Dorian Gray y la rebelión de los dandis

El retrato de Dorian Gray se basa en los movimientos esteticistas y decadentistas que consideran el arte desvinculado de la moralidad, de la realidad: el arte es arte por sí mismo

Por: Jorge Carrillo Flores

Ese tipo de cosas ponen de moda a un hombre en París.

¡Pero en Londres la gente tiene tantos prejuicios!

Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, capítulo VIII

Hablar por separado de la vida y obra de Oscar Wilde es imposible, puesto que ambas se entrelazan como parte de un mismo fin: levantar la voz y hacer extensiva la crítica a la forma de gobierno, a la sociedad burguesa y al caduco concepto de moral de su época.

La novela del Retrato de Dorian Gray, publicada en Inglaterra en 1890, levantó ámpula en las élites más conservadoras de la sociedad inglesa finisecular y entre algunos periodistas como Charles Whibley del Scots Observer, quien la calificó como arte falso y señaló que Dorian Gray representaba abiertamente a un demonio que atentaba contra la naturaleza humana y las buenas costumbres. Wilde dio respuesta a la crítica mediante una carta dirigida al editor del periódico, en la que resaltaba el valor estético de la obra de arte y su función como espejo del espectador, según Wilde “la obra de arte es para cada hombre lo que él mismo es”, puesto que refleja al lector y no a la vida.

El retrato de Dorian Gray se basa en los movimientos esteticistas y decadentistas que consideran el arte desvinculado de la moralidad, de la realidad: el arte es arte por sí mismo. Deja así al lector las interpretaciones e identificaciones que de su novela pueda tener. Para un sector de la sociedad representó una fuerte agresión puesto que evidenciaba el lado oscuro y sórdido que se había empeñado en esconder.

Esta obra de Wilde presentaba una masculinidad diferente a lo entonces tradicionalmente entendido: la homosexualidad, que si bien hoy forma parte del conjunto de masculinidades, en el siglo XIX era considerada como una transgresión y se evitaba hablar del tema. Debido al rigor con que se definían los roles femenino y masculino en la sociedad inglesa victoriana (las relaciones sexuales solo eran socialmente permitidas para la procreación), romper esta “ley natural” significaría la catástrofe de la civilización.

Por ello la llegada de la corriente decadentista a Inglaterra representó una transgresión a la norma moral y social, debido a que incitaba al ser humano al goce consciente de los placeres carnales, sin importar si se trataba de relaciones heterosexuales u homosexuales. Especialmente esta última práctica fue considerada por los victorianos como una perversión, concepto que Roudinesco define de la siguiente manera:

La fascinación que ejerce sobre nosotros la perversión tiene que ver precisamente con el hecho de que es tanto sublime como abyecta. Sublime cuando se manifiesta en rebeldes de carácter prometeico, que se niegan a someterse a la ley de los hombres, a costa de su propia exclusión; y abyecta cuando deviene, como el ejercicio de las dictaduras más feroces, la expresión soberana de una fría destrucción de todo vínculo genealógico. Ya sea goce del mal o pasión del soberano bien, la perversión es intrínseca a la especie humana (2009: 13-14).

Así, en la Inglaterra del siglo XIX, “perversos” fueron aquellos que desafiaron los convencionalismos sociales y morales, constituyendo así la novela de Wilde un suceso revolucionario en los aspectos sexual, psíquico, moral e histórico, cuyo motivo fue terminar con el miedo y la represión a la que estaba sometido el individuo por parte de las leyes civiles y religiosas.

Wilde plantea la concepción de un hombre feminizado (en el sentido de la concepción de género de la época), capaz de admitir y expresar sus sentimientos, emociones y placeres sin temor, pudiendo desembocar, o no, ese contacto con lo femenino, en la apertura de sus horizontes respecto al goce sexual.

Esa búsqueda de placer está presente desde la antigua Grecia, donde las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo estaban consideradas como normales y naturales. Platón dedica un apartado de El Banquete para explicar en voz de Aristófanes el mito de la separación del ser humano en dos y la continua búsqueda de nuestra otra mitad, sea esta hombre o mujer.

