GUSTAVO ÍÑIGUEZ

Poeta

No es natural, aunque parezca obvio, que al entrar en un libro nos reciban las puertas cerradas y rotas como una premonición del misterio. El primer apartado del libro de Nadia Escalante Andrade está conformado por poemas breves y concentrados que nos permiten, como ella lo menciona, «averiguar qué hay del otro lado de una puerta cerrada». No son llaves, sino utensilios sintéticos, reveladores que se desplazan con mucha inteligencia y habilidad. Este es el espacio más entrañable del poemario, una puerta de cerraduras que cambian.

Cada apartado del libro es un emprendimiento: una capa distinta de la otra, un tema separado del anterior, una actitud hacia un objetivo distante. Ninguno de los emprendimientos vuelve sobre sus pasos y en cada uno aparece la búsqueda, su registro y la exposición del hallazgo. Los espacios se vuelven amplios, lo que al principio fue síntesis se desdobla en motivos anecdóticos y narrativos.

Este trabajo de Nadia no es un libro unitario y en ese despliegue nos lleva por textos tan asombrosos como Una lección de locura que es más «una vuelta irónica» sobre el matrimonio hasta hermosas reflexiones sobre la verdad como en Ladrón malo, ladrón bueno: «Robé una y otra vez y jamás me descubrieron: /pasitas, chocolates y tampones, baterías AA,/ desodorantes; un anillo de plata / —se le desprendió el granate…».

NADIA ESCALANTE ANDRADE. Sopa de tortuga falsa (y otras historias), Montea, 2019

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