Benito Zamora. Pintor/Escultor

Benito Zamora. O la realidad de la imaginación.

…En su obra, Benito Zamora inventa una forma de expresión que corresponde a su idea del mundo, idea que no tiene casi nada que ver con el lugar común, con el realismo, el cual, como la experiencia lo ha demostrado, no pasa de ser –malgré Georg Lukács– una forma, y bastante limitada por cierto, de ver el mundo. Y no es que Zamora se oponga –se desinterese– a la realidad; lo que ocurre es que la realidad de lo obvio (la literalidad del mundo físico) le tiene sin cuidado. Lo que verdaderamente le preocupa es la realidad de la imaginación y a ella compromete su trabajo y sus energías. 


Cada cuadro suyo nos ofrece una experiencia óptica múltiple. Pero en ello no existe la intención de sorprender a nadie –Zamora es enemigo de lo efectista, su coherencia con eso que hemos llamado realidad de la imaginación lo lleva a tal enemistad–, el autor sólo nos demuestra (nos recuerda) que, como en la vida, las cosas no son lo que parecen a primera vista. Para él, como para el arte y el pensamiento modernos, la apariencia del objeto no es su realidad.  


El mundo que crea Benito Zamora no es, ciertamente, un facsímil del nuestro pero, por encima de las apariencias, sus personajes no son más extraños para nosotros que las personas que nos rodean, a las cuales, con frecuencia, ilusoriamente, creemos entender. Tales personajes viven también una suerte de vida pasional, que, casi siempre es representada (simbolizada) por la furia de peces, serpientes y demás seres que los rodean, penetran e integran. Los personajes humanos de Benito Zamora no serían tal cosa sin la presencia de esos seres que, a un mismo tiempo, los carcomen y los completan, no podrían vivir sin ellos –simbolización de las pasiones y de la vida emotiva–, del mismo modo que nosotros. 


Los rostros de estos personajes parecen inalterables. Pero más que rostros se trata de máscaras. Excepción hecha de los ojos, esos semblantes hieráticos no expresan dolor, alegría, ira, melancolía, malicia ni ningún otro sentimiento común. Nada les extraña, nada les conmueve: existen simplemente, con una inocente y callada aceptación de las cosas. Pero lo que está en el rostro, se halla contenido en lo ojos: el mundo de la noche y el alucine, donde todo puede suceder… 

JUAN JOSÉ DOÑÁN  

Fragmento tomado del suplemento de El Occidental, “ La Cultura en Occidente”, 11 de agosto de 1985

 


Ángel de mar
Ángel de mar

Ángel de mar
Ángel de mar

Tótem
Tótem

máscaras
máscaras

La primavera
La primavera

El otoño
El otoño

Espejismo
Espejismo

El invierno
El invierno

Detrás del matorral
Detrás del matorral

La rama
La rama