La represión sexual a la que estaba sometida la sociedad inglesa de entonces fue uno de los temas que caracterizó el reinado de Victoria. El victorianismo condenó y reprimió todo tipo de práctica sexual que resultara una transgresión para la sociedad, solo se permitían las relaciones entre parejas heterosexuales y bajo el régimen del matrimonio.

La sociedad victoriana se sintió agredida por el comportamiento de los personajes de la novela wildeana, puesto que rompió con el estereotipo del hombre heterosexual dedicado exclusivamente a trabajar y a ser el proveedor de los recursos para el bienestar de su familia y la fi gura femenina ligada únicamente a las labores domésticas y al cuidado de los hijos.

El homosexual es la representación máxima del extenso mundo de los “perversos” y se muestra en la novela en diversas sectores de la sociedad: Dorian Gray con su belleza griega y Lord Henry, ambos pertenecientes a la burguesía; luego, el pintor Basil Hallward que, como Oscar Wilde, forma parte de la élite de artistas.

A manera de acercamiento a lo homosexual en el texto, la confesión de Basil Hallward a Dorian Gray expresa:

—...desde el primer momento en que te conocí, tu personalidad ha tenido la más extraordinaria de las influencias sobre mí. Quedé dominado, alma, cabeza y fuerza por ti. Te convertiste para mí en la encarnación visible cuyo recuerdo nos obsesiona como un sueño exquisito a los artistas. Te idolatraba. Sentía celos de toda persona con quien hablabas. Quería tenerte todo para mí. Solo era feliz cuando estaba contigo. Cuando estabas lejos de mí seguías presente en mi arte... Desde luego jamás dejé que supieras nada de esto. Habría sido imposible. No lo habrías comprendido. Apenas lo comprendía yo. (Wilde, 2005: 217-218).

Otra muestra es la actualización que hace Wilde del mito de Narciso en la figura de Dorian Gray, quien realiza las mismas acciones que el personaje ovidiano al tener como único objeto de goce y enamoramiento la contemplación de sí mismo y despreciar a quienes le demuestran amor sincero.

Lord Henry es el único personaje casado, aunque su matrimonio, como el de muchos burgueses victorianos, se basa en las apariencias. La careta de respetabilidad es un rasgo característico de su sociedad, puesto que a pesar de que Lord Henry tiene esposa, dedica la mayor parte del tiempo a estar al lado de Dorian Gray en una lucha constante con Basil por poseer la atención absoluta del joven.

Como señala el crítico alemán Hans Mayer, la novela de Wilde busca una zona intermedia en la que no es necesario ni ponerse una máscara de respetabilidad ni cultivar el escándalo.

De acuerdo con Mayer, en la novela del irlandés se presenta el lado más oscuro de la sociedad victoriana que los sectores puritanos se esforzaban en ocultar celosamente y que tanto les entusiasmaba en secreto, Wilde describe en su obra todas aquellas acciones que en apariencia se mantenían prohibidas pero que todos sabían dónde y cómo se realizaban.

Respecto a los roles masculinos, el mismo Oscar Wilde rompió el canon establecido de la sociedad inglesa al trajes colores llamativos, en cuya solapa portaba flores lirio; además marcados movimientos gesticulares, que convirtieron un personaje sui generis que contrastaba con el arquetipo de hombre masculino finisecular. El intelectual italiano Paolo Zanotti distingue dos masculinidades de finales del siglo XIX, el gentleman y el dandi:

Es más fácil definir a un gentleman basándose en lo que no es y no hace: un gentleman no se muestra reacio a trabajar, no antepone la belleza y lo placentero a lo útil (al contrario del dandi y, en general, del aristócrata), no hace incursiones en las periferias de la heterosexualidad normativa, cree ciegamente en el amor romántico (al contrario de Baudelaire, a quien... le gustaba despreciarlo) (Zanotti, 2010: 47).

