El fruto prohibido

Educar no es enseñar sino acompañar para dejar ser, ayudar al crecimiento de las personas en aras de su autonomía

Por: Alfonso Casanueva Baptista

En el año 2012 se estrenó a nivel mundial, vía internet (www.educacionprohibida.com), una película documental que generó expectativas respecto a su tema y al tratamiento del mismo: La educación prohibida.

Se trata de un proyecto independiente escrito, dirigido y producido por un grupo de jóvenes latinoamericanos que se dieron a la tarea de mostrar propuestas para solucionar un problema cada vez más urgente en América Latina (por lo menos): la cuestión sobre la calidad educativa.

A partir del supuesto de que la educación no es lo que podría ser, el staff de este documento audiovisual se embarcó en un sueño que comenzó desde 2009, con diversas paradas a lo largo del continente americano –México, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina– y cruzando el Atlántico para llegar a España, en las que entrevistaron a diversas personalidades que forman parte de proyectos educativos alternativos en sintonía con los modelos Waldorf, Montessori, Freire, con el holismo... todos apoyando una educación diferente que se aleje de los esquemas que no permiten que el estudiante aprenda.

Primer aplauso. En lugar de enfocarse en toda la suciedad que supone un sistema educativo como el propuesto por el Estado (como lo fue el caso de ¡De Panzazo!), esta película únicamente profundiza en aquellos modelos de educación que atienden de maneras distintas a los estudiantes. Es decir, supera un problema para enfocarse en la solución y se atreve a desarrollarla.

Este aspecto merece destacarse porque es un punto radicalmente distinto al que trabajan otro tipo de documentales, como cuando vemos filmes como Food Inc. o The Corporation, y terminamos con un sentimiento de desesperación o de angustia por no encontrar salida factible a los grandes problemas que nos aquejan.

En el caso de La educación prohibida, el espectador recibe gran cantidad de ideas y argumentos que son respuesta a un problema. No intenta encontrar al culpable de un crimen que pertenece a todos y a nadie, sino de mostrar cuáles son los esfuerzos por sanar la herida.

Curiosamente, muchos de los argumentos parten desde muy variadas tradiciones escolares y son coincidentes en aquellos puntos de enfoque necesarios para el crecimiento de los niños y las niñas. Todos hablan de la importancia de permitir que los niños aprendan a tomar decisiones.

A diferencia del modo ya conocido de dar clases –en el que el maestro parece enfrentarse a sus alumnos con una regla, un gis y un borrador como bastón de mando–, los entrevistados apuntan felices cómo el maestro en sus escuelas es solo un guía que permite que los alumnos decidan hacia dónde ir, día tras día, clase tras clase.

Entre los principales aportes del pensador brasileño Paulo Freire está la idea de romper con una educación bancaria que supone que el profesor deposita en sus alumnos información que para todos es la misma, en contenido y utilidad.

Asimismo, ese modelo de profesor omniscio, incapaz de recibir retroalimentación por parte de los alumnos, es una falacia que todos hemos pasado por alto alguna vez.

De ahí que educadores alternativos hayan cambiado el modo en que se desarrolla la clase y al mismo tiempo han establecido la necesidad de que los profesores estén dispuestos a cambiar, ya que son estos quienes padecieron –y padecen– la educación del Estado.

Palabras como “creación”, “imaginación” y “autonomía” suenan varias veces en bocas de los distintos educadores, lo que invariablemente nos remite a la filosofía del pensador greco-francés Cornelius Castoriadis.

Ya que el interés por la creación humana, por alentar la imaginación de los niños y las niñas en formación es algo indispensable en la teoría de Castoriadis, por lo que resulta fascinante que el líquido magmático que se introduce en todas las ranuras de argumentos sea el mismo: se educa hacia la autonomía. La educación propuesta por los protagonistas de este documental no es un intento por crear ciudadanos apegados ciegamente a un sentido de legalidad o a ciertas ideas instituidas de una vez por todas, sino la formación de personas que sepan hacer del mundo su patio de recreo.

No se trata de instruir a los educandos para que se apeguen fielmente a las ideas “vigentes”, sino de alimentar a estos seres humanos para que devengan personas íntegras y capaces de criticar la mirada de su propia sociedad y transformarla.

Todos los relatos fueron ordenados a partir de una historia que sirve de hilo conductor y al mismo tiempo ejemplifica los puntos centrales que se abordan en la película. La historia habla de un par de estudiantes hartos de la hipocresía institucional que redactan un texto para una clase con la intención de expresarse respecto a la educación que les ha sido dada.

Estos jóvenes señalan las fallas propias de su escuela sin maquillar argumentos y la escuela responde oponiéndose al texto, considerándolo un ataque frontal a todas las bondades que la institución ha brindado.

Con la aparición de distintos personajes –los estudiantes rebeldes, la directora impositora, el profesor mediador, los padres represores– se crea un espacio que revela los puntos clave del problema educativo que soluciona la educación alternativa; cuestiones como la importancia de la familia, la decisión estudiantil, el aprendizaje de contenidos, entre otras.

La educación prohibida hace hincapié sobre su posición respecto a la institución educativa promovida por el Estado. Casi todos los educadores entrevistados coinciden en que no son la oposición de las otras escuelas, evitando así el malentendido que pudiera surgir de los espectadores de pensar que la educación alternativa es un frente de batalla.

Las diversas pedagogías en las que se apoyan buscan resolver deficiencias evidentes y escondidas propias del esquema general de educación tradicional. Atender estas faltas, corregirlas y superarlas supone el surgimiento de una educación más sana y abierta, tendente a una mejor formación de seres humanos en sociedad.

Por ello, no sería buena idea entender lo que hacen estas nuevas escuelas como un bastión de guerra sino como el surgimiento de un paradigma educativo que comprenda las exigencias del tiempo y el espacio, aquí y ahora.

Cambiar la educación es cambiar las escuelas y además (sobre todo) cambiar el funcionamiento familiar. La relación que tienen los niños con sus padres es determinante en el modo en que se desenvuelven en la escuela y otros espacios de la vida diaria.

En este documental se establece la necesidad de atención que han de tener los padres hacia sus hijos, y apuntalan la ridiculez que es pensar que los hijos son una carga, una tarea que se puede relegar para que otras personas la cumplan. El núcleo más intenso de relaciones que tienen los niños es con sus padres.

Los protagonistas del documental sugieren –explícita e implícitamente– que los padres deben reflexionar para qué quieren que sus hijos aprendan. La respuesta que da Jordi Mateu, uno de los educadores, es la siguiente: “la idea más revolucionaria que existe es intentar que las personas sean felices...”.

Llamados al juego, al cariño, a la atención, pero sobre todo, a la búsqueda de la felicidad de los hijos, delinean la base original y principal de la educación: la familia. De ahí el sentido que tienen todas y cada una de las pedagogías presentes en La educación prohibida.

La invitación a que los lectores de este texto vean el documental en cuestión ya debió quedar clara. Es un proyecto que muestra cómo la educación no es solamente reflejo del Estado social sino una herramienta perfecta para la dilucidación del presente en vistas de un futuro mejor.

Educar no es enseñar sino acompañar para dejar ser, ayudar al crecimiento de las personas en aras de su autonomía. Esta educación que yo denomino alternativa tiene tantos otros adjetivos y su caparazón es tantas veces diferente; sin embargo todas estas escuelas comulgan en su intención por permitir al hombre ser un proyecto inacabable y en búsqueda. Es lo que los mismos creadores de la película llaman “educación viva” y merece varios grandes aplausos.

 


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