Gilberto Aceves Navarro. Apuntes para una semblanza

Gilberto Aceves Navarro cumple a rajatabla el verso del poeta luminoso que fuera su tocayo Owen: “si he de vivir, que sea sin timón y en delirio”. Ochenta años de intensa y vigorosa trayectoria lo avalan. Nunca se propuso una ruta, tampoco eligió la tranquilidad del status quo; jamás ha claudicado, insiste en fatigar los senderos escuchando sus voces interiores. Es un clásico en vida, un auténtico tesoro viviente.

Allí están los premios y reconocimientos para rendir cuentas de su talento infinito: el Nacional de Ciencias y Artes (2003) y la Medalla de Bellas Artes (2011), por mencionar algunos; y, lo que es más decisivo, el torrente de exposiciones, cientos literalmente, que se han montado desde los más modestos escenarios (un espacio comunitario en Azcapotzalco, por caso) hasta los más deslumbrantes y pomposos recintos (el Palacio de Bellas Artes o el Museo de Arte Moderno), y todo esto guiado solo por el placer de convidar sus imaginarios a propios y extraños en México y el mundo.

Para colmo y admiración se ha dado el tiempo de ser crítico y contestatario, participando convencido en las más inimaginables causas y luchas. Durante más de seis décadas se ha entregado a integrar su propio y personal elenco de imágenes: su inconfundible abecedario visual; y las composiciones que de allí se derivan recurren a una gestualidad imponente, a un tratamiento único de la paleta: alta y baja, sin distingos. En paralelo nadie se ha entregado como él a la formación artística; sin exagerar podría afirmarse que la inmensa mayoría de quienes hoy son alguien en el firmamento de la plástica pasó por su taller.

Creador que desconoce los límites empeñado en transgredirlos, dedicado a combatir el solaz y eliminar la molicie que le es consustancial para entregarse a fabricar belleza y estruendo, predicar el mundo desde el fondo del vacío y, de a poco o a dentelladas feroces, colmarlo. Nada importan los medios, tampoco las técnicas.

Se desplaza cómodo del dibujo a la pintura, de la estampa en cualquiera de sus variantes, incluida la digital, a la escultura y el arte objeto o la escenografía; de lo nimio que linda con la joyería a los formatos públicos descomunales, lo mismo en Los Ángeles y Atlanta que en Torreón, Guadalajara, Monterrey o la ciudad de México, por citar algunas locaciones.

Lo mismo sucede con los tópicos y las anécdotas que lo animan a habitar los soportes: igual la glosa a los clásicos (Durero, Tiziano, Rubens, los impresionistas, el expresionismo alemán) que la reivindicación de la vida cotidiana y lo grotesco (las gordas en la playami novia la trenzudami Juárez de todos los díaslos luchadoresahora que estoy viejo te escribo cartas mamá, la calle de Génova) o los grandes acontecimientos históricos (Felipe II y la Armada Invencible y las lloronasla Conquista con todo y caballos de Moctezuma y los caciques gordos de Zempoalael fusilamiento del Cerro de las Campanas con todo y MaximilianoMiramón y Mejía en homenaje a Manet).

Hueso duro de roer que sigue eludiendo con eficacia transformarse en ídolo entronizado o en voz que clama inútil en el desierto; nada de eso, se le escucha y respeta, pero sobre todo se mira y disecta su quehacer artístico, pues en esa geografía se condensa una suma de lecciones técnicas, estilísticas, compositivas, de ritmo e intensidad, de sorpresa y homenaje a quienes lo antecedieron.

Combate la mediocridad y reconoce la pertinencia de todos los géneros y todos los lenguajes, no se aferraa su modo de intervenir y forjar la materia; por ellofunge como gozne entre la tradición monolítica de laEscuela Mexicana de Pintura y los ismos y las vanguardias,incluyendo las diversidades de su generación depertenencia.

Y mientras hacía y ha hecho todo esto,logró erigirse en su propia referencia, estableciendolos límites de su universo icónico. A nadie le debe ysin embargo allí se levanta una obra abierta y dilatadapara mostrarnos su gratitud con quienes le han aportadoalgo, rindiendo generoso tributo a sus maestros.Llegó para quedarse, como en el hit parade. Corrobora aCharles Bukowski: “el ingenio está a oscuras/ barriendola oscuridad como una escoba”.

LUIS IGNACIO SÁINZ


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