El primero es el hombre heterosexual de comportamiento respetable, que trabaja y tiene una familia; el dandi es el artista, el sujeto que se mantiene al margen de la ley y se dedica al disfrute y desarrollo del arte, actividad que la sociedad considera improductiva. Frecuentemente se asoció al dandi con conductas sexuales “perversas”, sobre todo vinculadas con la homosexualidad.

Romper con el concepto de masculinidad significaba la condena social. El parámetro de virilidad coincidía en gran medida con el de la antigua Grecia, sin embargo en la Inglaterra del siglo XIX “el cuerpo normativo servía fundamentalmente para marginar a los ‘otros’ (los homosexuales, los judíos, etcétera) y para erigirse un símbolo del cuerpo sano de nación” (idem).

Debido a que todo lo referente a la sexualidad formaba parte del Estado, que la vida privada se regía por lo público, se negó la individualidad del ser humano, sometiéndolo a vivir bajo la norma moral de lo socialmente aceptado.

Había una clara diferenciación entre el cuerpo del hombre, la mujer y el homosexual, siendo considerados estos dos últimos carentes de valor: "La diferencia sustancial entre el cuerpo del gentlemen y el cuerpo normativo de los dandis, bohemios y degenerados no radica tanto en el cuerpo en sí como en la forma en la que éste se vive: los gentlemen tienen un cuerpo, los “otros”, exactamente igual que las mujeres, son un cuerpo" (ibid.: 47-48).

Al ser considerada la homosexualidad una perversión y al homosexual únicamente como un cuerpo sexuado, los ingleses vieron en El retrato de Dorian Gray una prueba irrefutable de la perversión y los vicios que se negaron durante muchos años, pero que existían y que ahora Oscar Wilde recreaba; él mismo señaló: "Era necesario, señor, para el desarrollo dramático de esta narración rodear a Dorian Gray de una atmósfera de corrupción moral.

De otro modo la historia no habría tenido ningún sentido, y el argumento ningún desenlace... Cada cual verá su propio pecado en Dorian Gray. Qué sean los pecados de Dorian Gray, nadie lo sabe. El que los encuentra los traía" (WILDE, 1992: 121).

En ese sentido, el concepto de masculinidad propuesto por Wilde es más libre que el propuesto por la moral victoriana, es una masculinidad en la que se puede expresar lo que siente, lo que se piensa y lo que gusta, independientemente de la orientación o preferencia sexual.

Este hombre es también más libre para el disfrute del arte, concebido como una experiencia estética mediante la cual el individuo puede enriquecerse.

En este sentido, deja de lado los formalismos sociales y piensa más en el ser humano, es decir, en la recuperación de su individualidad, su vida privada nada tiene que ver con las leyes y posee libre albedrío para decidir qué hacer con su vida y de qué manera llevarlo.

Despues de más de 120 años de la publicación de El Retrato de Dorian Gray, es innegable el eco que tuvo tanto en escritores posteriores como en la moral social consecuente.

En la actualidad, y en gran medida gracias a los estudios de género, podemos entender las formas en las que los géneros se construyen y las variantes que pueden tener sin por ello dejar de considerar a un individuo como un hombre o una mujer (heterosexual, homosexual o bisexual), como se pensaba en el siglo XIX y parte del XX. La clasifi

cación de “normalidad” es ahora más inclusiva y no comprende solo a hombres y mujeres heterosexuales (relegando a un nivel inferior, casi deshumanizado, a cualquier otra tendencia), ello gracias a efervescencias incendiarias como la rebelión de los dandis.

Bibliografía

WILDE, Oscar (2005). El retrato de Dorian Gray, (Montserrat Alfau, Trad.) México: Porrúa. ___(1992) Correspondencia, (María Luisa Balseiro, Trad.) Madrid: Siruela.

MAYER, Hans (1999). Historia maldita de la literatura. La mujer, el homosexual y el judío, España: Taurus.

ROUDINESCO, Elisabeth (2009). Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos, Barcelona: Anagrama.

ZANOTTI, Paolo (2010). Gay. La identidad homosexual de Platón a Marlene Dietrich, (Nuria Martínez, Trad.) México: Fondo de Cultura Económica.

 


Publicado por: