El still cinematográfico en el estudio de la comunicación política

El still o foto fija –también conocido como foto de producción– constituye una forma de promoción esencial a toda producción cinematográfica, especialmente si es de carácter comercial. El still es concebido, realizado y empleado para que la prensa especializada contribuya a que el espectador potencial se interese por la historia y acuda a la sala. Su función persuasiva lo instala en el territorio de la publicidad.

En algún momento del ciclo de vida de una película, el still pasa a formar parte de los archivos documentales y es objeto de interés de historiadores, críticos y analistas del cine. No obstante, el uso más generalizado del still en el ámbito académico se reduce a la ilustración.

Ello porque solo se le reconoce como documento que atestigua la realización, exhibición y recepción del filme. Sin embargo, el espectador suele establecer una relación más viva y personal atesorando las imágenes e integrando personajes, tramas y lugares al imaginario personal. La cultura popular está poblada densamente por estas imágenes, no solo como extensión de la memoria, sino también como afirmación de la identidad.

Aristóteles decía que el ser humano es un “animal político”, pero si se preguntara a los productores de películas –especialmente a los que hicieron posible la “época de oro”– si consideran que sus productos tuvieron una intención política hacia el espectador, es seguro que la mayoría lo negaría, ¡incluso más de uno se sentiría ofendido! En su descargo, argumentarían que solo habrían tenido la intención de entretener, y tal vez educar, mediante el cine.

Ello porque en sus producciones no se podría percibir en primera lectura un discurso político manifiesto. Por otra parte, siempre ha habido un grupo reducido de directores que intencionalmente, y desde la ficción, han denunciado el abuso del poder, la discriminación, el despojo, sentido, los personajes en Nosotros los pobres parecen ratificar tal punto de vista: Pedro Infante, Blanca Estela Pavón y Chachita sufren la injusticia, el abuso, el despojo, la extorsión, la discriminación... ¡y encuentran la felicidad en el microuniverso del barrio! Pepe El Toro (Pedro Infante) es un personaje que soporta la adversidad estoicamente pues cuando pierde el control empeora las cosas.

No obstante, su simpatía, solidaridad y buen corazón cautivan tanto al público como a la mayoría de los habitantes de la vecindad y otros del barrio, quienes le sirven de soporte, pues con él la pobreza es más llevadera. Resulta tentador especular sobre qué habría sido de la película sin tales actores-personajes.

Aunque la ficción pueda basarse en hechos reales, las más de las veces crea tanto la historia como los personajes, “los inventa”. No obstante, difícilmente podemos pensar en inventar algo que no emane de la experiencia, directa o no. Así, se reconoce que el cine, más que crear-inventar, recrea la realidad.

Es esta una “realidad” no desprovista de credibilidad: ahí encontramos las contradicciones sociales, las formas del poder, los roles del hombre y la mujer, los anhelos de los trabajadores, la ambición, la delincuencia, la familia, la escuela, etcétera, en suma, la esencia de la práctica política. Así, el cine deviene espacio público de representación de la sociedad en la que existe.

El cine es una forma de mediación política que nos revela las estrategias y rituales del poder. Por tanto, las películas y los productos de la cultura de masas (también entre ellos, la fotografía) contribuyen decisivamente a la formación de un imaginario político mediante el que los individuos dotan de sentido al mundo que está más allá de su experiencia inmediata y por ende, interpretan el proceso político y a sus actores.

Es más, la identidad política colectiva viene dada también por las representaciones mediadas de la historia que se ofrecen como referencia común a la memoria colectiva. En este tipo de representaciones el cine también funciona como un puente mediador del imaginario colectivo a la hora de construir la identidad de una comunidad.

La selección de fotografías presentada en esta edición de Folios es, por necesidad, limitada en términos del espacio disponible, pero no por ello simple en su contenido. Parte de la interpretación de la producción fílmica como forma de comunicación política en el espacio público de su consumo original, algo que ni productores ni público tomaron en cuenta en su momento, incluso en películas calificadas como “anodinas”.

Se intentó extraer ejemplos de diversos géneros de la ficción para mostrar las categorías políticas en las que se puede ubicar las historias para su (re)lectura: hegemonía, ideología, reproducción del poder, imaginario, realidad social, migración, identidad, pertenencia, discriminación, historia, colonialismo y resistencia... Su inclusión no pretende continuar la tradición de la ilustración, no están ahí solo para tener una imagen de la película.

Cada una de ellas tiene una función de índice, es decir (siguiendo a la RAE), “dar indicios de algo por donde pueda venirse en conocimiento de ello”. En este caso, las imágenes tampoco ilustran el asunto comunicado, lo muestran tal como se presenta en la obra original. Al hacerlo, el lector debe esforzarse por desentrañar la situación de comunicación en la que dicha imagen se inscribe para intervenir en la subjetividad del espectador –del de antes y el de ahora.

A lo anterior, agreguemos la figura de la “estrella” como legitimación de la institución encarnada por él (ella). Como apuntó Jorge Ayala Blanco, en La aventura del cine mexicano, “a diferencia del cine social estadounidense, el cine mexicano de la época de oro sobre el tema de la ciudad, no delataba la injusticia, la opresión y el abuso del poder. Similarmente, en una disyuntiva que asimila la tradición y la pobreza con lo bueno, así como lo nuevo y próspero con lo malo, el conformismo social era una consecuencia obligada: los pobres estaban ‘contentísimos’ de serlo.

Cualquier cambio, mudanza o evolución –predicó una y otra vez el cine nacional– implicaba una pérdida moral”. En este sentido, los personajes en Nosotros los pobres parecen ratificar tal punto de vista: Pedro Infante, Blanca Estela Pavón y Chachita sufren la injusticia, el abuso, el despojo, la extorsión, la discriminación... ¡y encuentran la felicidad en el microuniverso del barrio! Pepe El Toro (Pedro Infante) es un personaje que soporta la adversidad estoicamente pues cuando pierde el control empeora las cosas.

No obstante, su simpatía, solidaridad y buen corazón cautivan tanto al público como a la mayoría de los habitantes de la vecindad y otros del barrio, quienes le sirven de soporte, pues con él la pobreza es más llevadera. Resulta tentador especular sobre qué habría sido de la película sin tales actores-personajes.

En resumen, la fotografía fija o still, empleada como fuente de adquisición de información ayuda a entender la cultura de masas no como un ámbito de ineludible alienación sino como un espacio discursivo dinámico; espacio en el que cabe, en cierto grado, la confrontación simbólica.

Desde este punto de vista, el cine sería una de las más poderosas “tecnologías del ser” (el self) –según el sentido que Foucault atribuye a este concepto– a través de las cuales el orden social establece los tipos de subjetividades necesarias para su perpetuación. El espectador, lejos de una actitud pasiva ante el espectáculo, participa activamente en la construcción de tal subjetividad, deviene espectador empírico; alguien activo inserto en procesos de comprensión dados por su situación social (clase, raza, género, etcétera).

Por tanto, el significado de los discursos no se concibe como algo inmanente al texto, sino como un proceso negociado de atribución de sentido a partir de unos códigos dados no solo por la psicología individual sino por la situación de clase, raza o género (o cualquier adscripción basada en relaciones desiguales de poder que configuren nuestra subjetividad).

IGNACIO MIRELES RANGEL


Acá las tortas
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Ánimas Trujano
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El derecho de nacer
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El hambre nuestra de cada día
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El vampiro
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Los Fernández de Peralvillo
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Los tres huastecos
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Nosotras las sirvientas
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Río Escondido
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