Palabristas

Godofredo Olivares

Antes de los contratos y demás papeleos, la palabra en voz viva de una persona valía por sí sola, e incluso el honor o su vida iban de por medio, en consecuencia todos confiaban en ella. Pero llegó un apotegma latino del derecho que sentenció: «La palabra vuela, la letra queda». Fue entonces que las palabras escritas adquirieron mayor valor. 

Se dice que el mundo mismo fue creado a partir de las palabras, primero fue la palabra luz para que existiera la luz y así, uno a uno, todos los seres y objetos se originaron a partir de su primigenia palabra. Por esta connotación prodigiosa de creación, a un rabino de Praga le bastó colocar una palabra cabalística sobre la frente de una figura creada con barro, el Golem, para darle vida. Y hay quien navajea el tronco de un árbol o pinta sobre un muro el nombre de la persona amada, con esperanza de alcanzar y comprometer con tales palabras su anhelado amor. Pero son los poetas, los mayores artífices de la palabra; ellos enriquecen y cambian el valor lingüísico de las palabras funcionales, aquellas que usamos para comunicarnos, a palabras poéticas; y así las palabras alcanzan nuevos significados y diferentes locuciones. En poesía, la palabra no es tan solo un medio expresivo, sino que es la creación misma del poema. Las palabras poéticas fundan en la mente de quien las lea o escuche: imágenes, simbologías, asociaciones y metáforas diversas. 

Los poetas Octavio Paz y Pablo Neruda, geniales palabristas, coincidieron en la plenitud y el amor por la palabra. Cada uno, llegó a poetizar en torno a ellas. En su largo poema, La palabra, Pablo Neruda se envolvió con las palabras: «…las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida…». Y Octavio Paz en su poema Las palabras, escribió: «Dales la vuelta, / cógelas del rabo (chillen, putas), / azótalas, / dales azúcar en la boca a las rejegas, /ínflalas, globos, pínchalas, / sórbeles sangre y tuétanos, / sécalas, / cápalas, /písalas, gallo galante, / tuérceles el gaznate, cocinero, / desplúmalas, / destrípalas, toro, / buey, arrástralas, / hazlas, poeta, / haz que se traguen todas sus palabras». 

Tanto Pablo Neruda como Octavio Paz, mantuvieron clara conciencia del sentimiento profundo y la virtud combativa que pueden tener las palabras poéticas.

Godofredo Olivares es odontólogo y escritor. Es autor de los cuentarios Puertas adentro (2001) y Recuerdos creados (1995) y de los libros de ensayo breve Objetos ¿conocidos? (2007) y Brújulario (2005).

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