. Los Sueños de Ciudad Juárez, realizada a cuatro manos entre el periodista Edmond Baudoin y el dibujante Troubs publicada por Sexto Piso.

La repercusión del género, aún underground en el mercado estadounidense, tiene una base sólida de lectores y buena acogida de la crítica. Bajo la idea de que es necesario abordar temas que los medios tradicionales han dejado atrás, autores y asociaciones trabajan promoviendo el medio.

Uno de ellos es Matt Bors, autor de cómics, periodista norteamericano y fundador del Cartoon Movement, organismo sin fines de lucro que promueve y recauda fondos para realizar trabajos de investigación, contribuyendo a que dibujantes vestidos de reporteros tengan los recursos para ir a esos lugares a los que los corresponsales de los medios ya no van y cuenten historias marginales sobre gente marginada, en un medio que todavía es marginal, con una sensibilidad y un acercamiento a la realidad, que, visto desde el punto de vista estético, acerca el medio a la belleza y a esa forma de arte que anticipa Chris Hedges.

 

 


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